lunes, 5 de octubre de 2009

NOCHE DE DOMINGO


Por Pedro Armendariz




TVN hace una excepción esta noche de domingo, y deja inesperadamente de lado su aporte diario y a toda hora a la cultura del país, Pelotón, y vuelve a exhibir el programa “Estado Nacional” emitido en la mañana.

Invitado, el canciller Mariano Fernández. Tema: las relaciones de Chile con Perú y Bolivia.

Casi al final del programa se vivieron los momentos más interesantes. Uno fue cuando la panelista Cristina Bitar le advirtió con razón al ministro que había que tomar en cuenta el hecho de que el problema entre manos incumbe a tres países. Fernández sólo atinó a responder que las relaciones bilaterales, son bilaterales, con lo cual no dijo nada y escabulló el tema.

Luego, Jorge Navarrete le preguntó al ministro Fernández acerca de las relaciones actuales con Bolivia. En pocas palabras, le señaló que el asunto, en los términos que hoy está planteado por las partes, no tiene solución: Chile no quiere ceder territorio, y menos con soberanía. Bolivia quiere territorio y mar soberano. No quiere enclaves sin soberanía.

El ministro se limitó a responder que hasta que terminé su función trabajará por mejorar el estado de las cosas. Dijo que con el gobierno del presidente Evo Morales sí se ha gozado de una estabilidad en las relaciones que es nueva.

En un momento de la conversación sale a colación el tema de la controversia por las escasas aguas del río Silala. Es hermoso, pienso, que aquel torrente cordillerano viaje por los dos países, generoso, esencial, mientras a cada lado de la frontera seres humanos amantes de la propiedad se disputan su patrimonio.

Los funcionarios del estado, los textos constitucionales, las leyes y los tratados, los periodistas, mencionan y esgrimen sin cesar la palabra soberanía. Los ejércitos en su nombre se arman y hacen ejercicios para mantenerse en forma. Se habla de soberanía sobre el mar, sobre la tierra, las piedras, el agua, el viento, los minerales y el cerebro de los ciudadanos patriotas.

Mientras tanto el mar de Chile está en manos de un pequeño número de grandes empresas pesqueras, que lo explotan de mala manera a su amaño, con grave daño para los pescadores tradicionales, mal llamados artesanales. Y grave daño para el país. ¿Vale la pena defender semejante soberanía?

Las minas del norte, entregadas a la explotación de empresas transnacionales, que no conocen más fidelidad que a su propio beneficio económico. El abuso que están haciendo en la región de Tarapacá con los recursos de agua es de la mayor gravedad, con consecuencias nefastas que hace rato se están viendo en el interior de la provincia de Iquique. A pesar de ello, las autoridades de gobierno, parlamentarias y comunales hacen vista gorda, cuando no reciben migajas que les entregan estas empresas haciendo alarde de solidaridad y conciencia social. Es una vergüenza que retrata al Chile de hoy.

Hablando de soberanía, lo importante es que el pueblo sea el soberano a la hora de elegir el destino de los recursos del país. ¿Qué tipo de explotación económica de ellos se necesita para beneficio de toda la población? Esta es la pregunta necesaria en Democracia.

Volviendo al principio. El problema es y concierne a tres protagonistas, Chile, Bolivia y Perú. Y no se resuelve en el terreno de la discusión de límites y soberanías, como vemos que ha ocurrido en los últimos ciento treinta años. Estamos en el mismo punto que entonces.

La solución viene con un cambio copernicano de la manera de pensar el problema o la situación. La concepción de los estados nacionales y todo lo que conlleva hay que depositarla con resolución en el tarro de la basura de la historia. Por ser profundamente dañina para los pueblos suramericanos que la soportan.

En el norte de Chile, el sur de Perú, el occidente de Bolivia hay ciudades, pueblos y villorrios, no hay entidades nacionales erguidas amenazantes enfrentadas unas a otras. Esto último sólo existe en la fabricación de mentes humanas, que sacan provecho material o sicológico de ello.

Urge una política de acercamiento, intercambio e integración entre variados agentes de diversos ámbitos de las ciudades involucradas directamente en la cuestión, de los tres países. Entre ellos, gobiernos regionales, municipios, universidades, colegios, sindicatos, colegios profesionales, centros culturales, cámaras de comercio, industriales.

sábado, 3 de octubre de 2009

GANDHI Y EL FIN DE LAS FRONTERAS

Por Pedro Armendariz

En el profuso mar, maremoto más bien de “informaciones” que disparan día y noche los mal llamados medios de comunicación, se ha visto en medio del naufragio la foto y algunas palabras acerca del Mahatma Gandhi y la celebración de un día conmemorativo de la no violencia activa como método de lucha político. Esto último no lo mencionan las agencias internacionales y las transnacionales de la televisión. Ellos, recatados como son, hablan de celebrar un día “por la paz” en el mundo.

Ya con una cierta perspectiva histórica del siglo XX, Gandhi si no es, estará cerca de ser el líder revolucionario más importante y exitoso de su época, y probablemente el más trascendente en el tiempo si a la humanidad le espera un futuro que no sea la autoaniquilación.

En un mundo que ha perdido la cabeza y el corazón, en una decadencia macabra generalizada, el mensaje político de Gandhi es importante al menos en dos aspectos.

Uno es su claridad en las metas que quería alcanzar con su acción política. No especulaba con propuestas a la luz de encuestas y consejos de asesores publicitarios, expresaba lo que pensaba con contundencia, logrando comunicarse y movilizar activamente y sin violencia hacia la independencia a cientos de millones de personas en un país inmenso, diverso y plural. Sus herramientas políticas eran la palabra, sus piernas, la red de ferrocarriles montada bajo el mando británico, la imprenta y la radiodifusión.

Lo segundo es su método de lucha, de una complejidad tal que los sesudos intelectuales de izquierda de occidente y de oriente han pasado por alto, como si en el mundo no hubiese más rebelión que las comandadas por Lenin-Trotsky, Mao y Fidel.

