lunes, 22 de noviembre de 2010

ENTREVISTA A TOMAS MOULIAN: “NO SABEMOS CUÁL ES LA POLÍTICA DEL PARTIDO COMUNISTA"



Por Pedro Armendariz

“El deseo de otro Chile”, es el nombre del último libro de Tomás Moulian. El texto contiene una propuesta para avanzar paulatinamente en la democratización del país.
Tomás Moulian es fundamentalmente un hombre de acción. No se conforma solo con pensar. Marxista, busca realizar una praxis entre pensamiento reflexivo y acción política. Hoy, de momento, se encuentra en la soledad. Ha caminado los últimos años junto a los comunistas, pero hoy no termina de hallarles el paso.
En su casa del Barrio Yungay conversamos del deseo de otro Chile, recordando el pasado y buscando la forma de vislumbrar un camino hacia el futuro.
En su libro El deseo de otro Chile, hace usted un planteamiento en aras de la democratización del país. Me extrañó que en él ponga usted el acento en alcanzar una democracia profunda y generalizada, y no plantee el socialismo como horizonte. De hecho la palabra socialismo no aparece en el texto.
“Me sorprende lo que me dices, no tenía idea que la palabra socialismo no está presente. Porque la democracia generalizada la veo como un camino al socialismo. No sólo un perfeccionamiento de la democracia representativa. Ir más allá, hacia alguna forma de democracia participativa, que es caminar hacia el socialismo.
La democracia representativa está en crisis precisamente porque no es representativa. O lo es muy tenuemente. Una democracia perfeccionada debe ser más representativa y, además, participativa”.
¿Qué tipo de participación democrática imagina usted?
“Una sociedad participativa para mí es una sociedad que discute sobre sus fines, sobre los edios para realizarlos, sobre el presente, el pasado y el futuro.
Siempre me ha interesado lo que se hizo en Brasil, en Río Grande do Soul: la fórmula de los presupuestos participativos, donde los ciudadanos tienen representación y pueden ir a oír y participar de la discusión de los proyectos y su financiación”.
Chile y la democracia
¿Murió el mito que consideraba a Chile como un país históricamente democrático?
“Mas que caer en el mito de la democracia, hay que perfeccionarla siempre, y reivindicar aquello del pasado que tenía contenido democrático. Sin olvidar lo que no lo tenía.
Tuvimos una tradición democrática, pero con puntos negros. La Ley de Defensa de la Democracia, o ley maldita, dictada el año 1948, dura hasta 1958. Diez años en que el Partido Comunista fue puesto fuera de la ley. Esta ley es también utilizada para hostilizar al movimiento sindical. Son enviados a un campo de concentración en Pisagua dirigentes sindicales, militantes comunistas y socialistas, a pesar de que la ley no fue pensada para reprimir a los socialistas.
Esa ley fue derogada mediante un pacto parlamentario amplio: el Bloque de Saneamiento Democrático, que incorporó, desde los radicales que la habían dictado, hasta los falangistas, excluyendo sólo a la derecha, que no participó. Ese bloque hace dos cosas muy importantes: una nueva ley electoral, y la derogación de la ley maldita. Diez años de lucha.
Los comunistas tuvieron entonces una postura que confirma su realismo político. Algunos sectores en su interior crearon una fracción que buscaba hacer una revolución contra el presidente Gabriel González Videla, sacarlo a través de movilizaciones y por la fuerza. La dirección comunista expulsó a los llamados reinosistas, y orientó su acción dentro de la legalidad procurando pactos políticos.
A partir de 1958, se recuperó nuestra tradición democrática, que dura hasta 1973, cuando sufre un golpe brutal.
Pero hoy día tenemos de nuevo la recuperación del camino de la tradición democrática. Por lo tanto, creo que sí, tenemos una tradición democrática. Con vaivenes, con un gran período de vacío de democracia, pero somos una sociedad que ha buscado caminar por la democracia, y que ve en la democracia representativa la forma como debe organizarse el sistema político.
Esta democracia representativa hay que irla perfeccionando permanentemente, y en esto ha habido lentitudes, silencios. Durante los gobiernos de Lagos y Bachelet, gobiernos socialistas de la Concertación, se habló mucho de participación, sin embargo la participación no tomó fuerza, y debe hacerlo.
Sería fundamental el funcionamiento de Consejos Económico Sociales, no solamente destinados a escuchar, también a tomar resoluciones sobre algunos temas. Generar debates pero también con algunas atribuciones. Consejos de este tipo a todos los niveles: nacional, regional, provincial, comunal, barrial. Hay que buscar fortalecer la democracia que tenemos.
El camino entonces hoy día, yo creo que no es esa forma de democracia que es el socialismo (porque el socialismo también es una forma de democracia: una democracia de trabajadores que toman la gestión de la sociedad). Aquí estoy hablando de un camino previo a eso, pero que se dirige hacia allá, y que en la medida en que esta democracia representativa se perfeccione, se convierta en democracia participativa, la diferencia entre el socialismo y la democracia participativa va a ser pequeña, no se va a necesitar una revolución.
Todo esto son hipótesis, que obedecen a la necesidad de pensar cuál es la democracia del siglo XXI. El derrumbe de los socialismos en Europa, su permanencia en Asia en formas peculiares como China, y la persistencia del socialismo en Cuba como una dictadura de partido, nos obligan a pensar en nuevas formas de organización de la democracia socialista”.
Allende, un hombre excepcional
Leyendo su libro El deseo de otro Chile, y escuchándolo ahora, pensaba que su planteamiento corresponde a lo que podríamos llamar la verdadera carta de navegación del gobierno de la Unidad Popular presidido por el presidente Salvador Allende.
“Sí. Yo diría que mi referente político-intelectual es Salvador Allende. Y las directivas políticas que junto a él colaboraron para que la Unidad Popular fuese una coalición que avanzaba gradualmente hacia la vía chilena al socialismo.
En el análisis de la Unidad Popular yo privilegio el papel de los comunistas frente al de los socialistas. Los socialistas estaban por el “avanzar sin transar”. Creo que esa consigna era todavía prematura. Había que consolidar, y después avanzar. Le eliminaría el sin transar, porque para avanzar siempre hay, no digamos que transar (que da la impresión que se hace un pacto oscuro), hablemos de que siempre hay que negociar.
Los socialistas no estuvieron en ese momento dispuestos a la negociación. Por lo menos algunos de sus sectores. Carlos Altamirano ha dicho que él estaba flanqueado por su izquierda, que había un sector más a la izquierda que él y lo obligaba a realizar la política que llevó a cabo.
Los comunistas fueron el sector moderado, que con Allende buscaba hacer avanzar más gradualmente las políticas. Yo soy un firme partidario de la política del Partido Comunista durante ese período, pero en conjunto fracasamos. Esa política, la de los comunistas, pese a tener intuiciones importantes, pese a intentar que las cosas se manejaran con realismo político, ni unos ni otros fuimos capaces de evitar la crisis.
Salvador Allende, el pacifista, termina defendiendo a su gobierno con una metralleta con la cual se quita la vida finalmente cuando ve que esa defensa no era posible. Allende decide tomar sobre sí el fracaso, que no fuera un fracaso que cayera sobre la clase obrera, ni siquiera sobre los partidos de la Unidad Popular. Prefiere asumirlo él”.
¿Ha pensado usted qué podría haber pasado si Allende hubiese tomado otro camino e intentado salir vivo ante el golpe fascista?
“Ahora lo estaba pensando. No sé. Hay una hermosa novela de Hernán Valdés, creo que se llama Después del fin, donde un militante de la Unidad Popular reflexiona, metido en una tina de baño, sobre qué habría sido de nosotros si Salvador Allende hubiera sobrevivido. Eso es imposible de saber, pero nos hizo falta un líder como Allende después del golpe”.
¿Aventura alguna hipótesis Hernán Valdés sobre aquella posibilidad que no fue?
“No me acuerdo bien, pero sí el militante que está en la tina de baño dice: “por Dios que te necesitamos”. Allende era una especie de padre capaz de juntar, tenía esa cosa parental que es reunir a los diferentes hijos, a los diferentes parientes para seguir adelante”.
Allende sorprende por su consecuencia, hasta llegar a dar la vida por su causa, en un país donde, como hemos visto, abunda la traición, el acomodo, el darse vuelta la chaqueta. ¿Es su actitud personal y política muy contradictoria con Chile? ¿O ha cambiado mucho el país y ya es impensable algo semejante hoy?
“No. Yo creo que es muy contradictorio con el país. Y es muy contradictorio con una Izquierda que antes de que Allende fuese designado candidato a la presidencia lo ninguneó. Yo era militante del Mapu, fui uno de sus fundadores, y nosotros lo tratábamos de líder aburguesado. El Partido Socialista lo trataba de igual modo. Todo el mundo se acuerda de que Allende es nombrado por los partidos de la Unidad Popular candidato presidencial por las abstenciones, no por los votos a favor.
Sí, Allende era menospreciado, y sin embargo fue aquel que tuvo las cosas más claras. Desgraciadamente, su obsesión por la unidad le impidió tomar medidas que requerían tomar partido por una posición en contra de la otra. Porque la crisis estaba de tal modo desarrollada, que necesariamente había que tomar una postura y realizar una política que hubiese implicado conflictos con el sector que estaba por la política distinta.
Allende nunca consiguió que los comunistas le dieran su apoyo al plebiscito que él quería plantear, pese a que los comunistas eran los que estaban más cerca de él. Muy tardíamente estuvieron de acuerdo. Y los caminos se cerraron”.
¿Desde cuándo quería el presidente Allende convocar a un plebiscito?
“No lo sé. No conozco los secretos de la cúspide. Se dice que el once de septiembre iba a anunciar el llamado a plebiscito en la Universidad Técnica del Estado. El día antes, o dos días antes, le anunció tal decisión a Pinochet, y el traidor actuó. Cuando menciono al traidor estoy haciendo referencia a la debilidad absoluta de los aparatos de información de la Unidad Popular, que siempre creyeron que Pinochet era el continuador de Prat. Y Pinochet era el traidor, el asesino, el torturador. En la historia chilena no hay ningún déspota de sus características, nada se compara con él”.

