sábado, 21 de enero de 2012

MOUNIER Y ALFONSO COMÍN



Por J. A. González Casanova. Profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Barcelona.

Diario El País - 20-07-2005

Cuando una tarde del invierno de 1956, a mis 20 años, vi en el escaparate de la librería Ancora y Delfín de Barcelona el libro ¿Qué es el personalismo?, de un tal Emmanuel Mounier, y, tras leerlo, telefoneé a mi amigo del alma, Alfonso Carlos Comín, para anunciarle entusiasmado que un pensador francés, fallecido a los 45 años en1950, pensaba lo mismo que nosotros, no podía prever la influencia que éste
llegaría a tener en nuestra izquierda antifranquista ni el decisivo papel que en tal influjo desempeñaría mi compañero de ideales revolucionarios. Hijos de
vencedores en la guerra incivil, educados por el nacionalcatolicismo más reaccionario y aún casi adolescentes, habíamos desenmascarado la sacrílega mentira del régimen dictatorial, inducido y apoyado por un capitalismo inhumano con la bendición cómplice de la Iglesia. Demasiado para nuestra sensibilidad juvenil y buena fe religiosa. La lectura de Mounier nos confirmó el escándalo moral sufrido -de ahí nuestro alivio y la firme convicción futura- y sobre todo nos pertrechó de argumentos éticos y cristianos; nos indicó vías y formas pacíficas para un cambio social revolucionario, y nos incitó al coraje de una acción intelectual y política arriesgada, que si acaso podía llevarnos a errores, seguro que en España también nos conduciría a la cárcel. Todo ello, no por gusto a la aventura subversiva, por ambición de poder o fanatismo
ideológico, sino por un deber de servicio a toda persona humana, considerada un ser sagrado y fraterno.
Mounier nos legó para siempre cuatro conceptos clave: el compromiso ético del intelectual, provocado por ese maestro interior que debe ser el acontecimiento histórico como signo de los tiempos; el capitalismo o el moderno "desorden establecido"; la política como la más alta forma de amor a la humanidad, y la acción colectiva que ha de conducir a una revolución tanto material como
espiritual -que ha de ser, por personalista, comunitaria, pues no hay personas verdaderas y dignas si no se dan entre ellas comunicación humana y comunidad de bienes-. Aunque el pensamiento del joven Mounier pudo coincidir en parte, a principios de los años treinta, con la democracia cristiana inspirada en su maestro Maritain o con el anarquismo humanista y no violento, la guerra de España y la resistencia antinazi francesa llevaron al Mounier maduro a
propugnar la colaboración con los comunistas frente al fascismo y a su causa última, el capitalismo explotador. Tras condenar el sistema totalitario de Stalin, Mounier afirmaba: "es mejor arriesgarse a ser confundido con el marxismo que ser ajenos a los explotados", y "hay en la realidad concreta del comunismo elementos esenciales de liberación que no tenemos derecho a ignorar o a desestimar".
Mounier tuvo una influencia decisiva, entre 1957 y 1975, en el pensamiento y la acción del catolicismo progresista español, impulsado desde Cataluña por la revista El Ciervo y el grupo que, movilizado por Alfonso Comín y sus amigos, creó el Frente de Liberación Popular, organización socialista revolucionaria, democrática y no violenta de militantes marxistas, cristianos y cristianos
marxistas. Su influjo se hizo notar en el movimiento obrero católico, en la concienciación política del clero raso y en teólogos tan reconocidos como Díez
Alegría, González Ruiz y Rovira Belloso. Su paradigma fue el propio Comín. A él se debió no sólo la encarnación más arquetípica del intelectual cristiano comprometido, sino la progresiva difusión de la obra de Mounier en nuestro país. Aquel librito que yo le pasé un día de nuestros años mozos le sirvió para extender su mensaje y el de otros libros por doquier y en cualquier ocasión, con una milagrosa velocidad de lectura y asimilación eficaz por parte de tantos y tantos protagonistas del combate antifranquista en pro de la democracia y el
socialismo. Fue como una consigna viva del ¡pásalo!. A diferencia de Mounier, Comín sí militó en un partido político, el PCE-PSUC (Partido Comunista catalán). Fiel a su fe religiosa y a su
ideal revolucionario, llegó a ser cristiano en el partido y comunista en la Iglesia.
Con el lógico y benéfico escándalo de los bienpensantes, desconfesionalizó a un
partido teóricamente ateo y rompió el monopolio que la derecha, atea práctica por lo general, mantenía sobre el catolicismo español, confundida arteramente con él siglos ha.
En aparente paradoja, la influencia de Mounier y de Comín tras 25 años de democracia española parece desaparecida. Pero sólo lo parece, ya que habita en
la conducta de muchos militantes de la izquierda y de cristianos de base cuando apoyan toda política opuesta al sistema económico imperante, al "pensamiento único", a la globalización imperialista y a una Iglesia jerárquica reaccionaria y tan poco cristiana en sus actitudes. En el mundo de hoy, Mounier y Comín están presentes en la teología de la liberación europea y latinoamericana e inspiran
movimientos anticapitalistas como el surgido en Porto Alegre (Brasil). Lo que empezó siendo influjo eclesial de Mounier (las encíclicas sociales de Juan XXIII y la constitución Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II) se ha convertido en el substrato básico de una insólita y futura revolución personalista y comunitaria mundial.
El testimonio que dio Comín padeciendo, al igual que Mounier, persecución y cárcel antes de morir casi tan joven como él, y sus valerosas y lúcidas respuestas a nuestros más graves problemas sociales y religiosos, sigue siendo un ejemplo para todo intelectual, cristiano o no, que pretenda ser digno del privilegio que representa la inteligencia y el don de la palabra. En el primer centenario de Mounier y a los 25 años de la muerte de Alfonso Comín, que se cumplirán justamente este 23 de julio, la presencia de ambos movilizadores de conciencias, unidos como están en actitudes e ideales, no es por discreta menos influyente y fecunda.

