jueves, 28 de octubre de 2010

INTEGRACIÓN Y MAR PARA BOLIVIA


Por Pedro Armendariz

Las fronteras son cicatrices que torturan el cuerpo de nuestro mundo austral, que en el caminó perdió y aún no encuentra nombre inequívoco. ¿Cómo llamarlo? Ninguno de ellos es auténtico y satisfactorio. En una de sus últimas entrevistas, José Saramago decía que él prefería para nuestro continente –desde México a la Patagonia- el nombre de Suramérica, antes que Latinoamérica, y, por supuesto, que Hispanoamérica, aún más cargado de resabios imperiales.
La madre patria no parió nuestras repúblicas. Cada una de ellas la invoca, pero no son sus hijas. Nos legó la madre fiera, a través de su ibérica y prepotente violencia imperial, la posibilidad real de tener el sueño de la unión continental.
Suramérica, construida no con el afán imperial de un poder dominante que ordena a los otros en una totalidad. Ahora espera lograr su unidad, ayer imperial, mediante la democracia y el entendimiento fraterno.
El problema que arrastra la historia con nuestros vecinos del norte, Perú y Bolivia, encuentra trabas en su solución no sólo a nivel institucional y en el fuero interno de los dirigentes políticos de los tres países. El principal obstáculo o freno está en los habitantes de cada uno de los países, que, en porcentaje escandaloso, adhieren a la estrechez y el egoísmo del lado feo y destructor de la idea de nación.
Proponer un plebiscito para determinar el camino a seguir es una idea loable. También puede ser una trampa para darle un portazo inédito a la solución necesaria.
(Plebiscitos debieran haber también en Chile sobre abundantes temas nacionales, regionales y locales).
En el norte la primera necesidad es la paz, que no es solo la ausencia de enfrentamiento bélico. No se la menciona como bien valioso. No se ama la paz, se ama y venera la guerra. Porque ya es estar en guerra levantar y armar un ejército, incluso con la justificación de la defensa preventiva.
No hay un camino de futuro fértil que no pase por la integración entre nuestros países, que borre las cicatrices fronterizas. Cicatrices que, a diferencia de las de un cuerpo afectado, pueden desaparecer, al estar alojadas en la mente y sus sentimientos, posibles de cambiar gracias a la compresión de lo que está en juego.
Para poder eliminar la tontera del nacionalismo y las fronteras hay que tomarle el peso a su estupidez.
En Iquique, donde he vivido por años, entristece ver a padres y maestros de escuela llevar a sus hijos a desfilar cada domingo en conjunto con fuerzas armadas en la plaza principal de la ciudad. Es un espectáculo que se multiplica en pueblos y ciudades de nuestros países.
Mientras tanto cunde la pobreza a un lado y otro de las fronteras-cicatrices, y se gastan miles de millones en armas de todo tipo, cada vez más letales en su maldita perfección.
No es popular la idea de la integración entre Perú, Bolivia y Chile en el norte, abriendo también las puertas al norte argentino, a Paraguay, Brasil. Los políticos locales de Iquique y Arica, saben del nacionalismo constreñido alojado en una muy probable mayoría de ciudadanos que tributan con el voto cuando es día de elecciones. Con la excepción en Iquique y en el norte grande en su conjunto –todo hay que decirlo-, del denostado y peculiar ex alcalde la ciudad, Jorge Soria, que ha planteado la necesidad de facilitar a Bolivia un territorio costero soberano.
A la hora de buscar soluciones prácticas al problema histórico, es esclarecedor el libro publicado hace unos seis años por el profesor Oscar Pinochet de la Barra, “Chile y Bolivia:¿Hasta cuándo?”, de editorial Lom.
En él, el autor, que lleva toda su vida reflexionando sobre el conflicto, señala que la solución más posible es la del establecimiento de un enclave costero boliviano al norte de Arica. No un corredor, que eliminaría la frontera de Chile con Perú.
Junto al enclave, y como condición para el futuro próspero de este, y de la operación de integración en su conjunto, Pinochet de la Barra señala la necesidad de establecer en torno a él de una gran área de integración de los tres países.
Mientras -esperamos que así sea- avanzan las negociaciones institucionales con Bolivia, y con Perú cuando corresponda, echamos de menos las manifestaciones a favor de la integración y la paz desde la sociedad civil, personas y organizaciones, principalmente del norte. Su papel es muy importante para hacer darse cuenta a chilenas y chilenos habitantes de estas tierras, que con la integración regional se gana y no se pierde, en la conservación de la paz y el desarrollo moral y material de nuestros pueblos.
Crucesinbarreras.blogspot.com