Izquierda y democracia
¿Qué piensa usted de la valoración que han hecho históricamente las izquierdas de la democracia representativa?
“Nosotros como marxistas teníamos ahí una curiosa mezcla. Al mismo tiempo, considerábamos que la democracia representativa era una forma del estado burgués que debía ser superada para caminar en la dirección de una futura extinción del Estado. Extinción cuyo primer momento era una democracia proletaria, una democracia de trabajadores, donde ellos fueran capaces de gestionar la sociedad.
Pero al mismo tiempo le dábamos una enorme importancia al estado como regulador de la sociedad. En ese sentido éramos keynesianos, podemos decir de algún modo. Simultáneamente de despreciar al Estado, lo apreciábamos, luchamos porque el Estado durante los gobiernos de los Frentes Populares interviniera para generar la industrialización. Teníamos ese doble discurso, y pensábamos que en el futuro el Estado podría desaparecer después del socialismo, cuando pasaríamos al comunismo.
Pero en Chile estábamos en la vía chilena al socialismo, y esta vía era desde las instituciones políticas. Ni siquiera habría que hablar de vía pacífica, era una vía institucional. Porque la vía pacífica genera una connotación problemática. Esto se hace con luchas, con luchas sociales, de clases, y aunque en ella no haya violencia armada, de todos modos hay lucha social.
Queríamos la democracia, porque efectivamente pertenecía a la tradición de Chile. En un continente donde la democracia había sido destruida, llena de dictadores, caudillos, de norte a sur. Junto con Uruguay y Costa Rica, Chile había tenido la suerte de tener un período sin caudillos como los Odría, los Pérez Jiménez, los Trujillo, Somoza y tantos otros.
Teníamos la democracia representativa y creíamos que nunca la íbamos a perder, y la perdimos, por los errores que cometimos en el período de la Unidad Popular.
Nosotros facilitamos que la derecha fuera capaz de atraer a la Democracia Cristiana al golpe. Fracasaron todas las negociaciones con la DC, debido a problemas de la DC, donde había sectores que no querían nada con esas negociaciones, pero también por problemas de nosotros.
Ahí Salvador Allende es el que tiene claro que esas negociaciones con la DC son indispensables, que el peligro de la guerra civil solamente se disminuye –no desaparece- si somos capaces de generar alguna forma de colaboración con ella. Y en el futuro, quizás una forma más profunda, una especie de bloque por el cambio, donde los sectores progresistas de la DC colaboraran con los sectores de izquierda en construir una sociedad más democrática. Todo eso no fue”.
Radomiro Tomic en 1970 planteaba la necesidad de aquel bloque por los cambios.
“Sí, hablaba de unión política y social del pueblo. Tomic tenía una política de cambio, muy parecida a la de la Unidad Popular. Uno podría decir que cuando se pusiese a gobernar, de haber sido elegido presidente, hubiese pasado lo mismo que en el gobierno de Frei.
La Democracia Cristiana, antes del gobierno de Frei Montalva, hablaba de que su proyecto no era capitalista ni colectivista, sino comunitario. Y durante el gobierno de Frei Montalva no se avanza nada hacia el comunitarismo. Sí se hace una política de reformas de gran importancia”.
¿Fue un error de la Unidad Popular el no valorar ni proteger la democracia representativa entonces vigente en Chile?
“Sí. Darse cuenta que partiendo de la democracia representativa había que profundizarla, y en ningún caso eliminarla. Hubo ahí un error táctico muy complicado.
Allende, queriendo siempre avanzar por la democracia, sin embargo se mete en una estrategia muy compleja, que es la de las reformas extraparlamentarias. Como no hay mayoría en el Parlamento consigue, con la colaboración de Eduardo Novoa Monreal, unos resquicios legales que le permiten intervenir industrias. Eso genera una tensión que se suma a la que ya existía debido al triunfo presidencial. (Démonos cuenta qué significa en una sociedad capitalista que triunfe un candidato marxista que está dispuesto a llevar adelante reformas en la dirección de una democracia transformadora).
Los resquicios legales colaboran a la polarización del sistema político. Además dejan fuera de juego al Parlamento, no pudiendo los demás partidos discutir las reformas.
La oposición a Allende presenta entonces en el Parlamento un proyecto –el de las tres áreas de la economía- que limita lo que el gobierno puede hacer, y terminan por imponerlo. Eso se hubiese evitado mediante una negociación con la Democracia Cristiana.
Era difícil el éxito de tal operación. Quizás habrían tenido antes que triunfar en la DC sus sectores más de izquierda, dejando en la sombra a los más cercanos a Frei. Pero eso implicaba llegar a acuerdos. Tanto Patricio Aylwin como Renán Fuentealba, del centro y la izquierda de la DC respectivamente, estuvieron negociando.
Estos sectores intentaron evitar que el partido fuera fagocitado por la derecha, abogando por su permanencia en el centro. Pero para quedarse en el centro, cuando está tensionada por los dos lados, es muy difícil. El único modo es ofrecer alianza. La derecha ofrece alianza, y la izquierda no fue capaz de hacerlo. Debido a la disputa entre los partidos, la postura más sin tranzar de los socialistas, las timideces de la postura de los comunistas, que no le entregan a Allende todos los medios para que eso pudiera hacerlo, en fin, fracaso, crisis.
Yo creo que no nos imaginábamos el gobierno militar que iba a venir después. Yo creo que nosotros teníamos en la mente la idea de que si venía un golpe sería un golpe corto que le entregaría pronto el poder a los civiles, y después de un tiempo volverían a haber partidos y elecciones. La DC también creía esto. Pero inmediatamente que viene el golpe, se hace un golpe contra revolucionario. La derecha inventa su propia revolución, capitalista neoliberal. Con la destrucción consiguiente del movimiento social, de todo el movimiento obrero, de los partidos, del congreso, de todo.
Posteriormente, avanzando el tiempo, sobretodo a partir de 1979, el capitalismo neoliberal se impone en Inglaterra y los Estados Unidos sin necesidad de un golpe de estado. Pero acá fue hecho por un golpe de estado. Después este neoliberalismo, retocado por la Alianza Democrática y la Concertación, que no es el mismo de Sergio de Castro, siguió rigiendo el diseño de políticas económicas y sociales, construyendo una sociedad cuya economía está sobretodo basada en el mercado y donde el estado juega un rol puramente subsidiario”.