viernes, 6 de enero de 2012

CHILE PADECIÓ UNA FEROZ DICTADURA CIVIL-MILITAR



Por Pedro Armendariz

Desde su gestación y nacimiento, la dictadura instaurada a partir del 11 de septiembre de 1973, fue una dictadura civil-militar, y lo siguió siendo hasta su último día.

Para quienes la vivimos, sin necesidad de análisis político o académico, sino simple constatación de la realidad, la dictadura siempre fue un régimen criminal con dos motores: uno civil y el otro militar.

Juntos, civiles y militares, construyeron y pusieron a navegar el sistema de tiranía política y explotación económica que aún no logramos superar socialmente en Chile.

Hoy la derecha en el gobierno, la misma derecha que participó activamente en el régimen dictatorial, cambia en los libros de educación oficiales la palabra dictadura por la expresión régimen militar.

El detalle no es menor, pues junto con retirar la palabra dictadura de los textos, al hablar de régimen militar, ellos, los civiles que gobernaron y se beneficiaron de la dictadura, no aparecen en el nombre del producto.

Pero ahí estaban los civiles, desde el origen de la bestia fascista que asoló al país y lo sigue maltratando con su nefasta herencia.

martes, 27 de diciembre de 2011

El factor subjetivo en el cambio social


Por Pedro Armendariz

Generalizando, podemos decir que en sus planteamientos reformadores y revolucionarios han acentuado una de dos líneas de análisis e interpretación de la realidad al definir y plantear cursos de acción.

Una tendiente a diagnosticar el estado del sistema económico, político y social, para desarrollar acciones colectivas en aras del cambio de estructuras e instituciones existentes.