sábado, 23 de octubre de 2010

ECUADOR EN LA ENCRUCIJADA


Por Pedro Armendariz

Ecuador tiene una cualidad difícil de expresar en palabras, pero tan cierta como la Plaza San Francisco de Quito. Para un chileno, que a los 21 años vivió el golpe de estado de 1973, se revela en el descubrimiento de que los ecuatorianos tienen una ingenuidad que nosotros perdimos.
El crimen político tiene consecuencias que atraviesan el corazón y distorsionan la mente de los pueblos que lo sufren.
No es que en Ecuador no exista la violencia y la injusticia social. Existen y profundas, es una sociedad clasista y racista, como la chilena.
Pero ellos no han tenido una dictadura como la que vivimos en Chile. Es algo que uno lo siente en el aire en Ecuador. Un patrimonio intangible y valioso.
A diferencia de Chile, en Ecuador los golpes de estado, tres en los últimos doce años, se han dado sin víctimas mortales. El cuarto golpe, (que más que un fracaso parece haber sido un globo sonda para un futuro y definitivo intento), el pasado 30 de septiembre tuvo un número de víctimas mortales de al menos cinco personas. Este solo hecho demuestra que las cosas se pueden terminar desbordando hacia un muy mal cause en ese querido país.
Se juegan en Ecuador asuntos de gran calado. El fondo del problema es el modelo de desarrollo económico, político y social que tome el país.
Hay dos campos de acción fundamentales en los cuales el gobierno que preside Rafael Correa se muestra en deuda: los pueblos originarios y la protección del medio ambiente, en un país con una naturaleza extraordinaria.
Es una deuda también porque el presidente Correa llegó al gobierno con el apoyo de aquellos pueblos y del movimiento ecologista, relacionados ambos, a los cuales se comprometió a facilitar el logro de sus demandas y objetivos de carácter histórico.
Hasta ahora no lo ha hecho. Al contrario, ha estigmatizado y perseguido a unos y otros, motejándolos de izquierdistas y ecologistas infantiles.
Las discrepancias son frontales. Los pueblos indígena-ecológicos, y el movimiento ecologista con sus numerosas organizaciones, reclaman un uso del agua que priorice la vida humana, animal y vegetal, y quieren que en los territorios ancestrales de los pueblos selváticos, y también serranos, no se permita la actividad minera y petrolera. El gobierno, al contrario, proyecta extraer petróleo y explotar minas.
El tema, en definitiva, es la democracia: qué quiere el pueblo, no el gobierno. Los sueños acerca del Ecuador son diferentes en la mente del presidente y su gobierno y en las de indígenas y ambientalistas.
Con su actitud y políticas derivadas de ella, el presidente Correa está cerrando la puerta a la construcción de relaciones sociales que hagan realidad la existencia y expresión de nuevos paradigmas sociales, como lo quieren y pueden hacer los sectores demandantes involucrados, paradigmas a los que debería estar adscrita la revolución ciudadana que dice representar su gobierno.
El estado actual del mundo hace evidente a los latinoamericanos que en nuestros países, en la mayor parte de los casos, es más importante el cuidado y respeto de la naturaleza, que los proyectos de inversión para explotar sus recursos. Cuanto de mayor envergadura sean tales proyectos y empresas, más grande es el daño medioambiental y el consiguiente perjuicio grave a la población. En Chile abundan los malos ejemplos, partiendo por los efectos de la gran minería en el frágil y complejo desierto nortino. Lo mismo sucede en la explotación de la pesca y de los bosques.

viernes, 15 de octubre de 2010

LA IMPOSTURA BÁSICA DE PIÑERA


Por Pedro Armendariz

No pocos hemos quedado indignados con Piñera y su camarilla a raíz del espectáculo grotesco que han montado para la televisión con el rescate de los 33 mineros.
Hay una impostura básica en el Piñera político, que algunos, no pocos, la advertimos a primera vista cuando empezó su espectáculo a principios de los noventa con la llegada de la democracia existente, fundamentalmente oligárquica y plutocrática, que le venía y le viene como anillo al dedo.
Viendo su forma de ser-actuar en los negocios y la política, desaforada, ultra competitiva y atrozmente individualista, me recuerda Piñera a un monstruito que aparece en la historia que cuenta la película de dibujos animados de los Beatles, El Submarino Amarillo, un personajillo pequeño, tensionado, enloquecido en el fondo, que dedica su tiempo a succionar todo lo que encuentra a su paso febril. No hay nada ni nadie que se salve de ser aspirado por su bocaza si se cruza en su camino. El problema es que es tal el delirio del personaje, que en un descuido termina aspirándose a sí mismo al no advertir que lo que se movía a su espalda era su propia cola. Ayer, a la espera del ascenso del rescatista Manuel González, Piñera se asomó al vacío del pozo para ver en su interior, de inmediato se escuchó la voz alarmada de su esposa: “Sebastián, ten cuidado…”, provocando una gran carcajada de los presentes. La intención de Cecilia Morel no era hacer reír, ella sabe o intuye el motivo de su alarma.
Los asesores y realizadores de la política comunicacional de Piñera, construyen con la televisión una imagen del personaje acorde con su personalidad avasalladora. La televisión oficial del rescate fue una aplanadora que se pasó sobre la pasiva audiencia nacional y mundial.
La presencia machacona hasta el hartazgo del personaje, debe haber dejado chatos a un número seguro mayor de personas de las que se imaginan los autores de la impostura en La Moneda y TVN.
Ansioso por no perderse una, cuando el minero Luis Urzúa le expresó que su reflexión principal al salir de la mina era la necesidad de hacer todo lo posible para que algo semejante nunca más vuelva a ocurrir en el país, Piñera le respondió que en los próximos días dará a conocer un plan conducente a remediar los peligros y daños que sufren en los rubros principales de la actividad económica los trabajadores chilenos.
Todos hemos tomado nota, nuestro presidente omnipotente, con la ayuda del buen dios que dice tener a su lado, ha dicho, y no podemos dudar de su palabra, que al menos se tomarán medidas para no jugarse la vida por carencia básicas de seguridad en la pega, no solo minera, también en la construcción, la industria, la pesca, la agricultura y el transporte.
Los cientos de miles de trabajadores implícitamente aludidos tienen la calle esperándolos para manifestar que ellos están en condición carencial, empezando por los propios mineros subcontratados en la gran minería.

lunes, 23 de agosto de 2010

Los masones y la República: Dos siglos caminando juntos


Por Pedro Armendariz


La Masonería ayudó a nacer a la República de Chile y la ha acompañado en sus primeros doscientos años de vida. Conversamos con el Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, Luis Riveros Cornejo, sobre el papel histórico de los masones en el país, desde la Independencia al día de hoy. Profesor titulado en Historia y Geografía Económica por la Universidad Técnica del Estado, Riveros, 61 años, estudió también Economía en la Universidad de Berkeley. Ha sido asesor del Banco Mundial y la Unesco. Actualmente es director de la Asociación de Universidades del Asia-Pacífico. Entre 1994 y 1998 fue decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de Chile. Elegido el año 1998 rector de esta universidad, desempeñó el cargo hasta el 2006.


