martes, 29 de junio de 2010

Eric Hobsbawm, historiador: “Estoy seguro de que si China no hubiera estado ahí, la crisis de 2008 habría sido mucho más grave”






En la mirada de Eric Hobsbawm, la contradicción básica de hoy es que la mundialización -producto de la revolución de las comunicaciones- no ha sido acompañada de un proceso de transnacionalización política. El gran historiador inglés, autor de clásicos ineludibles sobre el siglo XX, examina la crisis actual y los vertiginosos cambios de las últimas décadas en la política global, y retrata el horizonte por venir. Una entrevista especial de la New Left Review, reproducida en castellano por el diario argentino Clarín.
Es probablemente el mayor historiador vivo. Su mirada es universal, como lo muestran sus libros La era de la revolución y La era del capitalismo. Esta entrevista constituye su más reciente ejercicio de una visión global sobre los problemas y las tendencias del mundo moderno.
LA “LOCURA” DEL PROYECTO NEOCONSERVADOR
Su obra Historia del siglo XX concluye en 1991 con una visión sobre el colapso de la esperanza de una Edad de Oro para el mundo. ¿Cuáles son los principales cambios que registra desde entonces en la historia mundial?Veo cinco grandes cambios. Primero, el desplazamiento del centro económico del mundo del Atlántico norte al sur y al este de Asia. Este proceso comenzó en los años 70 y 80 en Japón, pero el auge de China desde los 90 ha marcado la diferencia.
El segundo es, desde luego, la crisis mundial del capitalismo, que nosotros predijimos siempre pero que tardó mucho tiempo en llegar.
Tercero, el clamoroso fracaso de la tentativa de Estados Unidos de mantener en solitario una hegemonía mundial después de 2001, un fracaso que se manifestó con mucha claridad.
Cuarto, cuando escribí Historia del siglo XX no se había producido la aparición como entidad política de un nuevo bloque de países en desarrollo, los Bric (Brasil, Rusia, India y China).
Y quinto, la erosión y el debilitamiento sistemático de la autoridad de los Estados: de los Estados nacionales dentro de sus territorios y, en muchas partes del mundo, de cualquier clase de autoridad estatal efectiva. Acaso fuera previsible pero se aceleró hasta un punto inesperado.
¿Qué más le ha sorprendido?
Nunca dejo de sorprenderme ante la absoluta locura del proyecto neoconservador, que no sólo pretendía que el futuro era Estados Unidos, sino que incluso creyó haber formulado una estrategia y una táctica para alcanzar ese objetivo. Hasta donde alcanzo a ver, no tuvieron una estrategia coherente.
EL DECLIVE DE LA CLASE OBRERA MANUAL
¿Puede prever alguna recomposición política de lo que fue la clase obrera?
No en la forma tradicional. Marx estaba sin duda en lo cierto al predecir la formación de grandes partidos de clase en una determinada etapa de la industrialización. Pero estos partidos, si tenían éxito, no funcionaban como partidos exclusivos de la clase obrera: si querían extenderse más allá de una clase reducida, lo hacían como partidos populares, estructurados alrededor de una organización inventada por y para los objetivos de la clase obrera. Incluso así, había límites para la conciencia de clase.
En Gran Bretaña el Partido Laborista nunca obtuvo más del 50 por ciento de los votos. Lo mismo sucede en Italia, donde el PCI era todavía más un partido popular. En Francia, la izquierda se basaba en una clase obrera débil pero políticamente fortalecida por la gran tradición revolucionaria, de la que se las arregló para convertirse en imprescindible sucesora, lo cual les proporcionó a ella y a la izquierda mucha más influencia.
El declive de la clase obrera manual parece algo definitivo. Hay o habrá mucha gente que quede realizando trabajo manual, pero no puede seguir siendo el principal fundamento de esperanza: carece del potencial organizativo de la vieja clase obrera y no tiene potencial político. Ha habido otros tres importantes desarrollos negativos.
El primero es, desde luego, la xenofobia, que para la mayoría de la clase obrera es, como dijo el alemán August Bebel, el “socialismo de los tontos”: salvaguardar mi trabajo contra gente que compite conmigo. Cuanto más débil es el movimiento obrero, más atractiva es la xenofobia.
En segundo lugar, gran parte del trabajo y del trabajo manual que la administración pública británica solía llamar “categorías menores y de manipulación”, no es permanente sino temporario; por ejemplo, estudiantes o emigrantes trabajando en catering. Eso hace que no sea fácil considerarlo como potencial organizable. La única forma fácilmente organizable de esa clase de trabajo es la que está empleada por autoridades públicas, razón por la cual estas autoridades son vulnerables.
El tercero y el más importante de estos cambios es la creciente ruptura producida por un nuevo criterio de clase, en concreto, aprobar exámenes en colegios y universidades como un billete de acceso para el empleo. Esto puedes llamarlo meritocracia pero está institucionalizada y mediatizada por los sistemas educativos. Lo que ha hecho es desviar la conciencia de clase desde la oposición a los empleadores a la oposición a juniors de una u otra clase, intelectuales, élites liberales o aventureros.
Estados Unidos es un típico ejemplo, pero, si miras a la prensa británica, verás que no está ausente en el Reino Unido. El hecho de que, cada vez más, obtener un doctorado o al menos ser un posgraduado también te da una oportunidad mejor para conseguir millones complica la situación.
¿Puede haber nuevos agentes?
Ya no en términos de una sola clase pero entonces, desde mi punto de vista, nunca lo pudo ser. Hay una política de coaliciones progresista, incluso de alianzas permanentes como las de, por ejemplo, la clase media que lee The Guardian y los intelectuales, la gente con niveles educativos altos, que en todo el mundo tiende a estar más a la izquierda que los otros, y la masa de pobres e ignorantes.
Ambos grupos son esenciales pero quizá sean más difíciles de unificar que antes. Los pobres pueden identificarse con multimillonarios, como en Estados Unidos, diciendo “si tuviera suerte podría convertirme en una estrella pop”. Pero no puede decir “si tuviera suerte ganaría el premio Nobel”. Esto es un problema para coordinar las políticas de personas que objetivamente podrían estar en el mismo bando.
POST CRISIS: CHINA TENDRÁ LOS MAYORES CAMBIOS POLÍTICOS
¿En qué se diferencia la crisis actual de la de 1929?La Gran Depresión no empezó con los bancos; no colapsaron hasta dos años después. Por el contrario, el mercado de valores desencadenó una crisis de la producción con un desempleo mucho más elevado y un declive productivo mayor del que se había conocido nunca. La actual depresión tuvo una incubación mayor que la de 1929, que llegó casi de la nada.
Desde muy temprano debía haber estado claro que el fundamentalismo neoliberal producía una enorme inestabilidad en el funcionamiento del capitalismo.
Hasta 2008 parecía afectar sólo a áreas marginales: América Latina en los años 90 hasta la siguiente década, el sudeste asiático y Rusia. En los países más importantes, todo lo que significaba eran colapsos ocasionales del mercado de valores de los que se recuperaban con bastante rapidez.
Me pareció que la verdadera señal de que algo malo estaba pasando debería haber sido el colapso de Long-Term Capital Management (LTCM) en 1998, que demostraba lo incorrecto que era todo el modelo de crecimiento, pero no se consideró así.
Paradójicamente, llevó a un cierto número de hombres de negocios y de periodistas a redescubrir a Karl Marx, como alguien que había escrito algo de interés sobre una economía moderna y globalizada; no tenía nada que ver con la antigua izquierda: la economía mundial en 1929 no era tan global como la actual. Esto tuvo alguna consecuencia; por ejemplo, hubiera sido mucho más fácil para la gente que perdió su trabajo regresar a sus pueblos. En 1929, en gran parte del mundo fuera de Europa y América del Norte, los sectores globales de la economía eran áreas que en gran medida no afectaron a lo que las rodeaba. La existencia de la URSS no tuvo efectos prácticos sobre la Gran Depresión pero sí un enorme efecto ideológico: había una alternativa.
Desde los 90 asistimos al auge de China y las economías emergentes, que realmente ha tenido un efecto práctico sobre la actual depresión, pues ha ayudado a mantener una estabilidad mucho mayor de la economía mundial de la que hubiera alcanzado de otro modo. De hecho, incluso en los días en que el neoliberalismo afirmaba que la economía prosperaba de modo exuberante, el crecimiento real se estaba produciendo en su mayoría en estas economías recién desarrolladas, en especial China. Estoy seguro de que si China no hubiera estado ahí, la crisis de 2008 habría sido mucho más grave. Por esas razones, vamos a salir de ella con más rapidez, aunque algunos países seguirán en crisis durante bastante tiempo.
¿Qué pasa con las consecuencias políticas?
La depresión de 1929 condujo a un giro abrumador a la derecha, con la gran excepción de América del Norte, incluido México, y de los países escandinavos. En Francia, el Frente Popular de 1935 solo tuvo el 0,5 por ciento más de votos que en 1932, así que su victoria marcó un cambio en la composición de las alianzas políticas en vez de algo más profundo. En España, a pesar de la situación cuasirrevolucionaria o potencialmente revolucionaria, el efecto inmediato fue también un movimiento hacia la derecha, y desde luego ése fue el efecto a largo plazo. En la mayoría de los otros Estados, en especial en el centro y este de Europa, la política se movió claramente hacia la derecha.