Otra línea pone énfasis en el papel que juega el factor subjetivo en las transformaciones sociales, el desempeño de cada persona, el aporte o freno que su actitud y acciones en la vida concreta juegan en el devenir social, político y económico.

Estas dos líneas de análisis y acción han caminado durante el tiempo manteniendo una actitud de indiferencia o distancia entre ellas. Tal disposición intelectual y anímica ha causado daño a las causas revolucionarias y reformistas.

Diversas razones ponen de manifiesto los límites y condicionamientos en que se han movido los movimientos revolucionarios y reformistas, frenando o poniendo obstáculos al factor subjetivo, al papel insustituible e imprescindible de cada persona en pie de igualdad con los otros, dando contenido y forma a las relaciones sociales en sus diversos y múltiples ámbitos.

El cambio social necesario requiere no perder de vista que el nacimiento de la nueva sociedad supone la transformación de mentalidades y estructuras al unísono, en una relación dialéctica.

Una nueva sociedad para existir precisa de personas capaces de crearla. La sociedad capitalista en la que vivimos, se constituye de individuos con características determinadas. Decía Marx que las clases explotadas tienden a imitar y reproducir los valores y la visión de la vida de la clase dominante, individualismo y competitividad como valores absolutos en nuestro caso.

De este condicionamiento es difícil que alguien se libre en una sociedad que en lo medular es autoritaria, violenta, jerárquica y desigual, segregacionista y discriminatoria.

Po esto los que quieren cambios sociales han de partir por cambiar o estar dispuestos al cambio ellos mismos en primer lugar.

César Vallejo nos dejó un poema titulado (Oye a tu masa, a tu cometa), que dice así:

Oye a tu masa, a tu cometa, escúchalos; no gimas de memoria, gravísimo cetáceo;
oye a la túnica en que estás dormido,
oye a tu desnudez, dueña del sueño.

Relátate agarrándote
de la cola del fuego y a los cuernos
en que acaba la crin su atroz carrera;
rómpete, pero en círculos;
fórmate, pero en columnas combas;
descríbete atmosférico, sér de humo,
a paso redoblado de esqueleto.

¿La muerte? ¡Opónle todo tu vestido!
¿La vida? ¡Opónle parte de tu muerte!
Bestia dichosa, piensa;
dios desgraciado, quítate la frente.
Luego, hablaremos.

(29 de octubre de 1937).

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Los estudiantes y el cambio de Chile



Por Pedro Armendariz

La derecha chilena no se distingue por su aprecio y apoyo a las instituciones republicanas. Piensa en sus intereses y la forma institucional y funcional del estado que requiere para satisfacerlos.

El golpe de estado del 73 es el ejemplo supremo de este desprecio del valor y la importancia de las instituciones republicanas. Arrasaron con ellas. Lo hicieron recurriendo a la ejecución de los mayores crímenes que contempla la ley penal chilena e internacional.

A lo largo de estos casi dos años de gobierno -conformado de personas que participaron activamente de la dictadura cívica militar o que son sus herederos de primera mano-, se escuchan no solo los ecos persistentes de aquellos años terribles.

La elección como presidente de la Corte Suprema de un juez que formó parte de consejos de guerra de la dictadura, es un nuevo menosprecio –y un agravio- a la república y los principios democráticos.

Las actuaciones recurrentes del ministro del interior atropellando la independencia y la autonomía de poderes y organismos del estado, también atentan gravemente contra los valores republicanos y democráticos. En su labor devastadora cuenta con el aval y el apoyo del presidente de la república y de parlamentarios afines. Todo ello para embolicar la perdiz con los índices delictuales.
Actitudes y procedimientos que contradicen la ética política y ponen en evidencia la moral de estos funcionarios del estado. Su reacción política, policial y mediática ante la movilización estudiantil es también expresión de una mentalidad florentina que no repara con honestidad y justicia en la calidad, legitimidad y legalidad de los medios y los fines.