¿Ha perdido importancia la Masonería en Chile durante las últimas décadas?
“En los debates del siglo XX hubo personas y partidos que ejercieron liderazgo. En la gran lucha por el Estado laico, que se plasma en la Constitución de 1925, hubo grandes actores políticos, como Enrique Mac-Iver y Valentín Letelier, y líderes, como Arturo Alessandri, masones. Había una canalización de ideas hacia la sociedad desde la política, que alcanza su auge en los gobiernos radicales por el impulso a la educación y la industria de Pedro Aguirre Cerda. La Masonería tenía mucha influencia en la Universidad de Chile. El rector Juvenal Hernández y quienes lo siguieron eran masones. El presidente Salvador Allende, que no era masón en sus tiempos de ocio sino todo el día, utilizaba la política también para impulsar sus ideas, proponer los debates que consideraba necesarios, y ahí trascendía un poco la influencia y el sentido de la Orden.
Hoy ha cambiado la política. Se discuten menos ideas, hay pocos debates sobre principios y temas nacionales. La política es instrumental, de corto plazo, más medial que comunicacional. La Masonería está alejada de eso”

La liviandad política, intelectual y espiritual dominante en la sociedad, ¿la ha afectado?
“Yo creo que sí. Hay una tendencia en la vida moderna que perjudica a instituciones destinadas a la reflexión. El materialismo nos invade y privilegia resultados financieros ante el valor de las ideas. Esto influye al interior de la institución que debate cuestiones que tienen que ver con principios”.

¿Se acerca gente por motivos mundanos a la Masonería?
“Sí. Por eso hay un sistema de selección que, como todo sistema de selección, tiene sus fallas. Luego tenemos un sistema de promoción. Como aprendices durante dos años somos observados para ver qué es lo que efectivamente vamos a buscar, aparte de lo declarado. Muchos van por relaciones sociales, o creen que se trata de un club, o piensan que es una oportunidad para lograr metas individuales. Ese es un camino equivocado”.

Pensando a Chile
¿Cómo se plantea la Masonería su tarea de influir en la sociedad actual?
“El mensaje de la Masonería es transversal. Nos interesa llegar a quienes toman las decisiones, con un mensaje de lo que esperaríamos nosotros en los temas que nos incumben. Llegar a la gente joven a través de la educación, en las universidades, porque de ahí hay que rescatar a los que van a seguir pensando a Chile. Esto no está ocurriendo, estamos dejando el país a las fuerzas del mercado. Nos interesa llegar a la gente, promoviendo principios importantes como la fraternidad, la equidad”.


¿Se han superado los conflictos con la Iglesia Católica?
“Fueron peleas muy importantes, sobretodo durante las tres primeras décadas del siglo XX. Peleas que venían del siglo anterior. Los patriotas independentistas eran personas ligadas a movimientos masónicos chilenos e internacionales. Bernardo O'Higgins había sido iniciado. Lo mismo José Miguel Carrera en los Estados Unidos. Tenían influencia intelectual francesa e inglesa. Y la Iglesia estaba al frente, al lado de la Corona. De ahí vienen estas dos corrientes que se enfrentan por el modelo de sociedad y sus aspectos concretos.
Educación pública y laica, la Universidad de Chile, la escuela normal de preceptores son logros en los que participó la Masonería. Andrés Bello, que había sido masón, impulsó y propició este tipo de pensamiento. Al fin de aquella etapa, José María Caro escribió su obra “Corriendo el velo”, donde ataca injustificadamente a la Masonería. Pienso que luego, ya siendo cardenal, debe haberse autocriticado con ocasión del Congreso Eucarístico Internacional celebrado en Chile al comienzo del gobierno de Pedro Aguirre Cerda, que dejó de lado mucha de la crítica prefabricada contra la Masonería. A finales del siglo pasado en Chile y el mundo ha tendido a haber un reencuentro. Nos hemos dado cuenta que el humanismo es común a las iglesias cristianas y a los movimientos laicos”.

Claudicante ante la dictadura

¿La Masonería fue conciliadora o prescindente ante la dictadura cívico-militar?
“Fue indulgente, especialmente en materias tan delicadas y esenciales para los principios del humanismo como la protección de los derechos humanos. Hubo una actitud de prescindencia, casi de aislamiento de la realidad del país. Esto causó problemas al interior de la institución. Muchos sectores reclamaban una actitud más activa en defensa de principios fundamentales. Fue una etapa conflictiva que la hemos ido superando. Hubo una actitud inconsecuente con nuestros principios. Por otro lado, también la Masonería protegió y ayudó a personas perseguidas, que creo es lo mínimo que se podía hacer. Pero a la vez se le dio la espalda a muchos prominentes masones en un momento tan crítico y doloroso. Por ejemplo, al general Bachelet. Se indujo la clausura de la logia en la que trabajaba Salvador Allende. Los masones de todo el mundo han sacado lecciones de esto. En muchas partes la Masonería fue perseguida, y ese temor abundó en Chile durante los primeros años de la dictadura. En todo caso, yo creo que el juicio es que la Masonería en Chile debió haber tomado un rol más activo en la defensa de los principios que le son propios”.

¿Esta omisión tiene sus causas en la estructura institucional de la Masonería, o en distintas posiciones ante el golpe de Estado y la dictadura?
“Los que vivimos esa época recordamos la polarización, que afectó también a la Masonería. En el país estaban las bases para el desencuentro estructural que se produjo. Creo además que, dada la importancia de la figura fundamental del gran maestro en la Masonería, quien ocupaba este cargo no tuvo la energía, la visión, yo diría que tampoco la claridad de mente para poner a la orden en una posición distinta. No de oposición al gobierno militar, pero sí de defensa de principios contra los cuales éste atentó sistemáticamente”.

En aquellos años, masones chilenos desterrados –como el doctor Edgardo Enríquez Froedden- crearon logias en el extranjero.
Sí, hay muchos hermanos en Francia por ejemplo, donde se fundó la logia Lautaro. En Argentina la logia Salvador Allende, lo mismo en Venezuela y en México.

Radicales y masones
¿Es el Partido Radical Social Demócrata representativo de la Masonería, como lo fue antes el Partido Radical?“El radicalismo nunca fue un partido representativo de la Masonería. Por sus principios laicos era muy afín, pero no todos sus miembros eran masones, ni viceversa. Esa afinidad se mantiene en el tiempo, porque ha sido invariable el enfoque laico que tiene ese sector de la política de Estado. Así mismo, en la Masonería están representados sectores de otros partidos. Esto nos gusta e interesa”.