El efecto de la actual crisis no está tan definido. Uno puede imaginarse que los principales cambios o giros en la política no se producirán en Estados Unidos u occidente, sino casi seguro en China.
¿Cree que China continuará resistiendo la recesión?
No hay ninguna razón especial para pensar que de repente dejará de crecer. El gobierno chino se ha llevado un buen susto con la depresión, porque ésta obligó a una enorme cantidad de empresas a detener temporalmente su actividad. Pero el país todavía está en las primeras etapas del desarrollo económico y hay muchísimo espacio para la expansión.
No quiero especular sobre el futuro, pero podemos imaginarnos a China dentro de veinte o treinta años siendo a escala mundial mucho más importante que hoy, por lo menos económica y políticamente, no necesariamente en términos militares. Desde luego, tiene problemas enormes y siempre hay gente que se pregunta si el país puede mantenerse unido, pero yo creo que tanto la realidad del país como las razones ideológicas continúan militando poderosamente para que la gente desee que China permanezca unida.
LA DECEPCIÓN OBAMA
Pasado un año, ¿cómo valora la administración Obama?
La gente estaba tan encantada de que hubiera ganado alguien con su perfil, y en medio de la crisis, que muchos pensaron que estaba destinado a ser un gran reformista, a la altura de lo que hizo el presidente Franklin Roosevelt. Pero no lo estaba. Empezó mal. Si comparamos los primeros cien días de Roosevelt con los de Obama, lo que destaca es la predisposición de Roosevelt a apoyarse en consejeros no oficiales para intentar algo nuevo, comparado con la insistencia de Obama en permanecer en el mismo centro. Desperdició la ocasión.
Su verdadera oportunidad estuvo en los tres primeros meses, cuando el otro bando estaba desmoralizado y no podía reagruparse en el Congreso. No la aprovechó. Podemos desearle suerte pero las perspectivas no son alentadoras.
Si observamos el escenario internacional más caliente, ¿cree que la solución de los dos Estados, como se imagina actualmente, es un proyecto creíble para Palestina?
Personalmente, dudo de que lo sea por el momento. Cualquiera que sea la solución, no va a suceder nada hasta que Estados Unidos decida cambiar totalmente su manera de pensar y presione a los israelíes. Y no parece que eso vaya a suceder.
EN INDIA LOS PROYECTOS PROGRESISTAS PODRÍAS REVIVIR
¿Cree que hay alguna parte del mundo donde todavía sea posible recrear proyectos positivos, progresistas?
En América Latina la política y el discurso público general todavía se desarrollan en los términos liberal-socialistas-comunistas de la vieja Ilustración. Esos son sitios donde encuentras militaristas que hablan como socialistas, o un fenómeno como Lula, basado en un movimiento obrero, o a Evo Morales. Adónde conduce eso es otra cuestión, pero todavía se puede hablar el viejo lenguaje y todavía están disponibles las viejas formas de la política.
No estoy completamente seguro sobre América Central, aunque hay indicios de un pequeño resurgir en México de la tradición de la Revolución; tampoco estoy muy seguro de que vaya a llegar lejos, ya que México ha sido integrado a la economía de Estados Unidos.
América Latina se benefició de la ausencia de nacionalismos etnolingüísticas y divisiones religiosas; eso hizo mucho más fácil mantener el viejo discurso. Siempre me sorprendió que, hasta hace bien poco, no hubiera signos de políticas étnicas. Han aparecido movimientos indígenas de México y Perú, pero no a una escala parecida a la que se produjo en Europa, Asia o África.
Es posible que en India, gracias a la fuerza institucional de la tradición laica de Nehru, los proyectos progresistas puedan revivir. Pero no parecen calar entre las masas, excepto en algunas zonas donde los comunistas tienen o han tenido un apoyo masivo, como Bengala y Kerala, y acaso entre algunos grupos como los nasalitas o los maoístas en Nepal. Aparte de eso, la herencia del viejo movimiento obrero, de los movimientos socialistas y comunistas, sigue siendo muy fuerte en Europa.
Los partidos fundados mientras Friedrich Engels vivía aún son, casi en toda Europa, potenciales partidos de gobierno o los principales partidos de la oposición. Imagino que en algún momento la herencia del comunismo puede surgir en formas que no podemos predecir, por ejemplo en los Balcanes e incluso en partes de Rusia. No sé lo que sucederá en China pero sin duda ellos están pensando en términos diferentes, no maoístas o marxistas modificados.
Siempre ha sido crítico con el nacionalismo como fuerza política, advirtiendo a la izquierda que no lo pintara de rojo. Pero también ha reaccionado contra las violaciones de la soberanía nacional en nombre de las intervenciones humanitarias. ¿Qué tipos de internacionalismo son deseables y viables hoy día?
En primer lugar, el humanitarismo, el imperialismo de los derechos humanos, no tiene nada que ver con el internacionalismo. O bien es una muestra de un imperialismo revivido que encuentra una adecuada excusa, sincera incluso, para la violación de la soberanía nacional, o bien, más peligrosamente, es una reafirmación de la creencia en la superioridad permanente del área que dominó el planeta desde el siglo XVI hasta el XX.
Después de todo, los valores que occidente pretende imponer son específicamente regionales, no necesariamente universales. Si fueran universales tendrían que ser reformulados en términos diferentes. No estamos aquí ante algo que sea en sí mismo nacional o internacional. Sin embargo, el nacionalismo sí entra en él porque el orden internacional basado en Estados-nación ha sido en el pasado, para bien o para mal, una de las mejores salvaguardas contra la entrada de extranjeros en los países. Sin duda, una vez abolido, el camino está abierto para la guerra agresiva y expansionista.
El internacionalismo, que es la alternativa al nacionalismo, es un asunto engañoso. Es tanto un eslogan político sin contenido, como sucedió a efectos prácticos en el movimiento obrero internacional, donde no significaba nada específico, como una manera de asegurar la uniformidad de organizaciones poderosas y centralizadas, fuera la iglesia católica romana o el Komintern. El internacionalismo significa que, como católico, creías en los mismos dogmas y tomabas parte en las mismas prácticas sin importar quién fueras o dónde estuvieras; lo mismo sucedía con los partidos comunistas. Esto no es realmente lo que nosotros entendíamos por “internacionalismo”.
El Estado-nación era y sigue siendo el marco de todas las decisiones políticas, interiores y exteriores. Hasta hace muy poco, las actividades de los movimientos obreros (de hecho, todas las actividades políticas) se llevaban a cabo dentro del marco de un Estado. Incluso en la UE, la política se enmarca en términos nacionales. Es decir, no hay un poder supranacional que actúe, sólo una coalición de Estados. Es posible que el fundamentalismo misionero islámico sea aquí una excepción, que se extiende por encima de los Estados, pero hasta ahora todavía no se ha demostrado. Los anteriores intentos de crear super-Estados panárabes, como entre Egipto y Siria, se derrumbaron por la persistencia de las fronteras de los Estados existentes.
LA CONTRADICCIÓN BÁSICA DE HOY
¿Cree entonces que hay obstáculos intrínsecos para cualquier intento de sobrepasar las fronteras del Estado-nación?
Tanto económicamente como en la mayoría de los otros aspectos, incluso culturalmente, la revolución de las comunicaciones creó un mundo genuinamente internacional donde hay poderes de decisión que funcionan de manera transnacional, actividades que son transnacionales y, desde luego, movimientos de ideas, comunicaciones y gente que son transnacionales mucho más fácilmente que nunca. Incluso las culturas lingüísticas se complementan ahora con idiomas de comunicación internacional. Pero en la política no hay señales de esto y ésa es la contradicción básica de hoy.
Una de las razones por las que no ha sucedido es que en el siglo XX la política fue democratizada hasta un punto muy elevado con la implicación de las masas. Para éstas, el Estado es esencial para las operaciones diarias. Los intentos de romper el Estado internamente mediante la descentralización existen desde hace treinta o cuarenta años, y algunos de ellos con éxito; en Alemania la descentralización ha sido un éxito en algunos aspectos y, en Italia, la regionalización ha sido muy beneficiosa. Pero el intento de establecer Estados supranacionales fracasa.
La Unión Europea es el ejemplo más evidente. Hasta cierto punto estaba lastrada por la idea de sus fundadores, quienes apostaban a crear un super-Estado análogo a un Estado nacional, cuando yo creo que ésa no era una posibilidad y sigue sin serlo. La UE es una reacción específica dentro de Europa. Hubo señales de un Estado supranacional en Oriente Próximo pero la UE es el único que parece haber llegado a alguna parte. No creo que haya posibilidades para una gran federación en América del Sur.
El problema sin resolver continúa siendo esta contradicción: por una parte, hay prácticas y entidades transnacionales que están en curso de vaciar el Estado quizá hasta el punto de que colapse. Pero si eso sucede -lo que no es una perspectiva inmediata, por lo menos en los Estados desarrollados-, ¿quién se hará cargo entonces de las funciones redistributivas y de otras análogas, de las que hasta ahora sólo se ha hecho cargo el Estado? Este es uno de los problemas básicos de cualquier clase de política popular hoy en día.