Gandhi creía que se necesita más valor para enfrentar la muerte sin armas en la mano luchando por una causa, que valor para matar a otro ser humano en la contienda por ella.

La no violencia activa es un método, no queda más remedio que usar el término, de lucha social. Es una forma de procedimiento que busca dar testimonio y ser eficaz en la transformación de realidades injustas y opresivas. En Chile tenemos el ejemplo del Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo, con el sacerdote José Aldunate en el centro, ya un hombre con sus años entonces, denunciando ellos el flagelo en medio de las calles principales y lugares claves de Santiago durante la dictadura fascista, de improviso, a plena luz del día, manifestándose con una valentía y un coraje moral extraordinarios.

Gandhi nunca tuvo un cargo oficial o de autoridad de ningún tipo. Era abogado, estudio Derecho en Londres, y empezó a trabajar en Sudáfrica, por aquel entonces parte del Imperio Británico. Supuestamente debería haber sido abogado de empresas, pero a muy poco andar se vio defendiendo a inmigrantes indios pobres maltratados en su condición de tales, en una sociedad en la cual eran individuos sin derechos, colonizados por el poder ingles.

Le cayó la teja de lo que quería hacer en su vida al ir viajando en un tren sudafricano y ver cómo era violentamente desalojado del vagón de primera un indio inmigrante pobre que había tenido la osadía o el despiste de entrar y tomar asiento. Inmediatamente se abocó a congregar a los inmigrantes y plantear una defensa colectiva de su dignidad y derechos.

En Sudáfrica Gandhi hizo en pequeño lo que en su país haría en grande. Rebelarse a cabalidad contra el imperio, en base a ideas movilizadoras de un profundo calado moral y gran capacidad de ser comprendidas y compartidas por el pueblo llano, eminentemente rural de la India.

En un momento determinado, al igual que hoy lo hace el presidente de Bolivia Evo Morales, Gandhi impulsó en su país-continente una campaña masiva del uso de la rueca en los millones de aldeas de la India, para hilar la lana y elaborar el vestuario de cada uno en base a ella. Con esta acción logró dos objetivos. Poner en jaque a la industria textil de Manchester, de donde venía la tela que vestía a los indios, presionando así con eficacia al imperio, y mantener vivo y despierto en el pueblo indio su conocimiento y aprecio por las tradiciones culturales ancestrales propias.

Otro desafío muy conocido es la Marcha de la Sal. Ante la existencia de un monopolio inglés que prohibía explotarla o elaborarla, organizó una marcha a pie de cientos de kilómetros y varios días hasta llegar a una playa y recoger sal en sus manos. Estás acciones tenía un efecto social extraordinario. Mediante ellas, sin disparar un tiro, el pueblo indio empezó no sólo a exigir su libertad, también a vivirla, a irla construyendo día a día, a la par que se desmoronaba el poder imperial.

Para explicar su concepción de la acción política no violenta, Gandhi recurrió en alguna oportunidad a la metáfora o imagen de la semilla y el árbol. En la semilla ya está el árbol en potencia. La libertad, las prácticas, los valores que esperamos sean los pilares de una nueva sociedad, han de guiar e inspirar la acción desde el primer paso. El fin ya se encuentra alojado incubando en los medios. Nunca el fin justifica los medios.

El motivo de escribir unas palabras acerca de Gandhi no parte del interés pasajero y superficial de los medios por él, sino en la reflexión y el sentir en torno a lo que son nuestras lamentables relaciones con Perú y Bolivia.

Porque es inaceptable la mera posibilidad de una nueva guerra entre nuestros países. Toda guerra es repudiable, nunca una persona en sus cabales recordará con alegría una guerra.

Junto al repudio claro y explícito a la guerra como posibilidad, hay que ganar la paz, como escuchaba hace un momento decir en la televisión a José Rodríguez Elizondo, que sabe un rato largo sobre la mala convivencia entre nuestros países.

Chile nunca se ha propuesto ganar la paz con sus vecinos del norte, se ha limitado a mantener una actitud defensiva basada principalmente en aspectos jurídicos y militares.

En esta hermosa primavera que estamos viviendo, vemos con frustración la fiesta estacional particular que ha montado en el Desierto de Atacama la Fuerza Aérea bajo el sugestivo nombre de “Ejercicios Salitre”.

No sé si habiendo reparado antes en el nombre adjudicado a los ejercicios militares, el ministro de Defensa chileno, Francisco Vidal, con su tino habitual, a pesar de que había prometido no entrometerse más en las relaciones diplomáticas del país, invitó al gobierno peruano a enviar delegados a la fiesta en calidad de invitados observadores.

Resumiendo, un plan de paz y desarrollo social basado en la diversidad y pluralidad cultural, y en el respeto y protección al medio ambiente y sus recursos, es lo que Chile tiene la posibilidad de proponer en el norte a los países vecinos y la comunidad suramericana. Una gran zona de integración que nos dignifique a todos como seres humanos. El ejemplo de Gandhi nos inspira.

domingo, 20 de septiembre de 2009

LA FARAMALLA MILITARISTA

Por P. Armendariz
ublicado en Clarín.cl
P
Con los militares y el militarismo en Suramérica estamos hasta el cuello. A ellos se suman las mafias daficantes de armas. El año 2008 se gastaron en la región al menos 38 mil millones de dólares en armamento de todo tipo. Chile contribuyó al gastó con cinco mil 395 millones de dólares.

Desde Lima se repone la iniciativa de hacer públicos el monto y destino de los gastos militares, ignorando o escabullendo el hecho de que el desafío y necesidad real es el desarme colectivo del conjunto de países suramericanos.

Ha sido esta una semana agobiante por la presencia e importancia gravitante de lo militar. Colombia ahonda su dependencia de Estados Unidos, Venezuela compra armas a Rusia y Brasil a Francia. Cantidades exorbitantes de dinero.