Entre los efectos muy positivos del movimiento estudiantil el año 2011, está haber puesto sobre la mesa, hecho visible, reconocible, materia de la discusión, el hecho de que en educación -y no sólo en ella-, el Chile actual es el resultado de lo impuesto a partir del golpe de estado de 1973 y la dictadura consecuente.

Ahora se presenta el reto de avanzar en la creación de un nuevo país. Ante la evidencia de que la derecha no valora ni respeta la existencia de instituciones, grandes o chicas, democráticas y republicanas, el camino, particularmente en educación, hay que recorrerlo a través de la creación, constitución y desarrollo de instituciones democráticas y republicanas.

En este sentido los estudiantes, partiendo por los universitarios, deben incorporar con determinación y voluntad la defensa de las instituciones que temporalmente los cobijan y de las que forman parte.

A partir del respeto y cuidado de sus instalaciones, de la estética que acompaña como escenografía al actuar universitario.

(Aquella foto de un par de estudiantes en la toma de la casa central de la Universidad de Chile asomados a una ventana del viejo edificio, uno de ellos con una mascara de luchador de Cachacascán, es muy triste y ofensiva).

La fachada del histórico edificio de la Alameda durante estos largos meses de toma, ha sido un culto al feísmo, que los chilenos cultivamos con esmero (el poeta Armando Uribe considera a este culto una de las principales expresiones del Chile capitalista neoliberal impuesto a sangre y fuego).

Ante la brutalidad y vulgaridad del poder, es de mayor valor y significación responder con inteligencia y belleza, sumando voluntades, apuntando a la comprensión y apoyo al menos pasivo –y ojalá activo- de la gran mayoría de la sociedad.

Hacia el interior de las casas de estudio es fundamental el papel que jueguen los estudiantes en el mejoramiento de la calidad académica y administrativa.
En la defensa de las universidades y la educación pública en general, los estudiantes tienen una responsabilidad vital, ellos lo saben. El problema es cómo presionar al gobierno y al parlamento sin que las instituciones educacionales públicas salgan dañadas, como ha ocurrido el presente año, aspecto que ellos también tienen en cuenta.

La pérdida de tiempo en estudio y trabajo universitario en general, es un perjuicio grave para los estudiantes, los profesores, la parentela de los jóvenes y las propias instituciones en su situación administrativa y social.

Hay un factor que es fundamental: la reacción de la sociedad ante el movimiento estudiantil. En este sentido los estudiantes han de hacer un trabajo político abierto destinado a presentar ante la sociedad una sola postura, propuesta y exigencia política. A partir de ahí desarrollar un amplia y concienzuda labor pedagógica, explicando la lucha que están dando, su historia, presente y objetivos futuros, la justicia y legitimidad de la misma, y la importancia del apoyo ciudadano a ella.

Otro factor, utilizado por el gobierno y sus poderosos medios de difusión y manipulación social, es el tema de la violencia en las calles que ha acompañado a las marchas y manifestaciones. En el aprecio de la población estos hechos han jugado en contra de los estudiantes.

La fuerza social extraordinaria que contiene el movimiento estudiantil, no hace falta llevarla cada quince días a la calles con marchas que sirven de paraguas a los violentistas callejeros. Los actos multitudinarios y las tomas han de formar parte de un actuar complejo, diverso, multifacético y coordinado, que contenga un ritmo que vaya marcando los tiempos a las diferentes expresiones y acciones.