Si Juan Antonio Gómez (PRSD) hubiera sido el candidato presidencial de la Concertación, ¿cree usted que hubiera ganado la elección?
“Creo que sí. Él representaba el sentimiento de cambio. Sostuve entonces que la Concertación había dado vuelta la espalda a muchos de sus principios, descuidando temas fundamentales. Gómez traía una mirada distinta, y no venía de las dos grandes vertientes de la Concertación. Cuando en las primarias obtiene en las ciudades grandes, San Fernando, Talca, Rancagua, un apoyo de un cuarenta por ciento, fue una señal clara de que las cosas iban destinadas a una crítica a la Concertación y su trabajo de veinte años. No ayudó que el candidato oficialista fuera un ex presidente de la República. Pero lo que más destruyó el proyecto de la Concertación en la última campaña, fue no continuar con primarias en todo el país. Dio una pésima imagen y fue el preludio de lo que nos pasó”.

¿Hay masones en el gobierno de Piñera?
“Sí, aunque en la derecha la presencia de la Masonería es más disminuida. Hay en ella una mayor influencia de los pensamientos religiosos tradicionales, especialmente movimientos católicos fundamentalistas. Hay también mucha gente que sin ser masón tiene una actitud amplia respecto a la Masonería y lo que ha significado. No olvidan que es una entidad republicana, que gran parte de la tradición masónica tiene que ver con el liberalismo, con la libertad de conciencia, el estado laico, la equidad social y el respeto por los que piensan distinto. Son cosas que no tienen porque ser ajenas a la derecha. Ocurre que mucha gente de derecha se ha educado en la idea de que la Masonería es una organización atea, lo cual es una equivocación, a veces inducida con mala intención. La Masonería no es atea. Es una entidad que respeta todos los pensamientos religiosos con una fórmula que se llama El Gran Arquitecto del Universo, en el cual pueden participar hermanos católicos, judíos, musulmanes, quienes sean, incluyendo naturalmente a libre pensadores o agnósticos. Privilegiamos la transversalidad política y religiosa. Nos importa el respeto por las ideas, la tolerancia, que es algo que la derecha dice propiciar. Una persona puede creer en el socialismo o el capitalismo, pero inspirado en principios básicos como el respeto por las ideas, la fraternidad, la libertad de pensamiento y de expresión”.

Un país desintegrado
¿Qué opinión tiene usted de la desigualdad social existente en Chile?“Chile está entre los cinco o seis países más desiguales del mundo. Esto contrasta con ser uno de los primeros en materia de competitividad y situación macroeconómica. No estamos preparados para emprender la tarea del desarrollo económico con igualdad de oportunidades e ingresos justos. No hay un Estado activo en dar oportunidades y protección a los más pobres y la clase media. Este problema no lo hemos podido cambiar en los últimos cincuenta años. La desigualdad se profundizó con la dictadura pero se ha mantenido. Somos dos o tres países distintos, donde la gente se expresa y tiene valores y prácticas distintas. Hemos fallado en aquel gran proyecto de los gobiernos liberales de mediados del siglo XIX de construir una integración nacional. El país se ha ido desintegrando. Aníbal Pinto dijo que el país sufrió una frustración en su desarrollo durante el siglo XX debido a los grandes desequilibrios entre la realidad económica y la realidad social. Yo creo que este panorama se está repitiendo hacia el siglo XXI”.

¿Le preocupa a la Masonería el mal trato al medio ambiente y sus recursos que se práctica en Chile?
“Hay que defender el derecho de las generaciones presentes y futuras a un desarrollo sustentable. Y proteger los recursos, particularmente los no renovables, con una visión social. Esto cuestiona el cómo se explota y quién se beneficia. Es un tema abierto a la discusión”.

¿Cómo ve usted hoy a la Universidad de Chile?“Es la universidad nacional y del Estado por excelencia. Tiene, como el resto de las universidades estatales, que definir los bienes públicos que produce, marcar el sello diferenciador en sus programas. Seguimos con los esquemas de financiamiento del gobierno militar. Tiene que haber una nueva definición de la educación superior, no sujeta a un desarrollo mercantil, ni tampoco financiada por el Estado sin dar cuenta de los resultados”.

¿Qué dificultades encontró usted en su desempeño como rector de la Universidad de Chile?
“La principal dificultad que hubo fue el financiamiento. Hoy prima el mercado, y la universidad no puede estar en esa línea en pleno. El 85 por ciento del financiamiento es privado. Qué tipo de universidad es esta, es la pregunta que siempre les hacíamos a los ministros de Educación.
El segundo problema es que, junto a la obligación de competir, está sujeta a trabas administrativas que le impiden hacerlo en igualdad de condiciones. Su principal ventaja es tener académicos de primer nivel. Su influencia en el desarrollo futuro ha de estar en ser productora de académicos para el país. Hoy la Universidad de Chile no recibe preguntas, tampoco respuestas ni financiamiento por parte del Estado”.


¿Qué opina la Masonería del actual estado de los medios de difusión pública en el país?
“Hay una estructura poco amplia y diversa, que profundiza la desinformación. La presencia de la realidad internacional es casi inexistente. Abundan páginas rojas y deportivas. Salvo excepciones, el periodismo y los medios ayudan a profundizar el empobrecimiento de la cultura nacional. En nuestro país, en general, los comunicadores carecen de lenguaje e ideas. Hay que debatir y repensar el sistema”.

Factor de integración
¿Qué piensa la Masonería de las relaciones y la necesidad de integración con Perú y Bolivia?
“Desde hace años con las grandes logias de Perú y Bolivia realizamos reuniones anuales. Este mes de agosto nos vamos a reunir en La Paz. La Masonería siempre ha intentado ser un factor de integración. Lo fue durante la guerra entre los tres países. El tema limítrofe está sí ausente de nuestras preocupaciones centrales. Independiente de dónde están los límites y su origen, tenemos que promover una integración”.