Hay una carrera armamentista desatada en el Continente. El paraíso para quienes lucran de ello. Dineros que no llegan donde debieran llegar, al bienestar social.

En Chile, gobierno, oposición y los propios militares tienen copado el dial. Televisión Nacional de Chile, al tiempo que su directora de programación declara que en el ADN del Canal está su vocación de aportar a la cultura del país, entrega cada día “a los hogares de la patria” –como diría ese poeta loco militarista de chomba roja- una edificante patraña protagonizada por un pelotón de descerebrados.

Las fuerzas armadas y acólitos nos quieren hacer creer que ellas son los mejores, más verdaderos y eficientes defensores de Chile. Del Chile del presente sí, pero no del que reclaman los nuevos tiempos.

La sobrecarga de la defensa mediática de las fuerzas armas chilenas ante la opinión pública es permanente y se exacerba en el mes de septiembre. Es la necesidad no del todo consciente de limpiarse de los crímenes cometidos en el pasado reciente.

Hoy domingo luego de transmitir integro el deprimente desfile militar de cada año en el Parque O’Higgins, el canal público nacional ofreció a la hora de los postres un documental sobre la bandera chilena. Vergonzoso. A su vez, hace pocos días, el Consejo Nacional de Televisión favoreció con 500 millones de pesos a los realizadores de una serie basada en la obra de Jorge Inostroza Adiós al Séptimo de Línea, que será transmitida por Megavisión.

Estamos sometidos a gente grande que se comporta aparentemente como niños, coleccionistas de soldaditos de plomo como el actual ministro de Defensa, que debe estar feliz de compartir ahora el juego con soldaditos de carne y hueso.

Niños en apariencia, porque el asunto militar es para muchos un gran negocio o un privilegiado modo de vida. Y con mucha corrupción. Ahí tenemos para muestra nada menos que el ejemplo de Pinochet, venerado por sus partidarios que hoy pintan de demócratas.

El problema fundamental en medio de tanta faramalla militarista es que los pueblos suramericanos necesitan el desarme y la integración conjunta. Y la sanidad republicana y democrática de Chile hace impostergable que los militares dejen de inventarse una esencia que pretenden consubstancial a lo que el Cardenal Raúl Silva llamaba el alma de Chile.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

¡ A JUNTARSE HERMANOS !

Escrito por Pedro Armendariz

Hay una necesidad profunda de integración franca y definitiva con Perú y Bolivia. Por dos razones: poner punto final al enfrentamiento que se arrastra desde a poco andar el siglo XIX al menos, y sentar las bases para dar respuesta cabal a las necesidades y retos del presente.

El ministro de Relaciones Exteriores, Mariano Fernández, con innegable buena voluntad, reduce el horizonte de solución del problema con Perú cuando alude a la necesidad de mantener buenas relaciones en aras del comercio y las inversiones económicas en ambos países.

Si bien lo económico es determinante en el mundo actual, el núcleo del problema es cultural, está en la mente y el corazón de cada uno de nosotros, en la educación que hemos recibido, en los contenidos de los potentes medios de difusión y conformación de masas, en los discursos y actuaciones políticas.

Las negociaciones entre los gobiernos de Bolivia y Chile actualmente en curso se desarrollan prácticamente en secreto. Nadie sabe nada de lo que se está conversando, y todos tememos que nos informen de un momento a otro que se ha roto el diálogo y volvemos a fojas cero. Ha pasado tantas veces.

Por esto sorprende la indiferencia de la sociedad chilena ante los acontecimientos actualmente en marcha. No a cada momento en la historia se presentan oportunidades ciertas de sanar semejantes heridas. Buena parte de nuestro presente y el de nuevas generaciones se nos va en ello.

El bicentenario ha de ser servir para reformular la naturaleza y el papel del estado en Chile. País que prioriza las necesidades del estado y los grandes poderes económicos a las de la población, y que tiene como viga maestra de su andamiaje geopolítico y económico a sus fuerzas armadas.

Se extraña una generación de opinión y expresión de puntos de vista y planteamientos que tengan como objetivo la integración entre Chile, Perú y Bolivia, pensando en el país en general, y particularmente en el futuro del territorio nortino.

La solución es muy sencilla, y está en compartir, en integrar, en hacer desaparecer las fronteras manteniendo y haciendo realidad el respeto a las identidades diversas, identidades que no tengan nada que ver con fundiciones nacionalistas, sino existentes y solventes en lo que son: expresiones genuinas de formas de ser, culturas, tradiciones que nos hermanan en algo semejante a una gran nación si tal cosa es posible y valga la pena que exista. Yo creo que no.

Lo importante son siempre la realidad de los pueblos. Y está claro que lo que compartimos entre los países latinoamericanos hace de nosotros un solo pueblo conformado por un conjunto enorme de identidades y culturas, y esa es la maravilla del continente formidable que habitamos.

El largo conflicto histórico con Perú y Bolivia es una enorme oportunidad para los tres países, oportunidad para definir nuevos tipos de relación, generando en los hechos, principalmente desde las ciudades de los tres países más cercanas, un enorme y extraordinario territorio de integración. Es una apuesta sin riesgos y con beneficios inconmensurables. Son los pueblos, la sociedad civil la que tiene que tomar la iniciativa, sin calculadora en la mano como lo suelen hacer los agentes del estado y del dinero.

jueves, 20 de agosto de 2009

¿HAY MOVIMIENTO POPULAR EN CHILE?