Los jóvenes, luego del impulso y los grandes pasos que han dado, han de apelar al apoyo del resto de la sociedad en su lucha por la educación pública gratuita, para que, de una vez el año 2012, en el estudio prime el talento y caigan las barreras económicas discriminatorias.

jueves, 10 de noviembre de 2011

RAFAEL CORREA CHOCA CON PUEBLOS ANCESTRALES Y ECOLOGISTAS


Por Pedro Armendariz
Cuando el economista Rafael Correa llegó a la presidencia del Ecuador el año 2007, precedido de un período de grandes convulsiones sociales y políticas en su país, muchos pensamos que los ecuatorianos estaban viviendo una nueva oportunidad para asentar y desarrollar la democracia. No ha sido así.
Los mayores afectados con la acción del gobierno, paradojalmente son los mismos que en su momento jugaron un papel para que Correa llegara al poder al ganar la segunda vuelta de la elección presidencial: los pueblos ancestrales y sus organizaciones, y los ecologistas defensores del medio ambiente. Ambos sufren la embestida del Estado y las empresas -privadas o estatales- de Ecuador o extranjeras (principalmente chinas), que han puesto la mira en los recursos naturales (petróleo, agua, minerales), muchos de ellos situados en territorios ancestrales y/o de los más ricos en biodiversidad del mundo.
Las incursiones del Estado y las empresas en territorios selváticos, pero también en la sierra o en la costa, es multifacética. Desde la presencia de policías y militares, a la represión directa, pasando por procesos judiciales y cárcel de numerosos dirigentes de base de las organizaciones sociales que se oponen a los proyectos y defienden su vida autónoma en territorios ancestrales.
En un país sin terrorismo, como es el Ecuador, hay en torno a 200 dirigentes y activistas que se oponen a los grandes proyectos acusados y procesados por acciones que la ley contempla como sabotaje o delito de carácter terrorista.
No está ausente la compra de conciencias mediante dinero. Junto con la propaganda y el amedrentamiento se enfocan a dividir las comunidades para reinar sobre ellas.
Los procedimientos legales que contempla la propia institucionalidad legal ecuatoriana no se respetan por parte del gobierno. Es el caso de la consulta previa a los afectados por proyectos que dañan el medio ambiente, en particular a los pueblos ancestrales y comunidades campesinas. El gobierno simplemente ignora este derecho de las comunidades.
El colectivo Acción ecológica, en una columna de su página en Internet, señala que en Ecuador “los casos de criminalización de la protesta social han resurgido con crudeza. El hostigamiento, la descalificación, los juicios penales, las detenciones y lo apresamientos contra los líderes sociales son distintos rostros de una misma estrategia que apunta a desmovilizar, silenciar, provocar autocensura, para que una vez logrado el control social quede allanado el camino para una inmisericorde explotación de la Pachamama, el despojo a las comunidades de sus fuentes de vida, y profundizar la acumulación de dinero”.
El gobierno está desarrollando un plan para llevar adelante la expansión de la explotación petrolera en el extremo oriente selvático del país. Se trata de la Amazonía ecuatoriana, ya muy afectada en su zona norte por las compañías petroleras. Ahora peligra en su área centro sur. Se resisten al embate los pueblos amazónicos ancestrales Kichwa, Shuar, Achuar, Sápara y Andoa.
El talante autoritario y confrontacional de Correa es funcional al empeñó del Estado por llevar adelante proyectos de inversión millonarios de grave impacto ambiental, y hacerlo sin contemplaciones a los deseos de los afectados directos.
En los pocos días que permanezco en Ecuador la segunda quincena de octubre 2011, se suceden los acontecimientos conflictivos que tienen que ver con el impulso a grandes proyectos de inversión. En todos ellos los habitantes que se verían afectados se oponen.
Al páramo de Kimsacocha, en la provincia de Azuay, viajó el 25 de octubre el presidente Correa acompañado de 450 militares y 300 policías. Su inaudita acción tuvo por objeto apoyar un proyecto de explotación de la minera canadiense Lamgold en la zona.
En la ocasión fue detenido por la policía el presidente de la Federación de Organizaciones Campesinas de Azuay, Leonardo López, acusado de tirar una piedra al automóvil presidencial.
El 18 octubre, por su parte, en las cercanías de la ciudad de Chone, 400 agentes de élite de la policía desalojaron violentamente a campesinos montubios que querían impedir el acceso a sus tierras de maquinaría de la empresa china Tiesiju, que proyecta construir una represa en el Río Grande. Un día antes, el 17 de octubre, el gobierno había decretado a Río Grande “zona reservada de seguridad”. Correa había amenazado con el desalojo el sábado anterior en su habitual y larga alocución a través de la radio y la televisión de los días sábado.
Estás acciones represivas, como las políticas y actuaciones en general del gobierno y sus personeros, son apoyadas con el gran aparato de propaganda que ha montado estos últimos cinco años el gobierno, que cuenta con poderosos y variados medios de difusión, televisión, radio y prensa. Es destacable también de la política comunicacional gubernamental el reiterado uso de cadenas nacionales.
El presidente Correa encabeza una campaña contra la existencia y el prestigio de los medios de difusión opositores, particularmente los tradicionales de derechas. Los identifica como “prensa corrupta” cada vez que se presenta la ocasión, en un país donde se compra y lee muy poco la prensa. Da la impresión de que cuando no tiene un enemigo el gobierno se lo inventa, como forma de mantener aglutinamiento favorable. Su apelación a la prensa juega tal papel.
La mantención y el incremento de legislación penal en relación con tipos de delito que afectan al ejercicio del periodismo y la emisión de opiniones, mantiene a Ecuador rezagado con las disposiciones en esta materia en los países suramericanos.
Quienes observan y siguen en detalle el estado de vigencia de los derechos humanos en Ecuador, prevén que la situación se agravará en caso de aprobación por la asamblea nacional del nuevo Código Penal que impulsa el gobierno. En él se dispone castigar con uno a tres años de cárcel actos tales como cortar un camino o carretera o resistir la realización de alguna obra.