Valoración de Frei Montalva
Hace usted en su libro El deseo de otro Chile una valoración bastante positiva del gobierno de Frei Montalva, lo cual es extraño viniendo de un pensador de izquierda.
“Yo con otros quebramos el partido Demócrata Cristiano. Yo era un personaje totalmente secundario, prácticamente no militaba en la DC. Pero cuando Rodrigo Ambrosio, Enrique Correa, Juan Enrique Vega, quiebran la DC, yo me meto al Mapu y formo parte de su comité central.
Pero bueno, yo creo que el gobierno de Frei Montalva es un reformismo orgánico. Es decir, asume tareas que dejó pendientes el Frente Popular, entre ellas el campo.
Todos sabemos que los gobiernos de los Frentes Populares no se pueden meter en el campo. En vista de las dificultades para ello, llegan al pacto parlamentario que impulsa la Corfo. A cambio de los votos a favor de la Corfo, la Izquierda estabiliza los sindicatos en el campo: hace que no tengan una política agresiva. Las políticas de la reforma agraria dejan así el campo más o menos intacto, pese a que había sindicatos que estaban bullendo, los aplacan. Aparece la CUT, que es industrial, comercial y bancaria, pero no es campesina.
Sólo en el gobierno de Frei Montalva irrumpen las confederaciones campesinas en torno a los programas de la reforma agraria. Esta reforma es muy importante, marca su gobierno y hace que sea un gobierno de reformas. Pese a que es un gobierno que se paraliza en 1967.
Entre este año y 1970, hay una derechización del gobierno de Frei. Esta derechización le pasaba a casi todos los gobiernos, porque la inflación empezaba a subir producto de las políticas redistributivas de ingreso. Frei hace una política redistributiva y después tiene que frenarla para evitar que la inflación suba demasiado. (Se diagnosticaba que la causa de la inflación tenía que ver con el aumento de salarios, que no era evidentemente la única causa).
El gobierno de Frei termina con las matanzas de Puerto Montt y El Salvador. No se dice que estos hechos, típicos de los gobiernos hasta entonces, no sucedieron durante el mandato de Allende. Pero así y todo valoro positivamente el gobierno de Frei. Es un gobierno de reformas muy importantes: agraria, educacional, alfabetización. Es un gobierno campesinista, se centra en el campo, y en la integración latinoamericana.
Sin olvidarse que el gobierno de la DC fue de partido único, que no quiso abrirse hacia la izquierda nunca, lo que le hubiera permitido profundizar desde 1967 en adelante, en vez de derechizar. Si hubiese tenido pactos con la izquierda hubiese sido una sociedad más movilizada, sumando ambas fuerzas”.
¿Cree usted que fue un error romper la DC en 1969?
“Bosco Parra, Luis Felipe Ramírez, Luis Maira, decían que era un error, y que había que seguir intentando influir en la DC.
Yo creo que era un signo de esos tiempos. Rodrigo Ambrosio decía entonces que el que no era marxista en una revolución, era un pelo de la cola.
Este paso acelerado del cristianismo de izquierda al marxismo está marcado por el deseo de influir en el proceso revolucionario. La idea era influir en la vía no capitalista de desarrollo que se estaba planteando con la Unidad Popular. Entonces hay un grupo que se retira de la DC y la quiebra.
Los que decían que era un error quebrarla, también terminan quebrándola después. Porque Bosco, Pedro Felipe Ramírez, Lucho Maira también se retiran después ya estando en el gobierno la UP y forman la Izquierda Cristiana.
Pero el Mapu decide hacerse marxista. Cuando Rodrigo Ambrosio va a hablar con Allende, el presidente le dice: “Pero compañero, para qué queremos otro partido marxista, si ya hay dos, por qué no son cristianos de izquierda”. No sé que le habrá contestado Ambrosio, pero me imagino que le habrá dicho que el Mapu quería estar con la ideología de los que estaban a fondo con la revolución chilena.
En el Mapu teníamos la ilusión de ser la fuerza nueva del marxismo. Es interesante la postura que tomamos frente a Allende. Nosotros presentamos a Jaques Chonchol como candidato presidencial en 1970, contra Allende, a quien considerábamos un aburguesado.
Después cambiamos de opinión, estuvimos cerca de Allende y los comunistas tratando de llevar políticas moderadas pero que avanzaran en mayor democracia, legalizando las reformas. Nos dábamos cuenta, el presidente Allende también, que era necesario volver a las discusiones al interior del Parlamento, institucionalizar, porque lo otro tensionaba mucho el sistema político”.
¿Un bloque de centro-izquierda hoy?
La valoración más bien positiva del gobierno de Frei Montalva, ¿puede ayudar a pensar que es posible hoy un bloque por los cambios que junte al centro y la izquierda?
“Yo en ese tiempo aspiraba a un pacto entre la Izquierda y la DC. La Izquierda de esa época, socialista-comunista, que se declaraban marxistas y revolucionarios, pero que al mismo tiempo se daban cuenta –sobretodo los comunistas- que había que avanzar gradualmente en la dirección de la vía chilena. Eso no resultó.
Y viene a resultar después el pacto de centro izquierda para las políticas que desarrolla la Concertación. Tengo una visión matizada de la Concertación, no he sido jamás de ella, no voté por ellos nunca, salvo en segundas vueltas presidenciales. Hay avances en algunas cosas, pero no lleva adelante el crecimiento con equidad”.
¿Sigue vigente hoy esta idea del bloque centro izquierdista?
“Sí, y ahora ha tomado una nueva posibilidad con la política de los comunistas. Desgraciadamente no han hecho ellos un planteamiento muy articulado sobre lo que quieren. Va en la dirección de un bloque de gobierno en el cual los comunistas también participen junto con la Concertación.
Sería un bloque de tres patas por lo menos. Tiene la enorme dificultad de que la DC mira con mucha reticencia ese tipo de política. Puede estar por pactos electorales, pero no por un bloque de gobierno con los comunistas. No sólo con Ignacio Walker actualmente en la presidencia, sino con cualquiera de los dirigentes DC, porque hoy día su izquierda llega hasta Mariano Fernández nada más, no hasta Julio Silva Solar o Alberto Jerez que estaban en aquellos tiempos. O hasta Bosco Parra, ese gran político olvidado que pasó a la sombra, a pesar de tener un gran talento y capacidad.
Hoy no creo que a los DC vaya a ser fácil convencerlos de la necesidad de un bloque de gobierno junto con los comunistas. No sé si esa es la mejor política para los comunistas.
Yo preferiría de parte de ellos una política autónoma. Ser una oposición de izquierda. Eso los lleva a no gobernar, pero hacer una buena oposición es muy importante en un sistema político como el chileno. Y es muy importante para llevar adelante las ideas que ellos propician.
Porque para entenderse con la Concertación, estando en ella la DC, los comunistas van a tener que derivar hacia programas donde los elementos principales -por ejemplo lo que planteó Arrate en la campaña presidencial-, difícilmente se van a poder realizar. Entonces estos planteamientos quedarían para una plataforma casi de futuro, en aras de una política mucho más moderada junto con la Concertación.
Pero parece que los comunistas se están orientando con la idea de ser fuerza que participa del gobierno de Chile. Por ahora eso se hace con pactos moderados. El PC es un partido muy colectivo, discuten verdaderamente. Cuando me tocó dirigir la campaña presidencial de Gladys Marín observé cómo funcionaban: me llegaba a poner nervioso de tanto colectivismo. Todo lo deciden en discusiones, de la comisión política o el comité central. Tengo la impresión de que en el comité central hay posturas diversas frente a este tipo de políticas.
Sería interesante que los comunistas dieran luces sobre sus discusiones, prácticamente no han dado cuenta de nada en el último tiempo. No han dado cuenta ni de la rebelión popular de masas, menos acerca de qué paso con el socialismo real. Ahora espero que me digan cuál es la política de ellos. La de Jorge Arrate sí sé cuál es, leí sus textos y planteamientos, pero creo que no es la de los comunistas. Vemos que Arrate pasó a la sombra, habiendo sido un gran candidato presidencial, eso muestra que algo está pasando en el PC, por lo tanto algo está pasando en una parte de la Izquierda que para mí es muy importante”.
Jóvenes y política en Chile
¿Cómo ve hoy a la juventud?
“Yo conozco a los jóvenes universitarios, y de una universidad atípica como el ARCI. Atípica no porque tenga mucha participación de los jóvenes en posturas políticas, todo lo contrario. Eso se ha perdido, lo que muestra que los jóvenes están al margen.
No es que los jóvenes estén todos en el conformismo. Una gran parte de la sociedad chilena lo está, y parte de los jóvenes también. Sí están los jóvenes en una postura que no quieren nada con la política. Yo creo que es una línea que hay que combatir fuertemente.
Hay que reivindicar la política y los partidos, para tratar de mejorarlos, por supuesto. No hay democracia sin partidos, porque sino se instala una democracia de líderes, que creo que es peor que una democracia de partidos. Tiene que haber líderes, pero también partidos”.
¿Cómo cree usted que se puede empezar a superar la situación actual, con una hegemonía aplastante de las derechas y el capitalismo salvaje?
“Son necesarias muchas cosas. Medios de comunicación comunitarios que operan en ciertos espacios. La acción de diversos grupos, algunos coordinados entre sí, otros no, algunos de acuerdo, otros en desacuerdo, tiene que haber todo eso.
Pero también tienen que haber partidos, por mucho que se desprecien. Lo que hay que hacer con ellos es tratar de que cambien. Hay que hacer políticas desde la Izquierda en defensa de los partidos, como instrumentos de democratización de la sociedad chilena.
Esto es largo, difícil. Yo mismo no sé cómo ponerme en movimiento para hacer estas cosas. Doy opiniones, que es algo importante porque podrían suscitar discusiones. Pero más que eso, no tengo grupo donde vincularme. Trabajé mucho tiempo con los comunistas, y me gustaría seguir haciéndolo en función de lo que hemos conversado. Creo que están en esto, pero ahora con las políticas de acercamiento a la Concertación no sé en qué van a derivar”.
Papel de las ideologías
Contra la corriente dominante, usted reivindica las ideologías en la reflexión y la práctica políticas.
“Claro. Como fundamento de estrategias democratizadoras profundas.
La entiendo como un conjunto de conceptos, teorías y discursos que buscan darle fundamento a estrategias de democracia representativa. Que implican, primero, que arreglemos cuentas con nuestro dualismo frente a la democracia representativa, que la analicemos y fijemos su valor. Y que arreglemos cuentas con el marxismo que tuvimos, sin renunciar a él.
Yo me siento marxista, pero hay que construir un marxismo del siglo XXI. Y hay otros que no se sienten marxistas, y hay grupos que tienen que ver con la ecología, que hacen críticas de fondo al capitalismo actual, a los que hay que vincularlos y actuar con ellos.
En esto veo necesario a los partidos, porque son organizaciones que tienen un conjunto de militantes de diferente jerarquía al interior de las organizaciones, que deberían ubicarse en los sectores populares, los sectores medios, los intelectuales, las mujeres, gente interesada en la política, para intentar llevar adelante este tipo de política.
Algunos militantes estarán sólo interesados en el poder al interior de la organización, pero otros están interesados genuinamente en la política. Esos militantes de base no quieren ser presidentes de la república, quieren participar en política.
Hay por delante un lento proceso de construcción de una democracia más profunda, que no niegue la democracia representativa, pero busque ir más allá a través o a partir de la propia democracia representativa”.
- “El deseo de otro Chile”, Tomás Moulian. Editorial LOM.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Chile y España: tan cerca y tan lejos