Entrevista a historiador SERGIO GREZ

Por Pedro Armendariz


Sergio Grez Toso nos recibe en su estudio del Museo Nacional Benjamín Vicuña Mackenna, del cual es director. En una habitación como esta, hace ciento cincuenta años, quien estudiaba, escribía y recibía a sus visitas era el propio don Benjamín. Estupendo lugar para pensar e investigar acerca del pasado de Chile, tarea que el historiador Sergio Grez lleva principalmente a cabo centrando su atención en el devenir histórico del movimiento popular chileno entre fines del siglo XIX y principios del XX.
Profesor del Departamento de Ciencias Históricas de la Universidad de Chile, Grez es autor de varios libros, entre los que destacan La cuestión social en Chile (1995); De la regeneración del pueblo a la huelga general -Génesis y evolución histórica del movimiento popular en Chile- (1998) y Los anarquistas y el movimiento obrero entre 1893 y 1915 (2007). Actualmente trabaja en un libro sobre la historia del Partido Obrero Socialista y los primeros años del Partido Comunista de Chile

Pregunta: Comparando la actualidad con el pasado, ¿se puede hablar hoy de la existencia de un movimiento popular en Chile?

“Sin lugar a dudas. Hay movimientos de protesta y reivindicación popular. Siempre los ha habido y siempre los va a haber mientras exista la desigualdad social, pero hoy no logra tener esa centralidad que tuvo históricamente en torno a objetivos comunes.
Apoyándome en algunos historiadores, como Eric Hobsbawm, sostengo que para que exista movimiento popular no basta que existan luchas dispersas. El movimiento popular o el movimiento obrero, supone una organización de carácter permanente, para que le dé continuidad, y una identidad o conciencia de clase. A lo menos una identidad de clase. Esto, a su vez, debe traducirse en un ethos colectivo, una idea común básica que una los distintos componentes, las distintas reivindicaciones sectoriales o parciales en torno a un objetivo. Un ethos o sentido que bañe al conjunto, necesariamente diverso y multifacético, de personas y sectores que tienen que tener ese objetivo común. De lo contrario, es solamente un mosaico de identidades y reivindicaciones que no logran proyectarse sobre el escenario político, y no logran proyectarse históricamente”.

P: ¿Cuál era ese centro de confluencia o unión que orientaba al movimiento popular chileno en el siglo XIX?

“El proyecto liderado por los artesanos y los gremios de trabajadores más calificados, que se concretaba en términos orgánicos en torno a la organización mutualista y de otro tipo (por ejemplo las abocadas a la educación y la recreación popular, al ahorro o la probidad, como las escuelas nocturnas de artesanos, las sociedades filarmónicas de obreros, las logias de temperancia, algunas cooperativas). Estaban inspiradas por una idea de tipo reformista liberal, no más radical que eso, que era la idea de la regeneración del pueblo. Ese ethos, que es sociopolítico, puede implicar grados mayores o menores de radicalidad en su proyecto, pero tiene que existir”.

P: ¿Había en Chile diversidad social e ideológica en el movimiento popular al filo del siglo XX?

“Había fuertes contradicciones entre estos grupos, no hay que idealizar el pasado. Luchas, discusiones, peleas, disputas había, hay y habrá siempre. Pero, a pesar de ello, hubo en ciertos períodos históricos un ethos común en torno al cual se reconocieron muchos trabajadores, muchas personas del mundo popular, ethos, sentido o fin que los animaba.
Otra cosa era la diversidad de estrategias para el logro de esos objetivos, pero en ciertos momentos, en ciertas coyunturas, eran capaces de unirse porque compartían ese ethos: en las celebraciones o conmemoraciones del Primero de Mayo; en algunas grandes movilizaciones de masas, como las de la Asamblea Obrera de Alimentación Nacional, en los años 1918-1919. En huelgas generales desde fines de la década de 1910 y gran parte de la década de 1920.
A pesar de su diversidad, de las fuertes diferencias y de las polémicas que se oponían en estas distintas vanguardias políticas del mundo popular, había posibilidad de articular acciones comunes”.

P: Al llegar el siglo XX, usted afirma que tal cuerpo central cambia de sentido en el movimiento obrero y en el movimiento popular en Chile.

“Con el siglo XX ese movimiento empieza a transformarse porque la sociedad chilena se está transformando, porque está avanzando el capitalismo, el país está pasando plenamente al modo de producción capitalista, porque hay una modernización económica, porque surgen nuevos sujetos sociales populares: la moderna clase obrera. Porque llegan ideologías de redención social más avanzadas que el liberalismo, como son las ideologías anarquista y socialista. Por lo tanto ese movimiento va a sufrir profundas transformaciones, o si se quiere, surge un nuevo movimiento que lo va a reemplazar: es lo que denomino movimiento de emancipación de los trabajadores.
Con esa idea como ethos colectivo más radical, que abraza ideologías más radicales, ya no se trata de una mera lectura popular o plebeya del ideario liberal burgués, sino que de posturas más radicales, como las del socialismo y el anarquismo, con métodos de lucha más radicales, con formas de organización distintas. El mutualismo -estoy esquematizando- es sustituido por el sindicalismo, que no es sino una expresión en el terreno de la lucha económica de una estrategia de lucha de clases.
Esta serie de mutaciones, de transformaciones, van a redundar en que el ideario de la regeneración del pueblo sea sustituido por el ideario de la emancipación de los trabajadores.
El ideario de la emancipación de los trabajadores, evidentemente mucho más radical, conserva sin embargo elementos del antiguo ethos colectivo, como por ejemplo la fe en la razón como elemento central para lograr la transformación social, la confianza en la idea de progreso, en la educación, la afirmación de la necesidad de la moralización de los trabajadores. Eran ideas que estaban presentes en dirigentes como Fermín Vivaceta, padre del mutualismo chileno, pero que siguen presentes en las figuras del nuevo movimiento obrero, como Luis Emilio Recabarren, socialista primero, comunista más tarde, o en los dirigentes anarquistas, que comparten todos estos principios.
Entonces, en distintos momentos, podemos apreciar que ha habido un ethos colectivo más radical o menos radical, pero que es una idea inspiradora en torno a la cual se orientan distintas generaciones, incluso de trabajadores”.