Eric Hobsbawm es el decano de la historiografía marxista británica. Uno de sus últimos libros es un volumen de memorias autobiográficas: Años interesantes, Barcelona, Critica, 2003.

domingo, 13 de junio de 2010

Entrevista a Julio Sarmiento, presidente de la FECH: LA UNIVERSIDAD DE CHILE EN APUROS




Por Pedro Armendariz

Julio Sarmiento, militante del Partido Comunista, fue elegido presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile encabezando la lista “Estudiantes de Izquierda a la FECH”, integrada por la juventud de su partido, la Nueva Izquierda e independientes.
Estudiante de Medicina, Sarmiento, de 26 años, llegó a Chile junto a su familia procedente de Cuba, su país natal, a principios de los noventa. Partidario del sistema cubano, y totalmente integrado a su nuevo país, cuenta que con frecuencia, debido a la curiosidad de sus compañeros, solía terminar en las reuniones hablando de la realidad cubana, alejándose de los temas convocantes.
Para que no nos pase esta vez lo mismo, vamos directo al grano:

¿Cómo ve usted que encuentra el Bicentenario de la República a la Universidad de Chile?

“La Universidad de Chile tiene casi doscientos años. Si nos remitimos a su antecedente, la Universidad de San Felipe, existe desde antes que la República. La evolución política y económica del país ha tenido que ver en muchos casos con la universidad, institución que era una herramienta fundamental del Estado en aras de un desarrollo social enfocado al bien común.
Hasta 1973 la Universidad de Chile tenía más del cincuenta por ciento de la matrícula de la educación superior. Contaba con un presupuesto estable que permitía que creciera y se desarrollara. Después de 1973 y con la reforma del ochenta, ese rol y esa importancia se quisieron destruir. Se le hizo mucho daño durante la dictadura. Se desmembró, se concentró la deuda en la Casa Central, se le congeló el financiamiento, se le atacó reiteradamente de muchas maneras, desde la forma en la que se administraba hasta el énfasis que se le dio a otras opciones de educación.
Hoy tenemos una universidad que ha logrado sobrevivir en un panorama muy adverso, manteniendo muchos de sus principios pese a continuos ataques y a contrapelo de los intereses económicos representados en las instancias de gobierno. Sí ha perdido relevancia nacional, y no porque haya disminuido su excelencia o el quehacer académico esté por debajo del que tenía antes, simplemente hay un sistema construido alrededor de la Universidad de Chile, privado principalmente, que hoy día concentra el grueso de la formación en educación superior.
Nosotros seguimos, sin embargo, siendo el principal centro de generación de conocimiento, con mayor excelencia académica y compromiso con el país -en un sentido retórico más que práctico-, pero aún así lo sigue manteniendo, pese a la existencia de un sistema que ha crecido alrededor y con el cual no ha podido competir debido a las trabas que arrastra desde los años ochenta”.

¿Hay conciencia en los estudiantes de la importancia y trascendencia que ha tendido para el país la Universidad de Chile?