Por Pedro Armendariz

Chile y España, para un nieto de vascos y catalanes, son dos realidades que se viven propias, más aún si se ha vivido años en ambos países.
Así, el asunto Jorge Segovia se transforma por esa vía en algo personal.
Lo mismo ocurre con el caso del escritor chileno Carlos Franz, quien durante los mismos días en que supimos del contubernio para sacar de la ANFP a Harold y Bielsa, publicaba una columna en el diario madrileño de centro derecha El País.
Segovia en Santiago y Franz en Madrid, expresan cada uno a su manera el desconocimiento, ignorancia, falta de respeto y decoro de variados actores y opinantes ante las realidades y valores del respectivo país al cual han llegado atravesando el charco.
Soberbia en ambos, crédulos de ser portadores de la verdad. Jorge Segovia ultrajando el ser del país al cual emigra con camas y petacas.
Carlos Franz con la ignorancia o algo peor a la hora de habitar en España buscando colgarse a la estela del boom literario de los años sesenta, según cuenta en la columna de El País. (Reconoce que tal objetivo, anhelo o sueño lo llevó primero a instalarse en Barcelona. Al poco tiempo, al descubrir que en la ciudad hay muchos catalanes, y que más encima hablan catalán, decidió trasladarse a Madrid. A Franz le pareció mal, según confiesa en la columna señalada, que en Catalunya la educación pública no le diera la posibilidad de poner a su hija en un colegio bilingüe castellano-ingles. Los funcionarios catalanes le señalaron que tendría que llevar a la niña a un establecimiento privado si quería recibir tal tipo de educación).
Jorge Segovia ofende al país que lo acoge, porque participa en un contubernio al cual llama majaderamente proceso democrático. En un país, en cualquiera, pero particularmente en Chile, que a duras penas trata de construir una democracia que se precie de tal, la actitud y el actuar de este propietario de empresas educacionales es altamente indignante. Es atropellador, mal educado, prepotente y belicoso. No llegará a limpiar su imagen por mucho que lo intente, con la ayuda generosa e interesada de los medios que ya ponen su cara con una sonrisa de inocente paloma en sus portadas.
En su cruzada Jorge Segovia no está solo. Lo acompañan aquellos empresarios españoles llegados los últimos veinte años al país, a hacer negocios y ganar mucho dinero en sectores claves de la economía. Colonizadores del siglo XXI, que cuentan con la complicidad interesada de ejecutivos y políticos chilenos yanaconas de terno y corbata de finas telas.
Si Jorge Segovia es el cinismo fascista, Carlos Franz es la cuadratura de la ignorancia de un chileno que no ha escuchado, leído o pisado España en su vida.
Su columna en el diario español se titula “Nacionalistas, vayan y vean”. Una invitación a los que Franz llama nacionalismos periféricos de España, a que conozcan en nuestra tierra suramericana el daño que los nacionalismos cultivados en los diferentes países han causado a lo largo de dos siglos.
Tiene razón Franz en el punto, donde se equivoca, creo, es a la hora de meter de buenas a primera en el mismo saco a los nacionalismos latinoamericanos y las reivindicaciones y anhelos de catalanes, vascos, andaluces, gallegos y asturianos.
Olvida u oculta Carlos Franz que estos pueblos han sido oprimidos históricamente por un nacionalismo que él no nombra, y que a la hora de evaluar los daños de los nacionalismos no tiene equivalente en la península: el nacionalismo español, centralista y totalitario, claramente imperialista, en su momento en América, y hoy todavía en España en aspectos muy importantes.
Carlos Franz está ciego a la formidable variedad de pueblos que componen España, y ata sus conceptos a una visión propia de una España que no acepta las nuevas realidades, negando el derecho a la autonomía, y si lo determinaran democráticamente sus habitantes, a la independencia del Estado español.
En Suramérica necesitamos y buscamos nuestra integración. Es España, en la España de los diferentes pueblos, está pendiente una integración que no le tema a que cada uno de aquellos pueblos que la componen en toda su identidad, que es enorme, histórica, y parece que Franz no ha percibido.