¿Preocupa a los masones el armamentismo de nuestros países?
“Suponíamos que este siglo iba a cambiar la tendencia de conflictos, tensiones e intereses. La industria de las armas es la primera en promover separaciones, diferencias, visiones de geoestrategia que llevan a gastos injustificables. Chile debiera impulsar un diálogo internacional distinto con el objeto de congelar el armamentismo”.

jueves, 22 de julio de 2010

Contra los imperios de toda laya




Por Pedro Armendariz

Detrás de la ruptura de relaciones entre los gobiernos de Colombia y Venezuela, se ve una vez más la mano dura, violenta, agresiva, de los Estados Unidos y sus aliados en Colombia y Suramérica.

Ha sido ahora, cuando se apresta a traspasar la presidencia de Colombia a Santos, que Uribe se embarca en la denuncia de supuesta presencia de campamentos de las Farc en Venezuela. Este hecho es evidentemente un gesto de negación extrema a la posibilidad de mejorar el panorama en el norte de Suramérica, en las relaciones entre Ecuador, Colombia y Venezuela.

Aquello es un polvorín. La mayor distorsión es la presencia, y además desmesurada, de tropas militares estadounidenses del norte en Colombia. Es el corazón del problema, porque los Estados Unidos, como lo demuestran sus ejércitos en Colombia, y próximamente en Costa Rica, es un país eminentemente guerrero. Le gusta la guerra, la práctica cada día a lo largo y ancho del mundo. Es el mayor escándalo de nuestro tiempo.

En Suramérica está en juego la libertad y la democracia. Y no habrá forma de construirlas sino es a través de los acuerdos entre los países. Acuerdos pacíficos, voluntarios, no nacidos como resultados de corrientes de fuerzas.

Y ante esto son los pueblos los que tienen que tomar la iniciativa. Pueblos en el sentido de la manoseada palabra gente. Personas, organizaciones sociales de todo tipo, grupos de estudio y reflexión, partidos, sindicatos, universidades, religiosos de todos los credos, colegios profesionales, etcétera, porque sino no hay salida posible.

Quienes están en los gobiernos debieran reconocer la necesidad de dar paso a la organización y participación de la llamada sociedad civil en el curso de las cosas.

Los gobiernos nos hacen creer todos los días que tienen todo bajo control, que están preocupados o trabajando en los problemas importantes de los países, procurando y haciendo realidad las mejores soluciones posibles.


Los países se arman, nos hablan de defensa y prevención, cuando la realidad es que lo que más anima la escalada es la corrupción, el lucro con el tráfico de compra y venta de esas armas. Ganancias millonarias en dólares. Otro de los más grandes escándalos de nuestro tiempo. En el caso suramericano es una doble aberración, entre países hermanos. Sólo los pueblos pueden terminar con este escándalo, como deberían hacerlo con la presencia de tropas de USA en el territorio suramericano.

Hoy, como lo señalan quienes aún no han perdido la razón y la consciencia, necesitamos como primera medida una revolución en el pensamiento y el sentimiento. Sin esta revolución nada podremos hacer, como es evidente. Hay que pensar y sentir frente a la realidad de otra manera. La puerta de este cambio la tiene cada persona. El problema es que no las abrimos, nos paraliza el miedo y los hábitos sicológicos y físicos. Sino entendemos que permanentemente tenemos también, y en primer lugar, que hacer un trabajo interior cada uno de nosotros en cuanto a lo que es nuestra relación con el mundo y la forma de enfrentarla, estaremos fritos. Esto las Izquierdas tienen que tenerlo muy presente. Se requieren cambios de estructuras sociales, también cambios de mentalidad y sentimiento.

No podemos hacer una revolución con odio, por ejemplo, como han pensado algunos que se dicen anarquistas y pregonan en sus almas jóvenes e idealistas que hay que quemarlo todo. El mundo ha llegado a un punto crítico tal, que sólo se resuelve con la energía del amor. Lo cual no quiere decir no luchar, mantener una actitud pasiva, esperando que todos seamos buenos. Amor en el sentido de lograr tal onda de sentimiento a la hora de definir en nuestra mente la línea de justicia que orienta lo que queremos hacer. La palabra amor en este puto mundo la tienen secuestrada religiosos blandos, corruptos, que se refocilan en sus privilegios en el actual desorden establecido que denunció el propio Concilio Vaticano segundo, hoy sumergido por los jerarcas de la Iglesia como se sumerge a un torturado en una bañera llena de agua.

A propósito del pedido de indultos a asesinos que mataron al amparo de la fuerza del Estado a personas que estaban indefensas en sus manos, uno no puede dejar de pensar que la actual directiva de la Iglesia Católica está dando palos de ciego para levantar su alicaída autoridad moral dañada por los escándalos sexuales. Ayudan a esos militares tan católicos que mataron en nombre de la patria, y sientan constancia y manejo del debate de los temas morales de la sociedad. En este caso nada menos que sobre el tema del perdón, la justicia y la reconciliación.

Están pidiendo clemencia y perdón para asesinos de verdad que jamás han reconocido, y menos pedido perdón, por los crímenes atroces y cobardes que cometieron. ¿Desde un punto de vista religioso, es perdonado el pecador sin mediar arrepentimiento? No. En todos estos años nunca he escuchado a un militar decir: “lo que hicimos fue una barbaridad criminal, me arrepiento profundamente”. Al contrario, están, al menos es lo que dicen, convencidos de que salvaron al país.