Anarquía ayer y hoy

P: ¿Qué le parece la reaparición en el panorama chileno de las palabras anarquía y anarquistas?

“Es evidente que desde unos años hay un repunte de las referencias al anarquismo en los medios de comunicación. Sin lugar a dudas esto tiene que ver con un repunte relativo de la ideología anarquista y de las personas que se reclaman seguidores del anarquismo en Chile.
Ahora bien, habría que analizar caso por caso para ver si esas referencias realmente se refieren a grupos o acciones claramente anarquistas, o si hay una intoxicación político-mediática. Porque muchas veces hay operaciones políticas con determinados objetivos que consisten básicamente en hacer amalgamas de fenómenos que no necesariamente son exactamente iguales”.

P: Desde su origen el sistema situó a la palabra anarquía como sinónimo de caos.

“Exactamente, y que no corresponde a lo que en términos de ciencia política se podría definir como anarquismo, que es una propuesta de una sociedad sin Estado, básicamente.
Pero, sin lugar a dudas, hay un cierto rebrote del anarquismo, que tiene que ver con fenómenos como la globalización, la caída de los mitos, la crisis -entre comillas- de las ideologías. Repunte del anarquismo después de un largo período de decadencia que atravesó este movimiento durante varias décadas”.

P: ¿Hay similitudes en Chile entre el anarquismo de hace cien años y el de hoy?

“Hay una diferencia fundamental respecto de lo que fue el anarquismo del período dorado, podríamos decir, de esta corriente en Chile: groso modo, el primer cuarto del siglo veinte. En aquella época el anarquismo estaba sólidamente implantado en el movimiento obrero, cuestión que no se da entre las corrientes anarquistas actuales. Entre otras razones, porque el movimiento obrero hoy es extremadamente débil, la situación, el peso de la clase obrera en la sociedad chilena actual es infinitamente menor a lo que existió por lo menos hasta 1973.
Las corrientes anarquistas que se vislumbran hoy día están implantadas en otras manifestaciones antisistémicas. Por ejemplo en el movimiento okupa, sin reducir este movimiento sólo al anarquismo, porque sin lugar a dudas es un movimiento que lo sobrepasa. El movimiento antiglobalización, colectivos antiautoritarios, antimilitaristas, los que se oponen a la exclusión política, aquellos que solidarizan con el pueblo mapuche, grupos que defienden a los animales, ecologistas. Es un anarquismo distinto al que conocemos históricamente”.

¿Carencia de “ethos” colectivo?

P: Lo cierto es que el movimiento popular chileno no logra levantar cabeza desde hace más de veinte años…

“Hay un reflujo muy fuerte de este movimiento desde fines de los años 80, cuando se impone la transición pactada entre la llamada oposición moderada y las fuerzas que apoyan la dictadura. Y el movimiento popular pierde su norte, porque el norte durante el siglo XX, hasta 1973, había sido la emancipación de los trabajadores y durante la dictadura la lucha es por derrocarla.
Una vez que se impone esta transición pactada la clase política, en particular la clase política concertacionista, manda un mensaje al movimiento popular de que se debe desmovilizar en aras de consolidar la transición a la democracia, y este movimiento en gran medida lo hace, se desmoviliza. Se suma la caída de los muros, de las viejas ideologías, de los modelos del llamado socialismo real. Todo esto hace que este movimiento pierda su brújula, provoca que gran parte de los cuadros del movimiento popular se desorienten. Algunos son cooptados por los partidos de Izquierda o que habían sido de Izquierda y pasan al gobierno. Otros se desmovilizan, se desilusionan, abandonan las viejas tiendas políticas, dentro o fuera del gobierno.
Y lo que es más grave. El movimiento popular pierde su ethos colectivo, ya no hay una idea central, como la hubo históricamente. En el siglo XIX fue la regeneración del pueblo, en el siglo XX la emancipación de los trabajadores. ¿Cuál es ese objetivo hoy día? ¿Humanizar el sistema capitalista? Pudiera ser, tal vez. ¿Lucha contra la globalización neoliberal? Me parece que aún no estamos en eso. Lo es, muy parcialmente, sólo en algunos sectores de la sociedad”.

P: ¿Entonces no hay un ethos colectivo en el movimiento popular hoy en Chile?

“Esa es la gran interrogante. Mientras no haya un ethos colectivo claramente definido, más o menos compartido por la generalidad de las personas, de los grupos y sectores que se inscriben en esa perspectiva común, es muy difícil hablar de un movimiento popular que tenga un peso mediano en la vida social y política del país.
Hoy hay movimientos en plural. Como los ecologistas, los defensores de pueblos originarios, de la igualdad de género, del patrimonio urbano y arquitectónico, o contrarios a la globalización neoliberal, o autodenominados anarquistas. Habría que hacer un estudio en profundidad de estos movimientos y de otros, que yo no he hecho. Es probable que podamos deducir elementos comunes que tienden a converger entre ellos. La oposición al capitalismo neoliberal, la aspiración a mayores espacios de democracia, el cuidado y respeto al medio ambiente y los recursos naturales, son elementos que pueden converger en la constitución de un nuevo movimiento.
Tal vez no tenemos todavía la perspectiva histórica suficiente como para determinar que estamos en los umbrales del nacimiento de un nuevo tipo de movimiento popular”.

P: ¿Y la clase obrera, qué papel juega hoy?