“Cada vez menos, pero aún así la hay. Uno entra, y si accede más allá del estudio individual y se involucra con la universidad, hay un mundo de conocimiento, de principios, de normas, de valores éticos que están en el imaginario colectivo de la comunidad de la Universidad de Chile. Eso influye en muchos de los estudiantes, no todos.
La atomización de la sociedad, la predominancia de las soluciones individuales sobre las colectivas, afecta a la conciencia de los estudiantes y su entorno. Ante discursos que llaman a mirar el futuro y no detenerse a conocer y estudiar el pasado, muchos estudiantes no se preocupan por la historia de su institución.
Aún así, pese a que en muchos casos ofrece peores condiciones materiales para algunos académicos y funcionarios, sigue concentrando los mejores académicos. El ser y sentirse Universidad de Chile es un valor que tiene esta casa de estudios”.

Los últimos veinte años

¿Qué balance hace usted del papel jugado por la Concertación frente a la Universidad?

“La Concertación no ha hecho nada más allá de algunos hechos aislados. Entre ellos la ley de incentivo al retiro, o el convenio de desempeño del proyecto Bicentenario para revitalizar las humanidades, las artes y las ciencias sociales, disciplinas que quedaron muy lesionadas después de la dictadura. Esto permitirá que entren 25 mil millones de pesos para proyectos de infraestructura y académicos. Fue la primera vez, el año 2009, que se le dio un trato especial a la Universidad de Chile por parte del Estado.
La ley marco de 1997 fue un paquete enmarcado en el modelo de educación superior privatizado, para fortalecer y concretizar la privatización donde no había llegado. No cambia el paradigma que inventaron en dictadura y perfeccionó luego José J. Brunner.
Chile tiene un modelo de educación superior único en el mundo, que se trata de explicar en el extranjero y no lo entienden: nos preguntan cómo es posible que en la universidad pública haya que pagar, que tenga que competir por los recursos, que reciba solamente un 18 por ciento de su presupuesto del Estado. Que tengan las universidades públicas que autofinanciarse a través del valor de los aranceles en una sociedad tan segmentada socio-económicamente como esta.
El crédito con aval del Estado, desde el año 2005, no ayuda a mejorar el panorama, lo empeora. Los estudiantes que no cuentan con dinero, están obligados a endeudarse. No hay límite para el alza de aranceles y los intereses de los créditos de los bancos son muy caros.
Además, dado que no hay regulación acerca del número de profesionales a egresar, los salarios no son buenos y muchos terminan cesantes. Por si fuera poco, la calidad de muchas universidades no permite decir que sus títulos valen realmente lo que se invirtió en ellos. Esto es responsabilidad de la Concertación, como lo es la autofinanciación de la educación superior.
La autofinanciación ha afectado a la autonomía universitaria. No tenemos ciencias sociales porque no son rentables y no se invierte en ellas. Las pedagogías están en muy mal pie, y hay universidades enteras que sólo forman ingenieros comerciales.
El modelo impuesto tiende a afectar el sentido de la educación en sí, como desarrollo epistemológico de las disciplinas, porque limita a la universidad a ser un aparato al servicio de la innovación del aparato productivo. Más que ser un ente formador de conciencia crítica y de pensamiento en todas sus dimensiones posibles.
Con la lógica de las competencias, se privilegia sólo lo que es relevante para el desarrollo productivo. La derecha, por ejemplo, plantea condicionar el financiamiento al desempeño en áreas como la producción, la innovación, cosas por el estilo, lo que también afectaría el desarrollo de las ciencias sociales”.

La Universidad de Chile y el Estado

¿Desde el Estado, se recurre a los servicios de la Universidad de Chile?

“No, prácticamente no se la toma en cuenta. La Universidad de Chile mantiene ese compromiso y deber ser, entiende que su función está al servicio de las necesidades del país. En la retórica, es algo de lo que los estudiantes, de alguna manera, salen empapados, pero la Universidad de Chile dejó desde hace mucho tiempo de ser parte de las políticas públicas.
En general, como la motivación principal en educación superior es el dinero, los grupos económicos que impulsan ciertas leyes, tienen sus análogos en las universidades que están dispuestos a impulsar sus investigaciones y estudios en torno a esas leyes”.

¿Cómo evalúa usted el aporte cultural de la Universidad de Chile al país en general?

“Se desarrolla la cultura en la Universidad de Chile. Hay facultad de arte, de ciencias sociales. Tenemos una orquesta sinfónica y el Ballet Nacional. Pero obviamente se ha perdido relevancia. No es un área muy estimulada por políticas de Estado, y no hay una plataforma desde la cual la universidad pueda contribuir al desarrollo de la cultura en aquellas dimensiones que no tienen solamente que ver con espectáculos y presentaciones.
La universidad perdió el canal de televisión y no lo ha podido recuperar. La ley de televisión digital, de aprobarse la norma que permite que convivan varias señales en una sola frecuencia, debiera permitir que la U de Chile vuelva a tener su propia frecuencia. La Editorial Universitaria tiene una posición secundaria. Hay una radio, pero de impacto limitado por estar obligada a autofinanciarse, y la parrilla programática empieza a responder más a intereses comerciales que a los propios de la universidad.
La falta de medios nos ha hecho a los estudiantes a ser muy críticos interna y externamente, con la poca gestión de los rectores para impulsar esto, y los pocos espacios que existen en la sociedad para que el ámbito universitario se exprese e incida en ella”.

¿La tarea de recuperación de la Universidad de Chile, cuenta con apoyo externo?

“Casi todas las organizaciones están viviendo un sálvese quien pueda. Los colegios profesionales dan sus peleas, los centros de estudios las suyas.
El Consejo de Rectores, a propósito del terremoto, le escribió una carta al ministro de Educación con algunas solicitudes. No la respondieron.
Hay parlamentarios que tienen un afecto a la U de Chile por haber egresado de ella, pero casi nadie en el país, en alguna de las Cámaras, maneja a cabalidad el tema de educación superior. Se lo elude en las discusiones políticas. Ningún candidato presidencial lo planteó como bandera de lucha en la campaña pasada.
Se espera que los estudiantes tengamos la posibilidad de hacer algo. Uno conversa con los rectores y dicen: “ya pues, movilícense, hagan algo, peleen contra el ministerio”, porque ellos están maniatados por las restricciones propias del sistema.
Los legisladores legislan sin la ciudadanía, los gobiernos gobiernan sin mayor participación ciudadana, y como las universidades del Consejo de Rectores no tienen dueños que sean grandes propietarios de consorcios económicos ni cosas por el estilo, es difícil generar el lobby necesario para instalar los temas desde el Legislativo”.

¿Qué esperan los estudiantes del actual gobierno?

“El programa presidencial plantea cosas muy preocupantes. Chile esta muy privatizado pero puede privatizarse más todavía. La educación superior puede estar peor de lo que está ahora. Y el programa de Piñera apunta en esa dirección, bajo argumentos como que hay que asegurar la calidad independiente del tipo de institución; o que cualquiera que forme profesionales es una institución pública.
Mediante la interpretación de ciertos conceptos, instalados en la ciudadanía, el gobierno está impulsando una agenda que terminaría por diluir la diferenciación entre lo estatal y público y lo privado, instalando formas de financiamiento que vinculen la universidad con el aparato productivo, soslayando la parte teórica que tiene que ver con la formación académica y universitaria.
Hay una agenda implícita del gobierno que todavía no hace explícita. Por eso es muy importante que nosotros como movimiento estudiantil seamos capaces de anticiparnos y pongamos la agenda en función de nuestros temas, y no que pongan ellos sus temas y nosotros tengamos que reaccionar. Porque si ellos los ponen van a ser cosas muy malas para la educación superior. Tenemos que generar la mayor adhesión posible también a nivel parlamentario, político, de forma tal que la discusión se asuma en la dirección correcta y no en la que propone el gobierno”.