domingo, 14 de noviembre de 2010

COLLAHUASI COMPRA CONCIENCIAS Y DESTRUYE LA NATURALEZA EN TARAPACÁ


Por Pedro Armendariz

La huelga que llevan adelante estos días los trabajadores mineros de la empresa transnacional Collahuasi, ha dejado al descubierto las miserias sociales que esta compañía extranjera siembra desde hace años en la ciudad de Iquique.
Miseria, en primer lugar, moral. El desmesurado poder económico de Collahuasi es un factor de perturbación de la vida social iquiqueña. A él se han rendido autoridades políticas y militares, periodistas y rectores de universidades, dirigentes sociales y religiosos.
Millones de dólares en dádivas, administradas por los ejecutivos de Collahuasi, que compran voluntades, oportunos silencios o declaraciones.
Por estos días la Armada y la municipalidad de Iquique están construyendo una réplica de la corbeta Esmeralda del tamaño de la original. El costo de semejante obra es de más de cinco millones de dólares. ¿De dónde provienen los fondos? De la minera Collahuasi, atenta siempre a sacar partido de su participación a la hora de poner plata.
(La iniciativa de instalar una réplica de la Esmeralda en la costanera de Iquique, y hacer de ella un negocio, es de por sí un tema aparte. Cuando la primera meta de toda gestión social y política en la ciudad debiera ir en la senda de la integración regional con los países vecinos, es una aberración, falta de inteligencia y sensibilidad seguir resaltando el doloroso pasado, en este caso con una réplica del mayor símbolo del conflicto bélico fraticida).
En el desarrollo de la actual huelga de los mineros de Collahuasi no aparecen en escena los máximos ejecutivos extranjeros de la empresa residentes en Chile, ni sus serviles empleados chilenos de alto rango en la empresa.
La minera transnacional comunica sus posiciones e influencia a la opinión pública a través de la vocería de su departamento de comunicaciones, y a través de la orquesta de medios de comunicación que tiene a su servicio en la región y el país, destacando por su mala leche en este papel el diario La Estrella de Iquique.
La campaña contra la acción de los mineros difunde la idea de que estos son unos privilegiados, que ganan millones de pesos, a años luz del común de los hombres y mujeres de trabajo. Si bien esto es verdad, es una canallada evidente su utilización para deslegitimar a los trabajadores.
Otro aspecto que buscan los ejecutivos de Collahuasi y sus medios de comunicación, es dar la impresión de que los mineros en huelga son violentos. Hoy sábado el diario La Estrella lleva como primer titular una pelea entre manifestantes y un taxista. El texto de la crónica -al margen que sea condenable un hecho de violencia menor-, es una auténtica diatriba contra el sindicato de los mineros y su movimiento reivindicativo, y un llamado claro a reprimir a los mineros. (Acompaña a la crónica sobre el incidente, un texto con declaraciones de la vocera de Collahuasi, Bernardita Fernández, que entre otras cosas dice: “Lamentamos los hechos de violencia que protagonizan los mineros y que están afectando a la comunidad”).
Ha sido bochornoso también leer declaraciones contrarias a los mineros por parte de dirigentes de organizaciones sociales que en su accionar han recibido o reciben plata por parte de la minera Collahuasi.¡¡¡Ellos condenando a los mineros, que son los que hacen posible que tales platas lleguen a sus oscuros bolsillos!!!
Una de estas organizaciones, que reúne a personas y familias pampinas o descendientes de pampinos, ha reclamado por la ocupación que los mineros en huelga han hecho de la histórica escuela Santa María de la ciudad, donde fueron asesinadas miles de personas el año 1907. El argumento es afirmar que estos mineros millonarios de hoy cometen un sacrilegio al instalarse en la escuela y aparecer como colegas de oficio de sus antepasados, que sí eran obreros auténticos dada su pobreza.
Collahuasi en el norte tarapaqueño no sólo corrompe las conciencias. También contamina y expolia la naturaleza. Hace un uso del agua que tiene en riesgo los ecosistemas y ya ha causado graves daños. A ello se suma la contaminación del medio ambiente, en la cordillera y en el puerto de Patache, propiedad de la minera donde además tiene una planta productora de molibdeno.
A las aguas -siempre escasas en el desierto-, que la minera utiliza en su proceso de producción, se suma el agua del ducto minero que traslada el mineral desde la alta cordillera a Patache. Más de ciento cincuenta kilómetros de caudal que debiera ir a la agricultura en quebradas, oasis y la pampa.