Lo más indignante, es que estos curas que piden indultos para esos militares, como Errázuriz y los otros, se atreven a plantear semejante propuesta a la sociedad sólo porque cuentan con el amparo del prestigio fundamental que alcanzó la Iglesia Católica en el país debido a su papel en defensa de los derechos de la persona humana y los derechos sociales durante la dictadura. Dictadura de la cual muchos de estos curas fueron cómplices, que también los hubo de sotana. Pensemos sino en Ángelo Sodano. El Cardenal Raúl Silva Henríquez estaba vetado en el canal 13 de la Universidad Católica. Muchos, muchísimos católicos apoyaron la dictadura, y muchos trabajaron en ella. Las actuales autoridades de la Iglesia lucran de aquel pasado, que paradojal y comprensiblemente se niegan a recordar y señalar como ejemplo de valentía y consecuencia moral.

miércoles, 21 de julio de 2010

JOSÉ SARAMAGO


Por Armando G. Tejeda (Columnista diario La Jornada de México)

Texto tomado del diario Fortín Mapocho


El niño de infancia pobre y pies descalzos, hijo de campesinos sin tierra; el comunista libertario que abrazó con igual intensidad sus ideales y las palabras, José Saramago falleció este viernes en su casa de la isla canaria de Lanzarote. Desde hace años padecía leucemia y las consecuencias de la edad, 87 años. Por la mañana se despertó, desayunó y charló con su mujer, Pilar del Río, sobre las novedades de este mundo “en crisis”, le empezó a doler un poco el pecho y, a las pocas horas y sin dolor, cerró los ojos.

Murió uno de los grandes escritores del siglo XX, un autor que escribió hasta su último hálito de vida, un novelista, poeta y ensayista que, además, ha sido el único literato portugués en recibir, en 1998, el Nobel de Literatura. Un comunista libertario que compartió con los indígenas mexicanos su hambre de justicia e igualdad.

A partir de 2007, cuando una neumonía lo puso al borde de la muerte, Saramago administraba su energía con celo: escribir y, si acaso, alguna salida extraordinaria para apoyar alguna causa justa –como ocurrió con la activista saharahui Aminatu Haidar, cuando ésta realizó una huelga de hambre– o para presentar sus libros más recientes.

Su convicción de “escribir para desasosegar” lo mantuvo siempre activo, ya sea adentrándose en esos universos literarios que creaba a partir de supuestos imposibles, con su blog personal o, incluso, en la redacción y firma de algún comunicado sobre uno de los graves y diversos atropellos que le tocó presenciar.Saramago vivió sus últimos años con el mismo ritmo de lectura y de escritura que cuando inició su andadura literaria, allá a finales de los años 60 –incluso “más”, llegó a contar Pilar del Río.

Fue un escritor “tardío” y autodidacta que nació en un recóndito pueblo de la provincia portuguesa, Azinhaga, en 1922, donde sus padres eran campesinos y analfabetos, incluido su abuelo, de quien heredaría su atracción por la cultura, el arte y la magia de las palabras. Pero también sus hondísimas convicciones políticas, rebeldes, la de esa clase obrera marcada por guerras y por hambrunas que asolaron a Europa en el siglo pasado, la de esos comunistas perseguidos por las dictaduras y el fascismo que mantuvieron viva la llama de su pensamiento. “He sido, soy y seré un comunista. Un comunista libertario”, repetía sin un ápice de resignación.

“Sólo yo sabía, sin conciencia de saberlo, que en los ilegibles folios del destino y en los ciegos meandros del acaso había sido escrito que tendría que volver a Azinhaga para acabar de nacer”. En esta frase, extraída del primer y único libro de memorias del Nobel, Las pequeñas memorias [Alfaguara], se resume el cariz con que Saramago afrontó la reconstrucción de su niñez, una época que, dijo, es la única que importa en la historia de los hombres, pues en ella forja el carácter, las filias y fobias de lo que somos después.

Y Saramago, después de esa niñez de hambre, frío y carencia, siempre bajo la severidad de un padre estricto y hasta cruel, empezó a recorrer su historia vital.

De joven fue, por supuesto, campesino, pero también fue mecánico automotriz, contador, vendedor de seguros, aprendiz de reportero y, finalmente periodista, como antesala a su oficio y “refugio” definitivo: escritor.

A pesar de que siempre había estado en la sombra, sobre todo como autor de poesía, Saramago era prácticamente desconocido hasta que, en 1982, publicó Memorial del convento.

A partir de ahí vendría una actividad literaria frenética, grandes títulos con escaso tiempo de diferencia, que a la postre se convertirían en el principal argumento para que fuera reconocido con el Premio Nobel de Literatura 1998.

Se trata de obras ya clásicas, como La muerte de Ricardo Reis, La balsa de piedra, El evangelio según Jesucristo y Ensayo sobre la ceguera. Tan crueles como Dios.

José Saramago no sólo fue un arriesgado militante del Partido Comunista portugués durante la dictadura de Salazar, sino también fue un escritor que suscitó, desde sus primeros libros, reacciones encontradas, en ocasiones ríspidas por su forma de narrar los acontecimientos.

En uno de sus últimos encuentros con la prensa en Madrid, en noviembre del año pasado, Saramago habló de lo que ya entonces parecía inminente y cercano, su propia muerte y sobre la idea cristiana de la pena eterna.“

La muerte no me importa. Pero sí me afecta desde un punto de vista muy egoísta, porque es finalmente el estar y ya no estar. Eso es la muerte: el haber estado y ya no estar. Que estaremos en la vida futura, puede que sí. Pero lo que no puedo aceptar es que alguien me diga que mis pecados los pagaré en el infierno y que ahí me quedaré por toda la eternidad. Crueles somos nosotros los hombres que concebimos la pena perpetua […] Tan crueles como Dios somos los seres humanos. La idea de que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza se invierte; nosotros hemos creado a Dios a nuestra imagen y semejanza.”

En ese encuentro también reveló una cuestión vieja y constante: “Hay una pregunta que persigue a los escritores, ¿por qué escribir? Como decía el filósofo griego el movimiento se demuestra andando, y la razón de escribir en el fondo no es más que eso: escribir. Pero hay otra pregunta más compleja, ¿para qué se escribe? Y eso depende del punto de vista. A lo mejor yo hace unos cuantos años no sabía decir para qué escribía, pero ahora lo tengo bastante claro. Yo no escribo para agradar ni para desagradar. Yo escribo para desasosegar. Algo que me gustaría haber inventado, pero que ya lo inventó Fernando Pessoa, El libro del desasosiego. Pues a mí me gustaría que todos mis libros fuesen considerados libros para el desasosiego.”