Demandas estudiantiles

“Nosotros queremos discutir y abordar los cambios necesarios en relación con el rol del Estado -la regulación del sistema por parte del Estado-, la eliminación del autofinanciamiento y del endeudamiento.
El autofinanciamiento porque es el que vulnera las universidades y obliga a pagar aranceles. El endeudamiento porque tiene a los estudiantes pobres accediendo a la educación superior pero endeudándose extraordinariamente. Y la regulación estatal, porque las pocas universidades que reciben los pocos recursos fiscales que reciben, no rinden cuenta de ello, y es importante que esos recursos estén en función de un compromiso explícito con lo público, más allá de formar profesionales o hacer investigación, que son requisitos para cualquier universidad y también lo puede hacer una universidad privada.
Acceso, pluralismo y democracia institucional son las cosas que creemos definen el carácter público de una institución, y debieran regularse, definirse y asumirse con claridad y certeza si se quiere contar con financiamiento estatal”.



domingo, 30 de mayo de 2010

Entrevista historiador Mario Garcés: Izquierda y Bicentenario: Las derrotas de 1973 y 1986


Por Pedro Armendariz

Frente al carácter mediático e intrascendente de los actos oficiales conmemorativos del Bicentenario de la República de Chile, el historiador Mario Garcés Durán propone el estudio y la reflexión sobre este período de la historia del país, particularmente lo relacionado con el devenir de los movimientos sociales y su lucha por la democratización y la justicia social.

Mario Garcés es Doctor en Historia de la Universidad Católica. Profesor de la Universidad de Santiago de Chile. Dirige la organización ECO Educación y Comunicaciones. Su trabajo profesional se orienta hacia los movimientos sociales, la memoria histórica y la historia de Chile y América. Ha escrito, entre otros, los libros El golpe en La Legua. Los caminos de la historia y la memoria (2005); Democracia y ciudadanía en el Mercosur (2006); Para una historia de los Derechos Humanos en Chile. Historia de la Fundación de Ayuda Social a las Iglesias Cristianas, Fasic. (2005). Todos ellos publicados por Editorial LOM.


¿Ve usted algún sentido a la conmemoración del Bicentenario republicano?
“Tengo la sensación de que el Bicentenario no va a trascender mucho. Habrá actos oficiales, actos mediáticos, pero ya sabemos que estos no son capaces de producir sentido trascendente. Si hay espacio para pensar, es interesante poder pensar qué ha sido la historia de la clase popular en los últimos treinta, cuarenta años. Pensar cómo se revierten las grandes derrotas, y qué elementos nuevos pueden alimentar otros proyectos de asociación, de emancipación, de cambio, de sociabilidad, de cultura de nuestro pueblo. Porque claramente el pueblo es el gran ausente el Bicentenario, como lo fue en el Centenario”.

¿Hay algo más que compartan ambas épocas? “Se pueden hacer algunos puentes, pero tiendo a pensar que, de manera más profunda o estructural, estamos en un momento distinto. La semejanza quizá tiene que ver con el carácter del Estado, un Estado liberal, con un componente represivo importante. El famoso artículo de Recabarren “Balance de ricos y pobres a través de un siglo de vida republicana”, es un texto clave para entender esa etapa. Él llama la atención sobre las desigualdades y diferencias en el desarrollo entre la elite dominante y las clases populares. Es un llamado de atención que tiene un contenido, está asociado a la idea de la transformación de una situación que ya no se podía tolerar. El siglo moderno, social, que se abría en 1903 con la huelga marítima de Valparaíso, desde mi punto de vista se cerró el año 1973. Es un gran ciclo, un siglo XX corto, marcado por la expresión pública del descontento, la organización y las demandas populares el año 1903, y el año 1973 por la represión brutal, sistemática, de gran envergadura al movimiento popular que se había constituido a lo largo del siglo XX. Así, el Bicentenario nos sorprende en una situación tal vez de particular debilidad del movimiento popular en Chile, lo que no quiere decir inexistencia. ¿Cómo caracterizar esta situación, cómo explicarla? A raíz de tu invitación a sostener esta entrevista, he pensado plantear, de manera un poco provocativa, que la situación actual, desde el punto de vista de una posición política popular, tal vez está marcada por el impacto de dos derrotas: la del año 1973 y la del año 1986. La de la vía chilena al socialismo, y la salida revolucionaria de la dictadura de Pinochet. Ambas derrotas tienen algo en común: es la derrota de la revolución, que lo ha sido dos veces en los últimos cuarenta años en Chile.

Esta derrota es un dato duro, muy fuerte, que requiere de mucho análisis. Creo que parte de los problemas que enfrentan las organizaciones sociales hoy, y parcialmente las políticas, es que no se han generado las condiciones para procesar estas dos derrotas. En el análisis, en el procesamiento de las derrotas, existen grandes posibilidades de revertirlas. Pero si no se pasa por ese ejercicio duro, complejo, como dijo Benedetti: “Más que llorarse las mentiras, cantarse las verdades”. Si uno no se canta las verdades sobre su pasado, es muy difícil remontar una situación de dolor”.

Cantar las verdades


¿Y por dónde ve usted las verdades a cantarse? “Me parece que hay algunos temas que son medulares. Por ejemplo, la política siempre se pensó de cara al Estado, como la posibilidad de transformación del Estado. Y en todos los casos esa alternativa fue derrotada, habiendo alcanzado desarrollos inéditos para América Latina. Pensar que el socialismo se podía conseguir por vía democrática, institucional, etcétera, es una proposición muy potente y probablemente la mayor o una de las mayores originalidades del movimiento popular chileno. Sin embargo esa opción, al fijarse en el Estado, encapsulada, atrapada en el Estado, inhibe sus propias posibilidades de desarrollo, impide que el propio pueblo modifique ese Estado. Y finalmente ese Estado al cual se apelaba es destruido por la derecha. Ese Estado democrático, que afanosamente se había construido entre el año treinta y el año setenta, es destruido por la propia derecha, y deja sin piso, sin soporte a la acción política popular. El golpe no sólo destruye la organización popular, sino que destruye también la democracia, o lo que se había alcanzado como democracia en Chile. Y eso se consigue por la vía de la represión y del control y la transformación del Estado.