jueves, 28 de octubre de 2010

INTEGRACIÓN Y MAR PARA BOLIVIA


Por Pedro Armendariz

Las fronteras son cicatrices que torturan el cuerpo de nuestro mundo austral, que en el caminó perdió y aún no encuentra nombre inequívoco. ¿Cómo llamarlo? Ninguno de ellos es auténtico y satisfactorio. En una de sus últimas entrevistas, José Saramago decía que él prefería para nuestro continente –desde México a la Patagonia- el nombre de Suramérica, antes que Latinoamérica, y, por supuesto, que Hispanoamérica, aún más cargado de resabios imperiales.
La madre patria no parió nuestras repúblicas. Cada una de ellas la invoca, pero no son sus hijas. Nos legó la madre fiera, a través de su ibérica y prepotente violencia imperial, la posibilidad real de tener el sueño de la unión continental.
Suramérica, construida no con el afán imperial de un poder dominante que ordena a los otros en una totalidad. Ahora espera lograr su unidad, ayer imperial, mediante la democracia y el entendimiento fraterno.
El problema que arrastra la historia con nuestros vecinos del norte, Perú y Bolivia, encuentra trabas en su solución no sólo a nivel institucional y en el fuero interno de los dirigentes políticos de los tres países. El principal obstáculo o freno está en los habitantes de cada uno de los países, que, en porcentaje escandaloso, adhieren a la estrechez y el egoísmo del lado feo y destructor de la idea de nación.
Proponer un plebiscito para determinar el camino a seguir es una idea loable. También puede ser una trampa para darle un portazo inédito a la solución necesaria.
(Plebiscitos debieran haber también en Chile sobre abundantes temas nacionales, regionales y locales).
En el norte la primera necesidad es la paz, que no es solo la ausencia de enfrentamiento bélico. No se la menciona como bien valioso. No se ama la paz, se ama y venera la guerra. Porque ya es estar en guerra levantar y armar un ejército, incluso con la justificación de la defensa preventiva.
No hay un camino de futuro fértil que no pase por la integración entre nuestros países, que borre las cicatrices fronterizas. Cicatrices que, a diferencia de las de un cuerpo afectado, pueden desaparecer, al estar alojadas en la mente y sus sentimientos, posibles de cambiar gracias a la compresión de lo que está en juego.
Para poder eliminar la tontera del nacionalismo y las fronteras hay que tomarle el peso a su estupidez.
En Iquique, donde he vivido por años, entristece ver a padres y maestros de escuela llevar a sus hijos a desfilar cada domingo en conjunto con fuerzas armadas en la plaza principal de la ciudad. Es un espectáculo que se multiplica en pueblos y ciudades de nuestros países.
Mientras tanto cunde la pobreza a un lado y otro de las fronteras-cicatrices, y se gastan miles de millones en armas de todo tipo, cada vez más letales en su maldita perfección.
No es popular la idea de la integración entre Perú, Bolivia y Chile en el norte, abriendo también las puertas al norte argentino, a Paraguay, Brasil. Los políticos locales de Iquique y Arica, saben del nacionalismo constreñido alojado en una muy probable mayoría de ciudadanos que tributan con el voto cuando es día de elecciones. Con la excepción en Iquique y en el norte grande en su conjunto –todo hay que decirlo-, del denostado y peculiar ex alcalde la ciudad, Jorge Soria, que ha planteado la necesidad de facilitar a Bolivia un territorio costero soberano.
A la hora de buscar soluciones prácticas al problema histórico, es esclarecedor el libro publicado hace unos seis años por el profesor Oscar Pinochet de la Barra, “Chile y Bolivia:¿Hasta cuándo?”, de editorial Lom.
En él, el autor, que lleva toda su vida reflexionando sobre el conflicto, señala que la solución más posible es la del establecimiento de un enclave costero boliviano al norte de Arica. No un corredor, que eliminaría la frontera de Chile con Perú.
Junto al enclave, y como condición para el futuro próspero de este, y de la operación de integración en su conjunto, Pinochet de la Barra señala la necesidad de establecer en torno a él de una gran área de integración de los tres países.
Mientras -esperamos que así sea- avanzan las negociaciones institucionales con Bolivia, y con Perú cuando corresponda, echamos de menos las manifestaciones a favor de la integración y la paz desde la sociedad civil, personas y organizaciones, principalmente del norte. Su papel es muy importante para hacer darse cuenta a chilenas y chilenos habitantes de estas tierras, que con la integración regional se gana y no se pierde, en la conservación de la paz y el desarrollo moral y material de nuestros pueblos.
Crucesinbarreras.blogspot.com

sábado, 23 de octubre de 2010

ECUADOR EN LA ENCRUCIJADA


Por Pedro Armendariz

Ecuador tiene una cualidad difícil de expresar en palabras, pero tan cierta como la Plaza San Francisco de Quito. Para un chileno, que a los 21 años vivió el golpe de estado de 1973, se revela en el descubrimiento de que los ecuatorianos tienen una ingenuidad que nosotros perdimos.
El crimen político tiene consecuencias que atraviesan el corazón y distorsionan la mente de los pueblos que lo sufren.
No es que en Ecuador no exista la violencia y la injusticia social. Existen y profundas, es una sociedad clasista y racista, como la chilena.
Pero ellos no han tenido una dictadura como la que vivimos en Chile. Es algo que uno lo siente en el aire en Ecuador. Un patrimonio intangible y valioso.
A diferencia de Chile, en Ecuador los golpes de estado, tres en los últimos doce años, se han dado sin víctimas mortales. El cuarto golpe, (que más que un fracaso parece haber sido un globo sonda para un futuro y definitivo intento), el pasado 30 de septiembre tuvo un número de víctimas mortales de al menos cinco personas. Este solo hecho demuestra que las cosas se pueden terminar desbordando hacia un muy mal cause en ese querido país.
Se juegan en Ecuador asuntos de gran calado. El fondo del problema es el modelo de desarrollo económico, político y social que tome el país.
Hay dos campos de acción fundamentales en los cuales el gobierno que preside Rafael Correa se muestra en deuda: los pueblos originarios y la protección del medio ambiente, en un país con una naturaleza extraordinaria.
Es una deuda también porque el presidente Correa llegó al gobierno con el apoyo de aquellos pueblos y del movimiento ecologista, relacionados ambos, a los cuales se comprometió a facilitar el logro de sus demandas y objetivos de carácter histórico.
Hasta ahora no lo ha hecho. Al contrario, ha estigmatizado y perseguido a unos y otros, motejándolos de izquierdistas y ecologistas infantiles.
Las discrepancias son frontales. Los pueblos indígena-ecológicos, y el movimiento ecologista con sus numerosas organizaciones, reclaman un uso del agua que priorice la vida humana, animal y vegetal, y quieren que en los territorios ancestrales de los pueblos selváticos, y también serranos, no se permita la actividad minera y petrolera. El gobierno, al contrario, proyecta extraer petróleo y explotar minas.
El tema, en definitiva, es la democracia: qué quiere el pueblo, no el gobierno. Los sueños acerca del Ecuador son diferentes en la mente del presidente y su gobierno y en las de indígenas y ambientalistas.
Con su actitud y políticas derivadas de ella, el presidente Correa está cerrando la puerta a la construcción de relaciones sociales que hagan realidad la existencia y expresión de nuevos paradigmas sociales, como lo quieren y pueden hacer los sectores demandantes involucrados, paradigmas a los que debería estar adscrita la revolución ciudadana que dice representar su gobierno.
El estado actual del mundo hace evidente a los latinoamericanos que en nuestros países, en la mayor parte de los casos, es más importante el cuidado y respeto de la naturaleza, que los proyectos de inversión para explotar sus recursos. Cuanto de mayor envergadura sean tales proyectos y empresas, más grande es el daño medioambiental y el consiguiente perjuicio grave a la población. En Chile abundan los malos ejemplos, partiendo por los efectos de la gran minería en el frágil y complejo desierto nortino. Lo mismo sucede en la explotación de la pesca y de los bosques.