Los restos mortales de Saramago fueron velados en uno de sus últimos grandes proyectos, la Fundación José Saramago, con sede en la isla de Lanzarote y desde la que Pilar del Río pretende seguir difundiendo su palabra y pensamiento, su desasosiego. Un desasosiego que él mismo alimentó con sus hallazgos intelectuales, con sus máximas, como aquella que expresó con la voz entrecortada y una debilidad física que hizo sospechar a muchas personas que aquellas palabras pronunciadas en un homenaje en Madrid en noviembre de 2007 eran una especie de despedida, de epitafio en vida: “Si la belleza hubiese vencido a la barbarie, el mundo, quizá, hubiera tenido futuro”.

El gobierno de Portugal decretó este sábado y el domingo días de luto nacional en memoria del escrito.

De acuerdo con el diario español El País, José Saramago dejó unas 30 páginas de una nueva novela titulada Alabardas, alabardas, espingardas, espingardas, en la que hace una reflexión acerca del tráfico de armas; y añade que el próximo libro que publicará Alfaguara se titula José Saramago en sus palabras; y en julio se estrenará el documental José y Pilar [unión ibérica] producida por Pedro Almodóvar y Fernando Meirelles, y dirigida por Miguel Mendes.

Fuente: Angélica Gallón Salazar -escribe para El Espectador-

martes, 13 de julio de 2010

Bicentenario en la Universidad Católica de Chile: Luchando contra el elitismo




Por Pedro Armendariz

El Bicentenario de la República encontrará en la Universidad Católica, antiguo bastión de la derecha gremialista, a una Federación de Estudiantes renovadora y vigorosa que exige cambios profundos. En noviembre de 2009 ganó, por segunda vez consecutiva en la FEUC, el movimiento de centro-izquierda Nueva Acción Universitaria (NAU) con el 55 por ciento de los votos. El presidente es Joaquín Walker Martínez, 26 años, estudiante de 5º año de derecho. Vivió su infancia en Coyhaique, donde cursó estudios básicos y medios. Es sobrino de los parlamentarios democratacristianos Ignacio y Patricio Walker. Pero el dirigente universitario tiene una sintonía política mucho más avanzada.
¿Cómo nació el movimiento Nueva Acción Universitaria?
“A fines del 2008 nos juntamos un grupo que teníamos cierta afinidad política y que nos reuníamos en el Consejo de Presidentes de Centros de Estudiantes de la UC. Pensamos hacer algo juntos pero al principio éramos sólo cinco personas. Empezamos a crecer y decidimos postular a la Federación de Estudiantes, entonces en manos del gremialismo. Salimos con mucha fuerza y convicción a los patios, haciendo una campaña bastante épica que fue entusiasmando a muchos con la política universitaria. Ganamos la Federación en la segunda vuelta con el mayor número de votos en la historia. Estuvo tan bien el desempeño de esa directiva, que volvimos a ganar el 2009 por más de mil votos, en primera vuelta”.
¿Qué relación tiene el NAU con los partidos? ¿Usted tiene militancia?
“Yo no tengo militancia, y este movimiento no tiene vinculación directa con los partidos. Pero sí hay gente que milita, y esto nos interesa mucho. Reivindicamos la política como herramienta de transformación social: que los jóvenes nos metamos en política, que la queramos y aceptemos que desde ahí se hacen los cambios más importantes que necesita el país.
No nos parece bien recibir órdenes de ningún partido, pero hay gente que está en sintonía y coordinación con los partidos. Eso nos parece bien y legítimo. Pero tenemos nuestra propia forma de trabajar, por la universidad y el país. Esto es algo que también pasaba en la época de la reforma. A Miguel Ángel Solar, militante de la Democracia Cristiana, el ministro del Interior, Bernardo Leyton, le pidió no hacer la toma de la UC, pero la hicieron igual”.
La reforma de los 60¿Es un referente la reforma universitaria impulsada en los sesenta?
“Nuestro movimiento político es muy similar a otros que ha habido en la UC. No nos atribuimos el mérito de ser los únicos ni los primeros cercanos a la reforma. Muchos movimientos han tenido esta vinculación emocional y práctica, pero creemos que hemos sabido plasmarlo de cierta manera y mantenerlo.
Valoramos muchísimo el ímpetu de esa generación de los sesenta: el ánimo crítico y activo que generó cambios. Sabemos que estamos en un contexto cultural distinto, pero queremos inyectar a este movimiento esa fuerza de antaño, que hoy la tenemos muchos jóvenes.
Nos hemos dado cuenta que estamos planteando temas similares a los de entonces, como es vincular la universidad con el país, estar en sintonía con la realidad, ser una UC atenta a los cambios sociales.
Valoramos el ánimo que había entonces de trabajar con la comunidad universitaria, es algo que hemos tratado de reforzar. El trabajo con los sindicatos, con los profesores, administrativos, etc.”.
¿Cómo evalúa la participación estudiantil en la política universitaria y nacional?
“Seguimos siendo una generación bastante apática, despolitizada, con mucha carencia ideológica. Nosotros hemos sabido despertar y generar apoyos electorales masivos. Junto con instancias de discusión más amplias, espacios de encuentro y diálogo para contribuir a la universidad y al país.
Hay carreras donde se da más espacio a los estudiantes. El problema es que en los Consejos de Universidad y de Facultad, los estudiantes tenemos derecho a voz pero no a voto. Contamos con un espacio simbólico. Se nos escucha bastante, pero no tenemos la capacidad de decidir.
Creemos que en la participación hay dos temas: uno, los espacios que tenemos, y otro los espacios que nos tomamos. Hemos tratado de inculcar la concepción de que tenemos que tomarnos esos espacios, y no sólo esperar que nos den la opción de estar.
Es lo mismo con la renovación en política: no basta con que nos den espacios, ni con cambiar las leyes y los partidos. También nosotros debemos tomarnos los espacios políticos. Queremos formar agrupaciones grandes, generar ruido. Como generación, tenemos que hacer una autocrítica sobre la capacidad que tenemos de tomarnos los espacios de participación pública”.
Elite universitaria¿Qué aspectos son centrales en el trabajo de la Feuc?