Entonces el tema está en que enfrentar este problema implicaba un mayor desarrollo de las propias capacidades de poder de las clases populares, o de un desarrollo de un nuevo tipo de relaciones de poder, incluso de una nueva institucionalidad, probablemente, que emergía del campo popular. Tal vez se hubiera requerido mayor negociación, es posible, no lo sé, –siempre un segmento de la Izquierda va a decir que esto fracasó porque no hubo negociación-, pero el problema no es sólo la negociación en sí misma, sino qué quieres negociar, y lo que la Izquierda parlamentaria chilena siempre buscó negociar fue cuotas de poder en el Estado, cuotas de transformación del Estado. Creo que una revolución siempre implica otra cosa: relaciones de poder donde las clases populares tienen efectivamente una posición mucho más relevante, protagónica. A propósito del Estado, hay un segundo problema importante, que tiene que ver con las concepciones de la política. La política chilena, de alguna manera, fue Estado-céntrica, e incluso fue liberal también desde los partidos populares, porque pensó que ganando cuotas en el Estado y mejorando las formas de representación en él transformaba la sociedad. Pero la sociedad siempre es más ancha que el Estado, y la principal transformación siempre es en la sociedad civil. Las capacidades en que se modifican las relaciones sociales fundamentales. Ese es el campo revolucionario por excelencia. El Estado es casi secundario en este sentido”.

Asimetría entre la Izquierda y la sociedad popular


“Creo que la Izquierda chilena nunca aprendió a crear y sostener una relación más simétrica con la sociedad popular. Siempre predominó la idea del partido, de la vanguardia, la idea de la representación, la idea de la construcción, la idea de la claridad, del conocimiento del sentido de la historia, de las leyes de la historia, en fin, toda esa literatura y toda esa ideología que finalmente fracasó. Que fracasó el 73 y volvió a fracasar el 86 –‘el año decisivo’ para el derrocamiento de la dictadura-, porque en 1986 tampoco la Izquierda hizo un aprendizaje de cómo el pueblo se reorganizó en dictadura. Más bien puso al pueblo ante la exigencia de que ahora sí la revolución era posible. Y cuando la revolución no fue posible, no queda nada. Porque incluso la vieja capacidad negociadora de la Izquierda no habría sido malo en los ochenta que operara al interior de la Concertación, con algún tipo de pacto. Por ejemplo, la demanda de una Asamblea Constituyente probablemente habría tenido un componente revolucionario extraordinario, si hubiese sido fruto de un pacto gestado entre las diferentes fuerzas políticas a mediados de los ochenta, más que plantear la revolución en un sentido clásico. Y es que, como decía hace un rato, creo que hay diversos problemas que tienen que ver con las tradiciones de la Izquierda: Estado-céntrica, liberal, que se autoproclama como demiurgo de la historia, hacedora de la historia, a nombre de lo popular, cuando en realidad una revolución es inevitablemente una transformación en la sociedad civil. En este sentido digo: sí, en Chile la revolución ha fracasado, porque ha sido pensada de cara al Estado. Pero tal vez hay una revolución que no ha fracasado, y es la que imaginó en su primera etapa el movimiento popular a principios del siglo XX, que pensaba, con Recabarren, con la FOCH, que si la clase popular no era fuerte, despertaba, se organizaba y procesaba su propia cultura, no habría revolución. Y tenían razón. De hecho ellos ganaron posición en el Estado, ganaron posición política cuando se hicieron fuertes, cuando fueron capaces de expresarse, organizarse, confiar en sí mismos, pensar sus problemas, educarse, acceder a la música, al teatro, a la literatura. Fue en ese proceso que se gestó la clase popular como clase política, o sujeto político. La carencia de hoy es que no tenemos una clase popular constituida como sujeto político, ni siquiera en vías de constitución como sujeto político. Esto es parte de nuestra mayor dificultad.

Por eso el Bicentenario nos sorprende en una situación de tanta debilidad. Incluso, dialécticamente podríamos decir que, en comparación con el año 1910, probablemente hoy la clase dominante es más poderosa. Vive una coyuntura expansiva, de transformación, de capacidad de dirección de la sociedad, de capacidad de generar adhesión en la sociedad, en fin, de elegir a Piñera después de veinte años de Concertación.

Hay muy poca capacidad de contra-hegemonía frente al modelo dominante hoy en Chile, y creo que incluso desde el punto de vista social, -y esto vale para los intelectuales, los académicos-, sabemos poco de la sociedad en que vivimos, no terminamos de conocerla, y tienen que venir fenómenos tan brutales como el terremoto para que emerjan algunos rasgos”.

En las derrotas de 1973 y 1986, ¿cómo ve la relación partidos de Izquierda movimientos sociales y movimiento popular?


“En rigor, ambos fracasos son el fracaso de los partidos. La noción de partido popular requiere ser elaborada. Por lo tanto hay que pensar en un partido educador, participativo, democrático, de asamblea.


Pero, tanto o más que pensar un nuevo partido, hay que pensar en otras diversas formas en que se puede expresar la política popular y la política en general. Por lo tanto participar de una concepción más amplia de la política. Porque, como decía Antonio Gramsci, un periódico, una revista puede hacer tanto o más política que un partido. Ciertos liderazgos, formas de participación, de organización comunitaria, tienen un valor político enorme. Nosotros necesitamos de partidos, de intelectuales, de dirigentes que se abran a la posibilidad de reconocer que lo público se constituye de distinta manera, tiene distintos derroteros para su constitución.
Tal vez lo que es menos importante es arrogarse la representación de lo público, que probablemente mata la participación.

El esfuerzo tendría que ser estimular y valorar esas distintas formas de organización, porque eso nos permitiría afrontar temas que la Izquierda nunca enfrentó seriamente.
Por ejemplo, un aprendizaje muy relevante de los años sesenta, pero particularmente de los años de dictadura, fines de los setenta y principios de los ochenta, tiene que ver con el desarrollo de las organizaciones territoriales. Primero fueron los comités sin casa, o las juntas de vecinos y los centros de madres, en otra etapa fueron comedores populares, organizaciones para comprar juntos, grupos culturales, etcétera. Esas son experiencias de organizaciones y de democracia potentísimas, de gran valor, que tendrían que ayudar a pensar en formas de democracia local, de democracia territorial. Nosotros casi nunca hemos pensado la democracia territorial. Pensar que la democracia no es un problema que se resuelve en La Moneda o en el Parlamento, sino que se resuelve en los municipios, y en los barrios. Ahí puede tomar forma la democracia, con instituciones que aseguren participación como cabildos, presupuestos participativos, definición de políticas públicas en educación, en salud, trazado urbano, transporte público. Es decir, una sociedad capaz de hacerse cargo de sus necesidades y sus dinámicas más inmediatas. Eso tendría que fundar una política popular, no podría no hacerlo.

Sin embargo, cuando uno está pensando en la revolución, está pensando que aquellas tareas van a venir después, casi por añadidura. Se cree que una vez que nos tomemos el poder vamos a realizar todas las maravillas que hemos soñado respecto a la sociedad, y eso es mentira. O la sociedad genera capacidades de transformación que van teniendo expresión hoy día, y por eso es que es posible una revolución, o sino no hay revolución posible. Habrá revoluciones desde arriba, elitistas, pero no populares.

jueves, 13 de mayo de 2010

LA HUELGA EN COLLAHUASI: PEOR QUE EN LA EPOCA DEL SALITRE


Por Pedro Armendariz
Publicado en el Clarín de Chile

Conversando durante una entrevista con el sociólogo e historiador pampino Sergio González Miranda, explicaba que la situación del norte grande de Chile en relación con las transnacionales mineras en la actualidad, es mucho peor de lo que fue la que el estado y la sociedad sostuvieron con las empresas salitreras extranjeras a principios del siglo XX.