viernes, 15 de octubre de 2010

LA IMPOSTURA BÁSICA DE PIÑERA


Por Pedro Armendariz

No pocos hemos quedado indignados con Piñera y su camarilla a raíz del espectáculo grotesco que han montado para la televisión con el rescate de los 33 mineros.
Hay una impostura básica en el Piñera político, que algunos, no pocos, la advertimos a primera vista cuando empezó su espectáculo a principios de los noventa con la llegada de la democracia existente, fundamentalmente oligárquica y plutocrática, que le venía y le viene como anillo al dedo.
Viendo su forma de ser-actuar en los negocios y la política, desaforada, ultra competitiva y atrozmente individualista, me recuerda Piñera a un monstruito que aparece en la historia que cuenta la película de dibujos animados de los Beatles, El Submarino Amarillo, un personajillo pequeño, tensionado, enloquecido en el fondo, que dedica su tiempo a succionar todo lo que encuentra a su paso febril. No hay nada ni nadie que se salve de ser aspirado por su bocaza si se cruza en su camino. El problema es que es tal el delirio del personaje, que en un descuido termina aspirándose a sí mismo al no advertir que lo que se movía a su espalda era su propia cola. Ayer, a la espera del ascenso del rescatista Manuel González, Piñera se asomó al vacío del pozo para ver en su interior, de inmediato se escuchó la voz alarmada de su esposa: “Sebastián, ten cuidado…”, provocando una gran carcajada de los presentes. La intención de Cecilia Morel no era hacer reír, ella sabe o intuye el motivo de su alarma.
Los asesores y realizadores de la política comunicacional de Piñera, construyen con la televisión una imagen del personaje acorde con su personalidad avasalladora. La televisión oficial del rescate fue una aplanadora que se pasó sobre la pasiva audiencia nacional y mundial.
La presencia machacona hasta el hartazgo del personaje, debe haber dejado chatos a un número seguro mayor de personas de las que se imaginan los autores de la impostura en La Moneda y TVN.
Ansioso por no perderse una, cuando el minero Luis Urzúa le expresó que su reflexión principal al salir de la mina era la necesidad de hacer todo lo posible para que algo semejante nunca más vuelva a ocurrir en el país, Piñera le respondió que en los próximos días dará a conocer un plan conducente a remediar los peligros y daños que sufren en los rubros principales de la actividad económica los trabajadores chilenos.
Todos hemos tomado nota, nuestro presidente omnipotente, con la ayuda del buen dios que dice tener a su lado, ha dicho, y no podemos dudar de su palabra, que al menos se tomarán medidas para no jugarse la vida por carencia básicas de seguridad en la pega, no solo minera, también en la construcción, la industria, la pesca, la agricultura y el transporte.
Los cientos de miles de trabajadores implícitamente aludidos tienen la calle esperándolos para manifestar que ellos están en condición carencial, empezando por los propios mineros subcontratados en la gran minería.

lunes, 23 de agosto de 2010

Los masones y la República: Dos siglos caminando juntos


Por Pedro Armendariz


La Masonería ayudó a nacer a la República de Chile y la ha acompañado en sus primeros doscientos años de vida. Conversamos con el Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, Luis Riveros Cornejo, sobre el papel histórico de los masones en el país, desde la Independencia al día de hoy. Profesor titulado en Historia y Geografía Económica por la Universidad Técnica del Estado, Riveros, 61 años, estudió también Economía en la Universidad de Berkeley. Ha sido asesor del Banco Mundial y la Unesco. Actualmente es director de la Asociación de Universidades del Asia-Pacífico. Entre 1994 y 1998 fue decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de Chile. Elegido el año 1998 rector de esta universidad, desempeñó el cargo hasta el 2006.


¿Ha perdido importancia la Masonería en Chile durante las últimas décadas?
“En los debates del siglo XX hubo personas y partidos que ejercieron liderazgo. En la gran lucha por el Estado laico, que se plasma en la Constitución de 1925, hubo grandes actores políticos, como Enrique Mac-Iver y Valentín Letelier, y líderes, como Arturo Alessandri, masones. Había una canalización de ideas hacia la sociedad desde la política, que alcanza su auge en los gobiernos radicales por el impulso a la educación y la industria de Pedro Aguirre Cerda. La Masonería tenía mucha influencia en la Universidad de Chile. El rector Juvenal Hernández y quienes lo siguieron eran masones. El presidente Salvador Allende, que no era masón en sus tiempos de ocio sino todo el día, utilizaba la política también para impulsar sus ideas, proponer los debates que consideraba necesarios, y ahí trascendía un poco la influencia y el sentido de la Orden.
Hoy ha cambiado la política. Se discuten menos ideas, hay pocos debates sobre principios y temas nacionales. La política es instrumental, de corto plazo, más medial que comunicacional. La Masonería está alejada de eso”

La liviandad política, intelectual y espiritual dominante en la sociedad, ¿la ha afectado?
“Yo creo que sí. Hay una tendencia en la vida moderna que perjudica a instituciones destinadas a la reflexión. El materialismo nos invade y privilegia resultados financieros ante el valor de las ideas. Esto influye al interior de la institución que debate cuestiones que tienen que ver con principios”.

¿Se acerca gente por motivos mundanos a la Masonería?
“Sí. Por eso hay un sistema de selección que, como todo sistema de selección, tiene sus fallas. Luego tenemos un sistema de promoción. Como aprendices durante dos años somos observados para ver qué es lo que efectivamente vamos a buscar, aparte de lo declarado. Muchos van por relaciones sociales, o creen que se trata de un club, o piensan que es una oportunidad para lograr metas individuales. Ese es un camino equivocado”.

Pensando a Chile
¿Cómo se plantea la Masonería su tarea de influir en la sociedad actual?
“El mensaje de la Masonería es transversal. Nos interesa llegar a quienes toman las decisiones, con un mensaje de lo que esperaríamos nosotros en los temas que nos incumben. Llegar a la gente joven a través de la educación, en las universidades, porque de ahí hay que rescatar a los que van a seguir pensando a Chile. Esto no está ocurriendo, estamos dejando el país a las fuerzas del mercado. Nos interesa llegar a la gente, promoviendo principios importantes como la fraternidad, la equidad”.


¿Se han superado los conflictos con la Iglesia Católica?
“Fueron peleas muy importantes, sobretodo durante las tres primeras décadas del siglo XX. Peleas que venían del siglo anterior. Los patriotas independentistas eran personas ligadas a movimientos masónicos chilenos e internacionales. Bernardo O'Higgins había sido iniciado. Lo mismo José Miguel Carrera en los Estados Unidos. Tenían influencia intelectual francesa e inglesa. Y la Iglesia estaba al frente, al lado de la Corona. De ahí vienen estas dos corrientes que se enfrentan por el modelo de sociedad y sus aspectos concretos.
Educación pública y laica, la Universidad de Chile, la escuela normal de preceptores son logros en los que participó la Masonería. Andrés Bello, que había sido masón, impulsó y propició este tipo de pensamiento. Al fin de aquella etapa, José María Caro escribió su obra “Corriendo el velo”, donde ataca injustificadamente a la Masonería. Pienso que luego, ya siendo cardenal, debe haberse autocriticado con ocasión del Congreso Eucarístico Internacional celebrado en Chile al comienzo del gobierno de Pedro Aguirre Cerda, que dejó de lado mucha de la crítica prefabricada contra la Masonería. A finales del siglo pasado en Chile y el mundo ha tendido a haber un reencuentro. Nos hemos dado cuenta que el humanismo es común a las iglesias cristianas y a los movimientos laicos”.

Claudicante ante la dictadura

¿La Masonería fue conciliadora o prescindente ante la dictadura cívico-militar?
“Fue indulgente, especialmente en materias tan delicadas y esenciales para los principios del humanismo como la protección de los derechos humanos. Hubo una actitud de prescindencia, casi de aislamiento de la realidad del país. Esto causó problemas al interior de la institución. Muchos sectores reclamaban una actitud más activa en defensa de principios fundamentales. Fue una etapa conflictiva que la hemos ido superando. Hubo una actitud inconsecuente con nuestros principios. Por otro lado, también la Masonería protegió y ayudó a personas perseguidas, que creo es lo mínimo que se podía hacer. Pero a la vez se le dio la espalda a muchos prominentes masones en un momento tan crítico y doloroso. Por ejemplo, al general Bachelet. Se indujo la clausura de la logia en la que trabajaba Salvador Allende. Los masones de todo el mundo han sacado lecciones de esto. En muchas partes la Masonería fue perseguida, y ese temor abundó en Chile durante los primeros años de la dictadura. En todo caso, yo creo que el juicio es que la Masonería en Chile debió haber tomado un rol más activo en la defensa de los principios que le son propios”.