“La clase obrera, compuesta esencialmente por los trabajadores manuales asalariados, no ocupa la centralidad que ocupaba antes. Pero en torno a ese núcleo, que sigue siendo importante y lo va a ser siempre, hay otros segmentos de trabajadores o de la población que sufren grados de explotación que los llevan a manifestar su oposición al sistema. Los trabajadores precarios, los trabajadores cuentapropistas, los pescadores artesanales, que no son necesariamente asalariados muchos de ellos, son parte también de lo que podría decirse las clases trabajadoras, en plural, pero no pertenecen a lo que tradicionalmente conceptualizábamos como la clase obrera, el proletariado. Por lo tanto, esas clases trabajadoras debieran ser parte de una misma alianza popular, de un mismo frente de trabajadores, como se hablaba antes.
Lo importante es utilizar los conceptos, las herramientas intelectuales apropiadas para dar cuenta de esta nueva realidad diversa, polifacética, que no se reduce a un solo actor, a la clase obrera tradicional. Si no lo hacemos, vamos a estar repitiendo fórmulas que no nos permiten comprender las realidades sobre las cuales hay que operar hoy día para construir un proyecto de futuro.
Es necesario que una suma, probablemente bastante grande de malestares, de reivindicaciones y de proyectos sean capaces de converger y articularse entre sí. Esa es la gran tarea. Y en la medida en que los diversos actores converjan y se articulen, seguramente van a descubrir un ethos común, o varios elementos que les permitan construir un ethos común


LA TRAMPA DE LAS ENCUESTAS


Entrevista a sociólogo Guillermo Cumsille Garib:

Por Pedro Armendariz



Empresas y partidos, políticos profesionales, militares y policías, iglesias y medios de difusión, ministerios, agencias gubernamentales y universidades, entre otros, antes de dar un paso o diseñar una estrategia política, de negocios, difusión o defensa, encargan una encuesta para saber qué están pensando y sintiendo los potencialmente afectados o influenciables.
También vemos con frecuencia que las encuestas son el medio utilizado para instalar y promocionar candidatas y candidatos presidenciales, o sostener una determinada posición política o legislativa en temas como la delincuencia, el consumo de drogas, el retorno de Bolivia al Océano Pacífico, la píldora del día después o el aborto.
Ante la avalancha de encuestas políticas en el país, conversamos con Guillermo Cumsille, profesor de la Cátedra de Opinión Pública de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Chile, e integrante de la Consultora Demoscópica.

Pregunta: ¿Cómo interpreta usted la presencia de las encuestas en el acontecer político chileno?

En la vida política del país las encuestas están teniendo un protagonismo que no merecen. Los políticos están demasiado pendientes de ellas. Eso, a mi juicio, significa renunciar al rol del político, al liderato que tiene que ejercer. Están adecuando sus principios, convicciones, ideales y proyectos a lo que digan las encuestas. Además, no diferencian entre encuestas de buena y mala calidad, y se ven obligados a comentarlas todas.

P: ¿Este protagonismo de las encuestas es un fenómeno particular chileno?

No. En Irán, ante las acusaciones de fraude electoral, uno de los argumentos de los denunciantes es que de diez encuestas realizadas previamente a la elección, siete daban ganador al opositor Musavi.
Sin embargo, en un congreso de especialistas y profesionales en la materia recientemente celebrado en Lima, aprecié que en el mundo las encuestas, en general, se hacen de otra manera que en Chile, y bastante más serias. Pero también me dijeron que en esos países hay lo que yo en Chile llamo las encuestitas.

P: ¿Cuál ha sido la evolución de las encuestas políticas y político-electorales en Chile?

El año 1958, en la Universidad de Chile, comenzaron las encuestas políticas con el profesor Eduardo Hamuy en el Instituto de Sociología, donde trabajé con él. Eran encuestas rigurosas en todo lo que tiene que ver con la muestra, su tamaño, la elección de la persona entrevistada. Había que ir una segunda y tercera vez si la persona no se encontraba en el hogar al visitarla.
Con la dictadura se prohíben las encuestas políticas. Más tarde, cuando empiezan a autorizarlas, aparecen las empresas de estudio de mercado que habían nacido después del golpe, que necesitan hacerse un nombre. Muchas de ellas, igual que hoy día, hacen una encuestita telefónica de 400 casos que les cuesta dos chauchas, y los diarios ávidos de información las publican, logrando el objetivo de estar en la prensa, generar opinión y posicionarse ante sus clientes con un aire de prestigio. Yo creo que eso es un poco lo que ha pasado.
Es importante destacar que hoy, con recursos tecnológicos muy superiores a los existentes antes del golpe, la calidad de las encuestas ha decaído.

Nuevas formas de manipulación

P: ¿Hay manipulación de las encuestas por parte de agentes políticos en Chile?

Con esto hay que ser muy cuidadoso. Yo no creo que hoy nadie haga lo que hizo la dictadura el año 1988, cuando encargó antes del plebiscito una encuesta que dio ganador al No por dos puntos, y, al parecer por intermedio de un subsecretario de nombre Orlando Poblete, los resultados fueron cambiados y mandaron a publicar a El Mercurio la información con el Sí ganador con el 52 por ciento de los votos.
La manipulación hoy yo creo que va por otro lado. Por ejemplo, eligiendo intencionalmente algunas muestras. El año 2005, por ejemplo, la empresa Gémines, antes de la segunda vuelta de la elección presidencial decide hacer una encuesta y elige las regiones de Valparaíso y la Araucanía, donde sabían que ganaba Piñera. Publicaron la encuesta dándola como válida para todo el país. Se dieron un gustito. Luego en la elección Piñera ganó en Valparaíso y la Araucanía pero perdió en todas las demás regiones. Esto, además de manipulación, es una tontera. No hay ninguna evidencia empírica a nivel internacional que señale que la imagen de triunfo es un factor que ayude de manera decisiva a que la gente vuelque su voto hacia el candidato que aparece triunfador.
Otra manipulación es a través de la redacción de preguntas que direccionan la respuesta en un determinado sentido. Este no es un pecado de organismos vinculados sólo a cierto sector político. En Lima, nosotros señalamos que una encuesta del Centro de Estudios Públicos del año 2005 contenía, al menos, una pregunta francamente tendenciosa que decía: ¿Está usted de acuerdo o no en que la corrupción penetra en la administración pública debido a que los cargos se llenan por cuoteo político y no por méritos? Con esta manera de preguntar, no tenemos cómo saber cuántos de los que respondieron estar de acuerdo piensan que la corrupción se debe también a otros factores, que pueden ser incluso más importantes para ellos que la manera de llenar los cargos.
Desde el lado de la Concertación, un ejemplo de manipulación lo proporciona la Fundación Chile 21 en una encuesta del año 2002, que mide el grado de acuerdo con el gobierno de Lagos según se apruebe o no la siguiente afirmación: “El pago solidario del seguro maternal termina con la injusticia que el Estado le pague los subsidios maternales a las mujeres con mejor situación socioeconómica”. Nadie está en desacuerdo con terminar con una injusticia.