Este hecho ha quedado palmariamente al desnudo en el conflicto laboral suscitado entre la empresa Collahuasi y sus trabajadores subcontratados, que se encuentra estos días en desarrollo. El drama obrero se ha trasladado en Tarapacá desde la pampa a la alta cordillera de los Andes, a cuatro mil metros y algo más sobre el nivel del mar.

Al hacer Sergio González su afirmación comparativa pensaba en los beneficios recibidos el estado de Chile, infinitamente mayores en la época del salitre. La minera Collahuasi ha pasado más de una década sin pagar un peso de impuestos, por los beneficios tributarios que le otorgaron al momento de instalarse las indignas autoridades chilenas, con el presidente Aylwin y el ministro Foxley a la cabeza.

En las oficinas salitreras vivían todos sus trabajadores, muchos en familia. No conozco a un pampino que no recuerde con nostalgia su vida en la oficina que fue su primer hogar. Hay muchos de ellos en Iquique. Hubo mucho dolor en la pampa, pero también vida y alegría, una vitalidad que la ciudad ni sospecha, la hace imposible, de ahí la nostalgia, a pesar de la dureza de aquel trabajo bajo el sol inclemente del desierto.

De los cinco mil trabajadores de Collahuasi, cuatro mil son subcontratados. La empresa no asume su obligación de otorgar iguales condiciones laborales y de bienestar a todos sus trabajadores. Los trabajadores subcontratados están en una situación indigna. Ganan menos, se alimentan menos, duermen mal, no tienen adecuados servicios sanitarios e higiénicos. En unas piezas semejantes a mediaguas de tres por tres con dos camarotes duermen cuatro trabajadores. Se turnan en el trabajo y en el uso de la cama. No tienen agua caliente para darse una ducha al terminar la faena.

Ante la huelga declarada por los trabajadores, no sólo subcontratados, también la apoyaron los trabajadores contratados por la minera, la empresa Collahuasi adoptó la estrategia de enfrentar el conflicto con la vieja táctica de que no hay mejor defensa que un buen ataque.

Su departamento de relaciones públicas, no sus mayores responsables que no han dado en ningún momento la cara, declaró que un pequeño grupo de doscientos trabajadores, a través de la violencia, tomaron los accesos a la mina “dejando retenidos a cuatro mil de sus compañeros, que se encontraban inmovilizados y carentes de alimentos”.

Al mismo tiempo, el diario La Estrella de Iquique, recogía las declaraciones de Cristian Arancibia, Vicepresidente de la Federación Minera de Chile, trabajador contratado de Collahuasi, donde señala que “esperan –los sindicatos de Collahuasi- ser parte del diálogo con la empresa para mejorar las condiciones de sus compañeros contratistas. El dirigente explicó que los trabajadores solicitan a la empresa mejorar las condiciones del campamento donde deben alojar los subcontratados, el cual presenta graves problemas de hacinamiento, entre otras deficiencias”.

El mismo diario informa que “Entre las organizaciones que participaron de esta petición, apoyando la huelga, se encuentran el Sindicato Collahuasi, Sindicato Quebrada Blanca, Sindicato Minera Zaldívar de Antofagasta, la Federación Nacional de Sindicatos Contratistas y Sub Contratistas, Fenasics, el Sindicato Nacional de Montajes Industriales (DINAMI) Sindicato Komatsu, Sindicato Central de Restaurantes, Sindicato Emin, Sindicato Lavandería La Ideal, Sindicato TTM Chile, delegados de faena constructora Troncoso, Orica, de Vial y Vives, de Montes, Marineer y Excon.

Dando la espalda al conflicto laboral Collahuasi optó por criminalizar al movimiento, trazado una línea entre dos bandos: los malos trabajadores empeñados en la violencia y la sinrazón, y sus compañeros víctimas impedidos de trabajar o regresar a sus casas.

A esta misma actitud se sumó la Asociación de Industriales de Iquique, que emitió una declaración a toda página en tal sentido en los diarios de la ciudad. Tal declaración basta para constatar el desprecio que sienten junto a Collahuasi por sus trabajadores.

La empresa minera Collahuasi pidió desde el primer minuto la intervención de Carabineros para desalojar a los trabajadores en huelga. El sábado pasado un destacamento de fuerzas especiales subió hasta la cordillera y arremetió contra quienes impedían el paso a la mina. No lograron su retirada a pesar del uso de bombas lacrimógenas y balines de goma. Varios trabajadores resultaron heridos, y los carabineros tras el ataque permanecieron en el lugar, fuera de la mina, en la cercanía.

Entonces, como lo informa La Estrella, debido a que “las personas retenidas por los trabajadores han sido retenidas en contra de su voluntad, y han sido maltratados, amenazados, golpeados y detenidos, bajo estas consideraciones y el eminente riesgo que tienen los trabajadores arriba, la compañía solicito a la Fiscalía de Pozo Almonte tomar las medidas necesarias de resguardo para proteger la seguridad de las personas".

Obediente, la fiscalía de Pozo Almonte dio la autorización a Carabineros para entrar en los recintos de la mina y desalojar a los huelguistas, cosa que ocurrió con gran violencia por parte de la policía el martes 11. Llegaron para la operación más de cien efectivos de las fuerzas especiales provenientes de Arica, Antofagasta, Tocopilla y Calama, ¡en un avión Hércules que aterrizó a aquella altura! Resultaron varios trabajadores heridos, y otros tantos detenidos.

La intendenta de Tarapacá, Luz Ebensperger, y el gobernador del Tamarugal, Espártago Ferrari, se lavaron las manos ante la brutal intervención policial, negando ambos haber solicitado al fiscal la autorización para la intervención armada.

Mientras esta confusión en torno a quien ordenó el ataque se aclara, al menos ahora, a los ciento tres años de la masacre en la Escuela Santa María de Iquique, los conflictos laborales no se pueden ahogar en sangre.

Lo importante es que el movimiento de los trabajadores subcontratados siga adelante y alcance sus justos objetivos.

De su causa deben ser parte no sólo sus compañeros mineros contratados, que lo son, sino además todo el pueblo y la ciudadanía iquiqueña, que permanece en su mayor parte dormida ante los principales problemas sociales y ecológicos que afectan la región.

lunes, 10 de mayo de 2010

LAS VERGUENZAS DE DOÑA INES DE COLLAHUASI


Por Pedro Armendariz


Doña Inés de Collahuasi es el siútico nombre de la tercera mina de cobre más grande de Chile. El mineral, explotado por una empresa extranjera, se encuentra en la cordillera de los Andes a cuatro mil metros de altura.

De los cinco mil trabajadores de la mina, cuatro mil son subcontratados por empresas que prestan servicios a la minera Collahuasi. Sólo mil tienen contrato de trabajo directo con la empresa transnacional.

Estos días se encuentran en huelga los trabajadores subcontratados. Exigen el cambio de las condiciones laborares en lo que dice relación con contratos de trabajo, salarios, jornadas de trabajo y tiempo libre, alimentación, hospedaje en la mina, previsión social, entre otros aspectos. En todos ellos denuncian discriminación y mal trato.