¿Esta omisión tiene sus causas en la estructura institucional de la Masonería, o en distintas posiciones ante el golpe de Estado y la dictadura?
“Los que vivimos esa época recordamos la polarización, que afectó también a la Masonería. En el país estaban las bases para el desencuentro estructural que se produjo. Creo además que, dada la importancia de la figura fundamental del gran maestro en la Masonería, quien ocupaba este cargo no tuvo la energía, la visión, yo diría que tampoco la claridad de mente para poner a la orden en una posición distinta. No de oposición al gobierno militar, pero sí de defensa de principios contra los cuales éste atentó sistemáticamente”.

En aquellos años, masones chilenos desterrados –como el doctor Edgardo Enríquez Froedden- crearon logias en el extranjero.
Sí, hay muchos hermanos en Francia por ejemplo, donde se fundó la logia Lautaro. En Argentina la logia Salvador Allende, lo mismo en Venezuela y en México.

Radicales y masones
¿Es el Partido Radical Social Demócrata representativo de la Masonería, como lo fue antes el Partido Radical?“El radicalismo nunca fue un partido representativo de la Masonería. Por sus principios laicos era muy afín, pero no todos sus miembros eran masones, ni viceversa. Esa afinidad se mantiene en el tiempo, porque ha sido invariable el enfoque laico que tiene ese sector de la política de Estado. Así mismo, en la Masonería están representados sectores de otros partidos. Esto nos gusta e interesa”.

Si Juan Antonio Gómez (PRSD) hubiera sido el candidato presidencial de la Concertación, ¿cree usted que hubiera ganado la elección?
“Creo que sí. Él representaba el sentimiento de cambio. Sostuve entonces que la Concertación había dado vuelta la espalda a muchos de sus principios, descuidando temas fundamentales. Gómez traía una mirada distinta, y no venía de las dos grandes vertientes de la Concertación. Cuando en las primarias obtiene en las ciudades grandes, San Fernando, Talca, Rancagua, un apoyo de un cuarenta por ciento, fue una señal clara de que las cosas iban destinadas a una crítica a la Concertación y su trabajo de veinte años. No ayudó que el candidato oficialista fuera un ex presidente de la República. Pero lo que más destruyó el proyecto de la Concertación en la última campaña, fue no continuar con primarias en todo el país. Dio una pésima imagen y fue el preludio de lo que nos pasó”.

¿Hay masones en el gobierno de Piñera?
“Sí, aunque en la derecha la presencia de la Masonería es más disminuida. Hay en ella una mayor influencia de los pensamientos religiosos tradicionales, especialmente movimientos católicos fundamentalistas. Hay también mucha gente que sin ser masón tiene una actitud amplia respecto a la Masonería y lo que ha significado. No olvidan que es una entidad republicana, que gran parte de la tradición masónica tiene que ver con el liberalismo, con la libertad de conciencia, el estado laico, la equidad social y el respeto por los que piensan distinto. Son cosas que no tienen porque ser ajenas a la derecha. Ocurre que mucha gente de derecha se ha educado en la idea de que la Masonería es una organización atea, lo cual es una equivocación, a veces inducida con mala intención. La Masonería no es atea. Es una entidad que respeta todos los pensamientos religiosos con una fórmula que se llama El Gran Arquitecto del Universo, en el cual pueden participar hermanos católicos, judíos, musulmanes, quienes sean, incluyendo naturalmente a libre pensadores o agnósticos. Privilegiamos la transversalidad política y religiosa. Nos importa el respeto por las ideas, la tolerancia, que es algo que la derecha dice propiciar. Una persona puede creer en el socialismo o el capitalismo, pero inspirado en principios básicos como el respeto por las ideas, la fraternidad, la libertad de pensamiento y de expresión”.

Un país desintegrado
¿Qué opinión tiene usted de la desigualdad social existente en Chile?“Chile está entre los cinco o seis países más desiguales del mundo. Esto contrasta con ser uno de los primeros en materia de competitividad y situación macroeconómica. No estamos preparados para emprender la tarea del desarrollo económico con igualdad de oportunidades e ingresos justos. No hay un Estado activo en dar oportunidades y protección a los más pobres y la clase media. Este problema no lo hemos podido cambiar en los últimos cincuenta años. La desigualdad se profundizó con la dictadura pero se ha mantenido. Somos dos o tres países distintos, donde la gente se expresa y tiene valores y prácticas distintas. Hemos fallado en aquel gran proyecto de los gobiernos liberales de mediados del siglo XIX de construir una integración nacional. El país se ha ido desintegrando. Aníbal Pinto dijo que el país sufrió una frustración en su desarrollo durante el siglo XX debido a los grandes desequilibrios entre la realidad económica y la realidad social. Yo creo que este panorama se está repitiendo hacia el siglo XXI”.

¿Le preocupa a la Masonería el mal trato al medio ambiente y sus recursos que se práctica en Chile?
“Hay que defender el derecho de las generaciones presentes y futuras a un desarrollo sustentable. Y proteger los recursos, particularmente los no renovables, con una visión social. Esto cuestiona el cómo se explota y quién se beneficia. Es un tema abierto a la discusión”.

¿Cómo ve usted hoy a la Universidad de Chile?“Es la universidad nacional y del Estado por excelencia. Tiene, como el resto de las universidades estatales, que definir los bienes públicos que produce, marcar el sello diferenciador en sus programas. Seguimos con los esquemas de financiamiento del gobierno militar. Tiene que haber una nueva definición de la educación superior, no sujeta a un desarrollo mercantil, ni tampoco financiada por el Estado sin dar cuenta de los resultados”.

¿Qué dificultades encontró usted en su desempeño como rector de la Universidad de Chile?
“La principal dificultad que hubo fue el financiamiento. Hoy prima el mercado, y la universidad no puede estar en esa línea en pleno. El 85 por ciento del financiamiento es privado. Qué tipo de universidad es esta, es la pregunta que siempre les hacíamos a los ministros de Educación.
El segundo problema es que, junto a la obligación de competir, está sujeta a trabas administrativas que le impiden hacerlo en igualdad de condiciones. Su principal ventaja es tener académicos de primer nivel. Su influencia en el desarrollo futuro ha de estar en ser productora de académicos para el país. Hoy la Universidad de Chile no recibe preguntas, tampoco respuestas ni financiamiento por parte del Estado”.


¿Qué opina la Masonería del actual estado de los medios de difusión pública en el país?
“Hay una estructura poco amplia y diversa, que profundiza la desinformación. La presencia de la realidad internacional es casi inexistente. Abundan páginas rojas y deportivas. Salvo excepciones, el periodismo y los medios ayudan a profundizar el empobrecimiento de la cultura nacional. En nuestro país, en general, los comunicadores carecen de lenguaje e ideas. Hay que debatir y repensar el sistema”.

Factor de integración
¿Qué piensa la Masonería de las relaciones y la necesidad de integración con Perú y Bolivia?
“Desde hace años con las grandes logias de Perú y Bolivia realizamos reuniones anuales. Este mes de agosto nos vamos a reunir en La Paz. La Masonería siempre ha intentado ser un factor de integración. Lo fue durante la guerra entre los tres países. El tema limítrofe está sí ausente de nuestras preocupaciones centrales. Independiente de dónde están los límites y su origen, tenemos que promover una integración”.


¿Preocupa a los masones el armamentismo de nuestros países?
“Suponíamos que este siglo iba a cambiar la tendencia de conflictos, tensiones e intereses. La industria de las armas es la primera en promover separaciones, diferencias, visiones de geoestrategia que llevan a gastos injustificables. Chile debiera impulsar un diálogo internacional distinto con el objeto de congelar el armamentismo”.