“Lo primero fue decir a los estudiantes que la Universidad es suya y que podemos generar cambios. Muchas veces nos preguntaron por qué estábamos en la UC, que mejor nos fuéramos a la Universidad de Chile con las ideas de cambios. Proponemos la necesidad de trabajar por la equidad en la Universidad. Hoy el setenta por ciento de los alumnos de la UC pertenece al quinto quintil (al 20 por ciento más rico del país). Es un grado de elitización que cuesta creer. Un dato muy fuerte, y la cifra ha ido aumentando”
¿Qué se puede hacer para ir revirtiendo esta tendencia?
“Esto ocurre por varias causas. Los altos costos de nuestra universidad, que está entre las que tienen los aranceles más altos del país. Luego, está el sistema de acceso. Hay una desigualdad escolar indudable, pero también mecanismos de selección universitaria cuestionables, como la PSU, que ha aumentado la brecha entre estudiantes que provienen de colegios municipales y particulares pagados.
Hemos pensado métodos de ingreso alternativos, propios de la Universidad, sin cambiar la estructura nacional. Es lo que estamos proponiendo. Generar algo semejante a lo que tiene la U de Chile. Un sistema propedeútico que toma a los mejores alumnos de los colegios municipales más pobres, y entre ellos da acceso directo a los que tienen mejor asistencia y notas. Proponemos más becas y beneficios para que los estudiantes con menos recursos puedan ingresar a la UC. Estamos organizando la beca Cardenal Raúl Silva Henríquez, que se financia con aportes voluntarios de toda la comunidad universitaria”.
Universidad distante¿Cómo afecta a la vida universitaria esta homogeneidad de clase social entre los estudiantes?
“Quiénes componen la universidad es muy importante, porque afecta la calidad de la enseñanza y el aprendizaje. Estar sólo con compañeros que vienen de una misma realidad social, con una cultura similar, enriquece poco una sala de clases y la visión del mundo de los alumnos”.
¿Está alejada la Universidad Católica de los problemas más serios del país?
“Si bien entre los principios de la UC está vincularse con la sociedad y trabajar por el país, lo ha hecho con poca fuerza. Eso nos ha impulsado a llevar el trabajo que estamos haciendo hoy.
La UC ha tenido un liderazgo muy importante con el país, pero de poca vinculación concreta con sus problemas reales, y particularmente con los sectores más excluidos y marginados de la sociedad. Esto se refleja en la falta de énfasis que hay hacia lo público. Se están formando profesionales que van a la empresa privada principalmente. No tiene nada de malo, pero lo malo es cuando todos los énfasis están puestos en el sector privado, y las opciones para formarse como un profesional al que le interese, apasione y sea bueno en lo público, son pocas”.
¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar en la emergencia y la reconstrucción tras el terremoto?
“Lo vivido ha sido un buen ejemplo y aporte. Va muy en la línea de lo que planteamos para esta universidad. Con el terremoto, la UC ha cambiado muchas de sus mallas. Ha puesto recursos para que ramos, investigaciones y prácticas se vuelquen en cierta medida a la etapa de emergencia y a la reconstrucción del país.
Hemos visto mucho ánimo en los estudiantes para contribuir con la sociedad. El voluntariado ha movido más de tres mil estudiantes en este tiempo. Pero no basta la voluntad de los estudiantes. Es necesario que los ramos de estudio se dediquen a problemas reales. Queremos aprovechar la tragedia para que la universidad mantenga esta relación con la sociedad”.
¿Cómo ha reaccionado la comunidad ante la ayuda estudiantil?“Ha habido muy buena relación. Los municipios, en una primera etapa, estaban aceptando todo, por el gigantesco estado de necesidad, incertidumbre y falta de recursos. Hemos tratado de firmar contratos con los municipios, para que no se queden en palabras, determinando lo que vamos a hacer y estableciendo el compromiso de un trabajo coordinado. Atender a los problemas sociales debiera ser siempre el rol de la universidad”.El Gremialismo se limita a plantear en su propuesta estudiantil a la excelencia académica. ¿Qué valor dan ustedes a tal aspecto?
“La UC tiene una preocupación con la excelencia, y está bien. Las universidades deben tener esa preocupación. Pero la diferencia está dónde enfocas esa excelencia. ¿Hay que tener excelencia para estar en los mejores puestos en las mediciones internacionales? Es una meta que se ha propuesto constantemente la UC. Puede ser válida, ¿pero para qué más? Lo importante es ser de las mejores universidades, pero para servir al país. Preocuparnos de que la educación sea una herramienta de movilidad social. Entregar conocimientos a la sociedad entera, abrirnos y generar cambios estructurales. Trabajar también temas como la desigualdad social, las injusticias en general, en un país que sufre particularmente de ellas. Esto no lo hacemos”.
¿Qué reformas proponen ustedes a la educación superior en general?
“Proponemos cambios en la institucionalidad, en el financiamiento y el acceso, y énfasis en la educación técnica.
En la institucionalidad pedimos que se amplíe el concepto de las universidades tradicionales, para que cumplan su rol público. Creadas después de 1981, son un aporte a la sociedad. Cumplen un rol público porque educan a todos los sectores, tienen buena calidad, investigación con llegada a los sectores más excluidos y marginados, dan instancias de representación democrática interna.
Queremos que esta nueva institucionalidad ratifique con un aporte preferencial financiero a las universidades de propiedad estatal. Es ridículo que la Universidad de Chile reciba sólo un 14 por ciento de aporte estatal para sus gastos.
Queremos que se revaloricen especialmente las sedes regionales, que están condicionadas por los poderes económicos locales y por muchas trabas burocráticas del Estado.
Queremos que las universidades privadas con rol público reciban un aporte importante del Estado.
Por último, creemos que la nueva institucionalidad debe generar un Consejo de Instituciones de Educación Superior, que abarque a las universidades estatales, las privadas con rol público, y también a los institutos profesionales y centros de formación técnica, para darles un papel preponderante en la coordinación y la toma de decisiones políticas de este Consejo”.