Al tiempo que degrada la condición de sus trabajadores, sometiéndolos a la explotación económica y el apremio físico, la minera Collahuasi desarrolla una extensa y planificada labor de relaciones públicas hacia la comunidad. Para ello le sobran medios humanos y materiales. Está en todas, desde la reconstrucción de iglesias afectadas por el terremoto del 2005, el proyecto de construcción de una réplica de la Esmeralda, el apoyo de las divisiones de educación municipal, alumbrado público, publicidad en los medios para mantenerlos de su lado, aportes en escuelas, clubes deportivos, hogares de ancianos. Nunca mucho dinero, más bien al contrario, un poco por aquí otro poco por allá, suficiente para mantener tranquilos y sobretodo callados a muchos, de arriba abajo en la pirámide social.

Muchos que callan y saben y están al tanto, no sólo del maltrato y la explotación discriminatoria que lleva a cabo la empresa transnacional sobre sus trabajadores, tampoco desconocen, al contrario, los graves perjuicios y daños medioambientales que provoca con sus faenas.

Uso y abuso del agua siempre escasa en el desierto. Ya lo sufren directamente en Pica y Matilla los agricultores locales, y es la subsistencia de la población de este oasis la que está en juego. Las autoridades callan obedientes ante el poder del dinero.

A lo anterior se suma la contaminación propia de las labores mineras. Está se alarga a la costa al sur de Iquique, donde Collahuasi tiene un puerto propio y una fábrica elaboradora de molibdeno.

Vecinos de caletas vecinas a estas instalaciones, han llevado a cabo recientemente protestas por el daño que la planta de molibdeno produce a la atmósfera, afectando a su salud.

Hasta ahora no se ha dado a conocer la causa de muerte de cientos de lobos marinos el año pasado en las aguas cercanas a aquella planta. Aparecieron muertos entre los roqueríos unos sobre otros luciendo un extraño color amarillo, que hace pensar en una intoxicación química. Los medios locales de prensa y las autoridades se quedaron con la explicación de que la muerte masiva era a causa de una falta de alimentación de los lobos en el mar.

Ante todo este conjunto de desastres callan los políticos. Intendente, parlamentarios, alcaldes, concejales, consejeros regionales, jefes de servicio, profesionales, intelectuales, académicos, callan. ¿Por qué? Porque el dinero de Collahuasi llega adonde es preciso a la hora de conseguir sus objetivos.

Entre otros destinos, están, como no, los medios de comunicación. No hay casi ninguno que se resista. Al contrario, sueñan, gestionan, sugieren para que les caiga alguna publicidad, suplemento, aporte de la minera.

Aún así, ante la fuerza de los hechos, la población en general, en Iquique y en los pueblos de interior, cada vez está más consciente de los efectos medioambientales dañinos que tienen las explotaciones mineras en la zona. La pregunta es cuándo este saber se traducirá en acciones colectivas en aras de rectificación radical de la situación. Si es que algún día tal reacción se produce.

Por lo pronto, es casi seguro que los trabajadores subcontratistas de Collahuasi en huelga, habrán de dar su lucha en solitario. El gobierno, como era de esperar, se lava las manos. Hasta ahora sólo ha intervenido enviando a un numeroso destacamento de carabineros para que, mediante bombas lacrimógenas y palos, despejase el camino de acceso al mineral.

lunes, 19 de abril de 2010

BOLIVIA, LA PROFECÍA DEL BUEN VIVIR




Por Pedro Armendariz

David Choquehuanca, canciller boliviano, explicaba en una interesante y amena entrevista en Telesur la relación entre la cosmovisión indígena, la historia social y política de Bolivia, y el proceso actual con Evo Morales presidente del país, reelegido recientemente con el 64 por ciento de los votos y un prestigio mundial extraordinario.
El canciller es aymara y ve el mundo como tal, y actúa como tal, lo cual es extraordinario, al menos para un chileno. Aquí estamos acostumbrados a la despersonalización en la práctica política.
Nació a orillas del maravilloso lago Titicaca. A diferencia de sus tres hermanos no adhirió a alguna iglesia o religión oficial. Piensa que lo que sucede en su país está dentro de lo previsto por las profecías de sus antepasados de hace tres siglos. Los oprimidos con violencia, sojuzgados al extranjero invasor, serían libres, desarrollarían una sociedad de acuerdo a su entendimiento y deseo libremente expresado.
En Bolivia el tema de la identidad, en quienes están gobernando y el pueblo que representan, es fundamental.
Lo bolivianos aprecian o descubren su identidad al paso del desarrollo y diseño presente y futuro que están dando a su país. Con dificultades enormes, lo que no hace sino confirmar la grandeza de ese país. Y la inteligencia y sabiduría que ha demostrado el presidente Evo Morales.
Evo no lo dice, porque es un tipo modesto, pero lo suyo es una cruzada. Su misión es hacer entender a los bolivianos, al mundo y particularmente a los suramericanos que hay que vivir la vida de otra manera radicalmente distinta. El concepto indígena del buen vivir es central, inspira y orienta.
Decía David Choquehuanca en la entrevista que en los últimos siglos el capitalismo se ha abocado al dinero y el socialismo a la justicia social. Lo que aportan los pueblos ancestrales del continente al entrar en escena es la preocupación y el respeto por la naturaleza que contiene su visión de la realidad. Esta es la razón de fondo de la Cumbre de esta semana en Cochabamba sobre la contaminación y el calentamiento atmosférico.
En Chile tenemos mucho que aprender de Bolivia. Entre otras cosas lo que dice relación con la valoración de los actores sociales populares. Basta ver su ausencia en este momento post terremoto. Las juntas de vecinos, los sindicatos, las asambleas estudiantiles, los movimientos sociales dónde están, cuáles son sus propuestas, qué están defendiendo. Muy poco o nada, no se ven, no se sabe de ellos, y estamos a diez días del Primero de Mayo.

jueves, 11 de febrero de 2010

HENRY DAVID THOREAU Y EL IMPERIALISMO


Por Pedro Armendariz

Cuando las cosas no van en América del Sur por el camino que a Estados Unidos le interesa, sabemos cuáles son y han sido sus reacciones contra los países suramericanos no dispuestos a llevarles el amén. Como si hubiese escrito para ser leído hoy, en 1849 Henry David Thoreau, pensando y condenando la invasión y despojo de su país, Estados Unidos, a México, escribió en su libro Desobediencia Civil acerca del comportamiento del pueblo norteamericano y su gobierno:

"Si alguien fuere a decirme que el presente es un mal gobierno porque gravó ciertos artículos extranjeros arribados a sus puertos, lo más probable es que me quedara impertérrito puesto que puedo pasarme perfectamente sin ellos: todas las máquinas poseen roces. Y posiblemente ello resulte en bien suficiente para contrarrestar el mal. En cualquier caso, es mal mayor el soliviantarse por ello. Pero, cuando los roces buscan máquina en que alojarse, y la opresión y el robo se organizan, yo digo: desprendámonos de esta máquina inmediatamente. En otras palabras, cuando la sexta parte de la población de un país que se ha arrogado el título de país de la libertad la componen los esclavos, y toda una nación es injustamente arrollada y conquistada por un ejército extranjero y sometida a la ley marcial, creo que no es demasiado temprano para que los hombres honrados se rebelen y hagan la revolución. Y lo que hace este deber tanto más urgente es el hecho de que el país así arrollado no es el nuestro, y sí lo es, en cambio, el ejército invasor".