P: ¿Qué ha pasado en la sociedad y la política chilena para que las encuestas hayan llegado a ser tan protagónicas?

Son varias cosas. Yo creo que en el proceso que ha vivido la sociedad chilena bajo las huellas que dejó la dictadura, hay aspectos fundamentales que de alguna manera permanecieron y se acentuaron con la recuperación de la democracia, entre ellos el giro brutal hacia el individualismo. Hoy día la mayoría de la gente esta convencida de que lo que pase en su vida depende exclusivamente de lo que cada uno sea capaz de hacer. Y cuando las personas llegan a esa convicción, dejan de tener referentes en otros lados. Deja de importarles quien gane o pierda una elección. Recién ahora, con las medidas de protección social del gobierno, se está viendo un poco que lo que pase en la política genera cambios que llegan a las personas.
Antes del golpe, en contraposición con lo actual, eran proyectos políticos de cambios profundos de la sociedad, y esos proyectos de cambio llegaban a cada uno. En 1970 no daba lo mismo que ganara Allende o Alessandri. Hoy todos quieren acercarse al centro y al final las posiciones terminan diluyéndose.
Hoy los dos candidatos principales aparecen diciendo que van a mantener las políticas de protección social del actual gobierno. Esto lleva a mirar la política de otra manera. En ella lo importante es la persona del candidato, su atractivo, más que las ideas que tenga, o la posibilidad de convocar tras un proyecto de cambio que motive. Al resaltar e imponerse en el juego político la persona del candidato, crece la importancia del marketing político, y de ahí el protagonismo de las encuestas.

A lomo de las encuestas

P: Lo importante hoy es aparecer en las encuestas. ¿Cómo se logra eso, quiénes instalan a los candidatos o potenciales candidatos en una encuesta?

(Sonora carcajada, la única durante la entrevista). Bueno, es lo que reclama Zaldívar cuando dice que los medios lo ningunean o no lo incluyen en las listas al hacer las encuestas.
Para ser bien claros, si uno quiere hacer una encuesta de intención de voto de manera seria, aparte de cumplir con los requisitos metodológicos (tamaño muestral adecuado, cobertura, márgenes de error, etc.), hay otra cuestión clave: ese tipo de preguntas sólo se pueden hacer cuando estén los candidatos inscritos para la elección. Todo lo que haya antes expresa tendencias, preferencias de la población por uno u otro candidato, pero sus resultados no pueden asimilarse al concepto duro de intención de voto.

P: ¿Cómo interpreta usted la irrupción de Marco Enríquez Ominami en la campaña electoral?

No tengo una opinión clara sobre lo que esta pasando con él. He leído y escuchado tantas interpretaciones tan distintas. Ahora, lo que no se puede negar es que él representa una cuestión distinta, porque, querámoslo o no, los candidatos tradicionales, incluyo a Frei, Piñera, Arrate, Navarro y Zaldívar, pertenecen a lo que podríamos llamar un establishment político, de oposición o gobierno, da lo mismo. Enríquez está fuera de eso, o él intenta aparecer como que está fuera, y eso es lo que le da atractivo y genera alguna simpatía en gente que dice que no quiere “más de lo mismo”.

P: ¿Cree usted que ha sido inflado por El Mercurio y La Tercera?

Hay un interés evidente de la derecha en promocionarlo. No creo que sea un producto de la derecha, y no puedo decir que él esté coludido en eso. Lo que sí digo es que es evidente que a la derecha le conviene mucho más una segunda vuelta entre Enríquez y Piñera.

Organismo regulador autónomo

P: ¿Cree usted que hay que legislar sobre las encuestas, en particular sobre la oportunidad de la difusión de sus resultados?

En Chile no hay legislación. Pero la verdad es que más que regular, impedir o fijar fechas en la cual se pueden o no publicar encuestas, a nosotros la regulación que nos importa es la que podría existir gracias a un organismo formado por los propios ejecutivos de las empresas, agencias o lo que sea que se dediquen a las encuestas. De forma tal que se comprometieran a respetar ciertas cuestiones mínimas para garantizar una solvencia mínima de las encuestas.
Un organismo como el que se intenta en los años 1996 al 2000 con la Asociación Chilena de Opinión Pública. Lamentablemente los socios la dejaron morir, torpemente a mi juicio. Un organismo que pudiera validar las encuestas según su calidad técnica y el cumplimiento de ciertos estándares éticos también, por cierto.

P: ¿Por qué se disuelve la Asociación Chilena de Opinión Pública?
Quisieron matarla, no les gustaba precisamente por esto: de existir hoy día y ser miembros de ella, estos organismos o empresas que publican encuestitas, no lo podrían hacer a menos que violasen los códigos de la asociación de la cual ellos serían miembros.

Pluralismo mediático

P: Al protagonismo anacrónico de las encuestas, se suma la concentración de medios de prensa escrita en manos de la derecha. ¿Qué le parece este hecho?