domingo, 9 de octubre de 2011

ENEMIGOS PÚBLICOS DE LA DEMOCRACIA



Por Pedro Armendariz
 
La insensibilidad de los ricos hacia la pobreza de los oprimidos es histórica. Se establece en el momento en el cual se instalan en los grupos sociales más numerosos las ideas y prácticas que hacen la diferencia entre los que tienen poder de obligar a otros a hacer su voluntad, y los que aparentemente no tienen otro camino que someterse.
Desgracia de la raza humana, ¿irremediable? No creo. Muchos son los esfuerzos, inversiones millonarias, miles de personas trabajando, para mantener un estado de situación y una forma de entender y vivir el mundo y la vida en la sociedad nuestra. No es “natural” todo lo que pasa. Como se empeñan en convencernos a través de los medios de dominio social modernos electrónicos digitales, que fijan los marcos de emociones y pensamientos, hace evidente que estamos sujetos a un sistema de dominio social clasista y totalitario, que niega los derechos democráticos y su ejercicio real.
Hay un sentimiento compartido cada vez más consciente y amplio en el sentido de que los actuales dirigentes del mundo son unos incapaces de temer a la hora de defender la democracia en sus principios y ejercicios. En la política y en la religión, que son dos campos de pensamiento y acción en los cuales la carencia de capacidad, grandeza de espíritu e inteligencia y sensibilidad humana más daño producen y provocan.
Esto es lo que estamos viviendo. En el diario de hoy, sin ir más lejos, tenemos dos ejemplos elocuentes. En la política el del presidente de gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, quien a punto de dejar su cargo, sin paso previo por el parlamento, y sin el referendo popular imprescindible para un paso semejante, firmó un acuerdo en el marco de la OTAN que autoriza instalar en la costa de Cádiz una base del escudo antimisiles. Es una decisión política que uno no hubiera esperado de JLRZ, que inició su primera legislatura retirando al ejército de España de Irak. Haciendo memoria, su actitud política recuerda la de su par Felipe González, quien llegó a presidente prometiendo el no ingreso de España en la OTAN, y terminó apoyando y gestionando tal ingreso desde el gobierno, después de ganar tal opción, con él a la cabeza, un referéndum.
En el campo religioso-político institucional, tenemos en Chile a individuos como el cura Raúl Hasbún. Personaje curioso, como salido de un mal cuento que desde luego no escribió el autor de las mil y una noches.
El tipo más bien tiene que ver con la antigua serie de televisión Sombras Tenebrosas.
Vuelve a gozar de tribuna medial, escribe y sale en televisión en medios de extrema derecha. Como en sus viejos y para él buenos tiempos de la dictadura, sigue amenazando con las penas del infierno a los revoltosos y rebeldes, y haciendo llamados al orden, que en su caso se trata del orden militar autoritario y fascista.
Sería por el año 1995, yo vivía en la comuna de La Florida. Una mañana iba con mi hija Nerea de cuatro años saliendo en el auto desde el estacionamiento de un supermercado y veo a boca de jarro a Hasbún caminando solo rumbo a comprar algo. Mi primera reacción fue abrir la ventana y sacarle la madre. Pero no, me contuve, la presencia de mi hija, la soledad del sujeto, la cobardía de agredirlo de sorpresa con un improperio mayor, me llevaron a no insultarlo. Pero el cerebro y el corazón siguieron dando vueltas a mil, y antes de alejarme le grité a todo pulmón una palabra que no sé de dónde salió: ¡Chupaíto!