La fuerte concentración de medios implica varias cosas, pero no impide que se publiquen encuestas con resultados favorables a posiciones que no son de derecha. Pasan cosas muy curiosas. Por ejemplo, que El Mercurio editorialice sobre la debilidad de las encuestas telefónicas descalificándolas, como lo hizo a principios de junio, y al mismo tiempo una vez al mes publique la encuesta El Mercurio-Opina, que es una encuesta telefónica. Uno se pregunta cuál es la posición real de ese diario.
El Mercurio y otros medios toman los resultados de una encuesta y los publican, independientemente de su calidad. Informan poco o nada de la ficha técnica, de manera que el lector que quiere interiorizarse para evaluar su calidad no tiene cómo saber si una encuesta es o no seria.
Muchas veces publican sólo resultados, sin decir una palabra sobre cuántas personas fueron entrevistadas, si fue telefónica o presencial, mucho menos si tuvo cobertura nacional o no. Y luego, al margen de la calidad, se hace una manipulación de los resultados en los titulares y las bajadas de las informaciones.
Un ejemplo es el caso de El Mercurio cuando, a propósito de una encuesta sobre el cambio del sistema electoral binominal, destacó el rechazo mayoritario de la población al posible aumento del número de diputados, y tomó eso como si existiera una posición contraria a cambiar el sistema electoral binominal.

P: ¿Qué le parece que los grandes medios de difusión elaboren y publiquen sus propias encuestas?

La abundancia de información es consubstancial a la democracia. Pero a esta democracia, además de abundancia de información le hace falta mayor pluralismo en los medios. Se culpa al mercado, pero un diario no se sustenta por lo que vende, sino por la publicidad que recibe. Los grandes avisadores en Chile saben dónde publicar.
La concentración en la propiedad de la prensa escrita en el país, inevitablemente tiene como consecuencia una marcada asimetría en el proceso informativo hacia los ciudadanos, y afecta el derecho a la libertad de informarse. Es necesario democratizar aún más el proceso informativo, y contar con reglas claras en lo referente a la propaganda electoral, que, si bien es cierto actualmente está algo más regulada a través del gasto, no muestra signos de democratización desde la perspectiva de los medios de comunicación.


ENCUENTRO CON LA SABIDURIA MAPUCHE


TEEsexto escrito por LEONARDO BOFF:

Escrito por Leonardo Boff

Dos miradas contradictorias con respecto a la Tierra se enfrentan hoy día. Una la ve como un gran objeto, desprovisto de espíritu, a disposición del ser humano, que puede disponer de sus recursos a su buen entender. Esta mirada permitió el proyecto científico-técnico de conquista y dominación de la Tierra, que está en la base del actual calentamiento planetario. La otra, la considera como un superorganismo vivo, la Gaia de los modernos, o la Pachamama de los pueblos originarios andinos. Gaia se autorregula y articula todos sus componentes de forma que es la permanente productora y reproductora de todo tipo de vida.
Esta segunda mirada fue predominante en la historia de la humanidad y fue la responsable del equilibrio que se estableció entre la satisfacción de las necesidades humanas y el mantenimiento del capital natural en su integridad y vitalidad. Hoy crece la conciencia de que la primera mirada –la de la dominación y la devastación– necesita ser limitada y superada, pues de lo contrario puede provocar un inmenso desastre en el sistema vida. La Tierra, sin duda, continuará, pero tal vez sin nuestra presencia. De ahí la urgencia de reconsiderar a los portadores de la segunda mirada —la de la Tierra como Gran Madre y Casa Común—pues ellos son portadores de una sabiduría que nos falta, y de formas de relación con la naturaleza que nos pueden salvar. Nos encontramos así con los pueblos originarios, los indígenas, que, según datos de la ONU, son más de cien millones en todo el mundo, distribuidos por casi todos los países, como los sami (esquimales) en el extremo norte, o los mapuche en el extremo sur.
A principios de septiembre de este año pude conversar largamente con los mapuche que viven en la Patagonia argentina y chilena. Son muchos; solamente en el sur de Chile hay más de quinientos mil. Viven en estas regiones andinas desde hace cerca de 15 000 años. Resistieron a todas las conquistas. Casi fueron exterminados en la parte argentina por el feroz general Roca, y en el lado chileno son muy discriminados. A los que hoy ocupan tierras que eran suyas se les aplican las leyes contra terroristas de la constitución de Pinochet.
Hablando con sus líderes (lonko) y sabios (machis), pronto salta a la vista la extraordinaria cosmología que han elaborado. Todo está pensado en términos de cuatro. Según C.G. Jung, el número cuatro constituye uno de los arquetipos centrales de la totalidad. Se sienten tan vinculados a la Tierra que se llaman «mapu-che»: seres (che) que son uno con la Tierra (mapu). Por eso se sienten agua, piedra, flor, montañas, insectos, sol, luna, todos hermanados entre sí. Aprendieron a descodificar y comprender el idioma de la Madre Tierra (Ñeku Mapu): el soplo del viento, el piar del pájaro, el susurro de las hojas, los movimientos de las aguas y principalmente los estados del sol y de la luna. De todo saben sacar lecciones. Su mayor ideal es vivir y alimentar una profunda armonía con todos los elementos, con las energías positivas y negativas, con el cielo y con la tierra. Se sienten los cuidadores de la naturaleza. La comunidad sube al monte más alto y toda la tierra que avista hasta encontrarse con el cielo le es asignada para cuidarla. Se sienten perturbados cuando otros no mapuche penetran en esas tierras para introducir cultivos, pues entienden que así se vuelve más difícil cumplir su misión de cuidar.
Desarrollaron sofisticados métodos de curación. Toda enfermedad representa una quiebra del equilibrio con las energías de la Tierra y del universo. La curación implica reconstruir el equilibrio de suerte que el enfermo se sienta nuevamente insertado en el todo. Los mapuche se enorgullecen de sus conocimientos. No aceptan que sean considerados folklore, ni visión ancestral. Insten en que es un saber tan serio e importante como nuestro saber científico-técnico, sólo que diferente. En la búsqueda de regeneración de la Tierra, los mapuche pueden inspirarnos.