miércoles, 28 de septiembre de 2011

EL CASO LABBÉ ES COSA SERIA


Por Pedro Armendariz

Cristián Labbé, alcalde la comuna de Providencia de Santiago de Chile, coronel en retiro del ejército, agente de la Dirección Nacional de Inteligencia dirigida por Pinochet y manejada por Manuel Contreras, acusado ante los tribunales por víctimas de la tortura de ser partícipe en ellas, es un tipo coherente.
Hace alarde de aquella coherencia, presidida por una convicción de tener la certeza de que los asuntos conflictivos en la sociedad se resuelven en primer y últimos término mediante la fuerza del poder de las armas de guerra.
Por una razón que a pesar de su aparente valentía no se atreve a enfrentar, es muy probable que piense o se atormente ante la evidencia de que está donde está gracias al crimen.
No es fácil en un país como el nuestro, y Labbé no es el único. La diferencia está en que él no siente o admite la posibilidad de revisar lo actuado. En esto representa a miles y miles de chilenos y chilenas que no dan la cara. No es grato ser considerado a los ojos del común como un criminal, o partícipe por acción o complicidad con un gobierno y un régimen criminales.
Volveremos siempre al final al mismo lugar del origen: la legitimidad del sistema y de la sociedad que se ha hecho en Chile.
Labbé y muchos otros, por intereses o ideas la consideran legítima. Creen que la fuerza otorga legitimidad al que hace uso de ella y se sale con la suya, decidiendo una situación. Es la guerra. Pero los pueblos no están hechos para la guerra y condenados a vivir en una sociedad fundada en el privilegio del poder atropellando a la justicia. Las normas las dicta el poderoso con abuso, y luego considera ilegítima y ajena al estado de derecho la protesta de los abusados que se rebelan.
Hay personas que no pueden imaginar un mundo sin clases sociales en pirámide, unos arriba y otros abajo. El tema sigue siendo aunque nadie hable de ello la explotación “del hombre por el hombre”.
Por esto la manera de ver las cosas es tan importante. No basta con creerse del lado de los buenos. Hasta ahora no ha habido sociedad humana donde lo definitorio a la hora de decidir el rumbo de las cosas no se haya dado con divisiones de clases. Tampoco lo lograron y quizás no lo intentaron nunca, salvo minorías, los países comunistas con sus diferencias entre ellos.
Hay por tanto un factor subjetivo que tiene que activarse para permitir que una nueva concepción de vida social sin explotaciones de clases sea siquiera posible, no digamos llegue a ser real.